
Entrevista a Vicente Fuster Pérez, Hijo del fundador del Colegio Internacional Lope de Vega
P: Buenos días, Vicente, y gracias por atenderme. Me gustaría que me hablaras en primer lugar, de tu padre, como persona, y algo de sus orígenes.
R: Mi padre nació en 1924. Los Fuster procedían de Polop; los Zaragoza, de Benidorm: En su familia podemos encontrar personajes ilustres de Benidorm, como el Condestable Zaragoza, el alcalde Pedro Zaragoza, la religiosa Pepita Zaragoza, Joaquin Fuster Pérez… Mi padre estudió en el Colegio de Nuestra Señora de los Dolores (Monjas), inaugurado en 1922 y, después del bachillerato, hizo Ciencias Químicas en Valencia. Pero su inclinación fue siempre la de un humanista preocupado por la educación. En la década de los sesenta fue concejal de Cultura y su idea era crear una Casa de Cultura donde se ubica actualmente el Leonor Canalejas.
P: El Colegio Lope de Vega ha sido una institución clave en la historia educativa de Benidorm. ¿Cómo fueron sus inicios?

R: El colegio de enseñanzas medias Lope de Vega fue el primer centro reconocido oficialmente para impartir el Bachillerato en Benidorm, lo que marcó un antes y un después en la ciudad. Comenzamos en 1956 en la actual calle Doctor José Pérez Martorell, bajo la dirección académica de mi padre, Juan Fuster Zaragoza (al principio para impartir clases de recuperación a niños que lo necesitaban y cuyos sus padres no querían renunciar a las vacaciones estivales). En 1959, el ayuntamiento de Benidorm en la sesión ordinaria de la Comisión Permanente el día 23 de octubre de 1959, autoriza para practicar los ejercicios de gimnasia propios del Bachillerato, los alumnos del Colegio de esta localidad Lope de Vega , en vías de reconocimiento oficial, señalándole la parte sur de la playa de Levante . En ese primer emplazamiento estuvo hasta 1964. El colegio permitió que numerosos jóvenes pudieran cursar el bachillerato sin abandonar su ciudad, facilitando el acceso posterior a la universidad y contribuyendo a la formación de profesionales que participaron en el desarrollo de Benidorm. En 1962 mi padre encargó la construcción del nuevo colegio en terrenos de mi abuela en el Rincón de Loix, ya que el centro original se había quedado pequeño y, sin duda, fue mi madre la fuerza impulsora para que mi padre iniciara el proyecto del Colegio Internacional Lope de Vega. Las obras se iniciaron en el año 1963 (el primer curso académico fue en 1965-1966). Lo primero que se hizo fue el campo de fútbol para albergar al Benidorm Club de Fútbol; después se construyeron las aulas y, finalmente, la residencia para alumnos internos y estudiantes europeos. En 1968 comenzamos a impartir clases de español para extranjeros con catedráticos de la Cátedra Mediterráneo de Valencia. El momento más importante llegó en 1974, cuando fuimos sede del III Congreso Mundial de Colegios Internacionales, que situó al Lope de Vega en el mapa educativo internacional.
P: El nombre del colegio es muy emblemático. ¿Cómo surge la idea de llamarlo “Lope de Vega”?

R: Es una historia muy bonita y muy personal. Cuando mi padre tenía apenas ocho años, jugaba en el porche de su casa, en la calle Alameda, a ser maestro. Un día tomó un pincel, lo impregnó en barniz y escribió en la pared: LOPE + DE + VEGA. Estaba dando forma a un sueño: el de fundar algún día un colegio. Su afición por la filatelia le venía de su padre, que era administrador y jefe de Correos de Benidorm. Entre libros y sellos fue creciendo su admiración por Lope de Vega, y ese nombre quedó grabado primero en una pared… y después en la historia de la ciudad.
P: ¿Cómo ha influido el Colegio Lope de Vega en el deporte en Benidorm?
R: Hemos sido pioneros en infraestructuras deportivas y comprometidos siempre con el deporte. El primer equipo de balonmano surgió a principios de los 60; lo integraban alumnos del colegio y la pista deportiva estaba en la actual plaza del Torrejó. Construimos la primera piscina semi olímpica cubierta y climatizada, el primer polideportivo con pista de atletismo de Benidorm y su comarca, donde se celebraron las cuatro primeras Olimpiadas Escolares, campeonatos provinciales de atletismo y campeonatos de natación. El deporte siempre ha sido parte esencial de nuestro proyecto educativo. En la actualidad continuamos fomentándolo; cada año celebramos torneos a nivel nacional e internacional: memorial de natación Juan Fuster Zaragoza (este año vamos por la vigésima sexta edición); torneo de tenis sub-14 Tenis Europe Juan Fuster Zaragoza; torneo internacional ITF sub-18 Lope de Vega. Organizamos, junto con la federación española de tenis, el campeonato de España tenis playa por autonomías. Colaboramos con entidades deportivas de Benidorm ofreciéndoles 14 becas de enseñanza y alojamiento. Colaboramos todos los años con el Ayuntamiento aportando nuestros alumnos para que puedan organizar las jornadas deportivas de primaria. Colaboramos también con el ayuntamiento dejando nuestro pabellón al equipo de gimnasia rítmica y a equipos de baloncesto durante la celebración del Benidorm Fest. Nos implicamos como patrocinadores para fomentar el deporte, en especial en travesías y carreras solidarias.
R: ¿Cómo valoras el desarrollo educativo, cultural y deportivo en Benidorm?

R: Es evidente que el modelo de ciudad ha estado históricamente enfocado al turismo. Eso ha generado riqueza, empleo y proyección internacional, pero también ha provocado la percepción de que otras áreas han ido “a remolque”. En lo que se refiere a Educación, la figura de Juan Fuster Zaragoza y el colegio Lope de Vega tuvo un peso fundamental durante 23 años, siendo la única oferta de estudios medios. El instituto de La Vila no se inauguró hasta 1970; el Pere Maria, en Benidorm en 1980 (este instituto ha sido durante años un ejemplo recurrente en el debate público: retrasos por la mala ejecución en la obra; cuando una infraestructura educativa no se ejecuta en tiempo y forma, el impacto lo sufren directamente alumnos, familias y profesorado). Es importante recordar que cuando en Benidorm se hable de educación tiene que estar presente el Lope de Vega; si no es así, no se ajusta a la realidad. En cuanto a cultura e infraestructuras, tanto la Plaza de toros como la Casa de Cultura o la adecuación de espacios para eventos musicales han sido objeto de debate. La cuestión de usar instalaciones deportivas para conciertos refleja un dilema de planificación urbana. Los conciertos son importantes para la economía y la oferta cultural, pero si se realizan en espacios deportivos sin alternativas adecuadas, se perjudica a clubes, deportistas y ciudadanos que usan esas instalaciones. La solución no pasa por elegir entre cultura y deporte, sino por planificar espacios específicos y multifuncionales que no comprometan servicios básicos. Muchas ciudades turísticas han avanzado hacia recintos diseñados para grandes eventos precisamente para evitar estos conflictos. En el ámbito deportivo, la falta o retraso en infraestructuras como la pista de atletismo también genera malestar. El deporte base no suele tener la visibilidad inmediata del turismo, pero su impacto social es enorme: salud, cohesión social, oportunidades para jóvenes, identidad de ciudad. Si las decisiones se demoran o no se ejecutan correctamente, el daño no es abstracto: afecta a generaciones enteras.
P: Después de tantos años de trayectoria, el colegio sigue recibiendo reconocimientos. ¿Cuáles han sido los más recientes?
P: El 4 de marzo, Radio Benidorm nos ha reconocido con el premio educación. El 9 de marzo celebramos el Día de los Fundadores. El próximo 13 de abril recogeremos en Madrid en el teatro Alcázar el Premio Excelencia Educativa en la categoría de Responsabilidad Social, un reconocimiento a nuestro compromiso académico y humano. Además, hace seis meses recibimos el premio al mejor programa de salud para escolares, destacando nuestro trabajo en bienestar y hábitos saludables. Este año volvemos a estar de nuevo entre los mejores colegios según las directrices que marca “mi cole”. Y, bueno, a nivel personal, la calle que el ayuntamiento le dedicó a mi padre en tiempos de Catalán Chana (1985).
P: ¿Cuál fue la etapa más difícil del colegio en estos 70 años?
R: En siete décadas de historia, el Colegio Lope de Vega ha atravesado distintas etapas. En 1980, cuando mi padre tenía 56 años, sufrió un accidente cardio vascular que le apartó de su labor al frente del colegio, con seis hijos menores de edad. El colegio quedó en una situación de enorme vulnerabilidad. La etapa sin duda más difícil fue desde 1980 hasta 1997, pues el fallecimiento de mi padre en 1984 agravó aún más la incertidumbre. La continuidad del colegio dependía de decisiones firmes. La opción elegida fue acogerse al concierto educativo, régimen que se mantuvo hasta 1997. La decisión más valiente fue la de no renovación del concierto educativo en 1998: fue el punto de inflexión que consolidó el proyecto del Colegio Lope de Vega y permitió asegurar su futuro. Hoy puedo asegurar que estamos en nuestra versión mejor. Un apunte final: también desarrollamos actividades teatrales y musicales; un ejemplo es el musical, ya realizado, “El rey León”; y estamos preparando “Aladin”.
P: Más allá de los premios, ¿cuál es la mayor satisfacción para la familia Fuster?
R: Sin duda, haber logrado con éxito el relevo generacional hasta la tercera generación. Hoy, quienes gestionan el colegio son los nietos de los fundadores; la directora educativa es mi hija María y mi hijo Juan el director de gestión, servicios e infraestructura. No todas las empresas familiares consiguen transmitir su legado a la tercera y siguiente generaciones. Para nosotros, ver cómo la tercera generación continúa el proyecto con ilusión, preparación y responsabilidad es el mayor reconocimiento posible. Nuestro lema es “firme vocación de permanencia en el tiempo”.

P: Pues esto ha sido todo, Vicente. Gracias por recordar y desvelar aspectos del Colegio y de tu padre que quizá nuestros lectores ignoraban.
R: Gracias a ti, Manuel.






































































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