La importancia del sueño, para vivir más descansados y rendir mejor. Al anochecer, la desconexión es una obligación, apartarse unas horas de las pantallas, despedirse de los grupos y los whatsapps y sentir tu interior, calmar tu alma disfrutando de la noche, reconectar con el cuerpo y disfrutar de unos breves instantes y preparar nuestro ritual bebiendo una bebida que nos armoniza y relaja nuestro pensamiento, disfrutar del instante y dar valor al ser, al estar y a empezar a prepararse para el descanso finalizando este día con optimismo y realismo dando paso a otros días con esperanza y positivismo.
¿Qué hay tras los sueños nocturnos?, a veces se recuerdan otros no, este misterio influye en nuestra calidad de vida.Viviendo más pausadamente, más tranquilamente y siendo más conscientes del presente, fluyendo y siendo merecedores de una vida sana y saludable capaces de transmitir a otros seres vivientes la magia del presente y atender conscientemente.
Ignora el ruido, el desorden, las turbulencias del pensamiento que te impiden vivir en él ahora, llama a la Paz y acepta ese nuevo estado de ti mismo, dale un espacio, un lugar nuevo, tu ser cargado de nuevos estímulos y nuevas dimensiones, capaz de elaborar su propio destino y de acompañar y ser acompañado por personas humanas con corazones sensibles inquietados por la sabiduría infinita del universo.
Queridos lectores muy recomendable un sueño lleno de tranquilidad y paz.
La tristeza puede aparecer dentro de ti sin aparentemente tener motivos. Aunque, si somos honestos con nosotros mismos, muchas veces sabemos que detrás hay algo que no estamos viendo o que todavía nos cuesta reconocer.
La falta de conexión con otras personas, sentirse solo o sola, dejar atrás una relación, despedirse de una etapa o tener que abandonar actividades que formaban parte de nuestra vida también son procesos que nos transforman. Y no siempre resulta fácil explicarlo a los demás. A veces incluso podemos sentirnos como un “bicho raro” porque no queremos disimular lo que sentimos.
Vivimos rodeados de información, de opiniones y de personas que intentan enseñarnos cómo deberíamos vivir. Pero hay algo que nuestra propia esencia conoce: quiénes somos y qué necesitamos. Escucharnos también es una forma de cuidarnos.
A lo largo de la vida cerramos capítulos y comenzamos otros. Algunas cosas que antes nos costaban siguen siendo difíciles, pero eso no significa que sean imposibles. Insistimos porque tenemos objetivos, ilusiones y metas que dan sentido a nuestro camino. Para algunas personas, vivir significa parar, disfrutar y dejarse llevar; para otras, significa avanzar, aprender y perseguir aquello que desean. Todas esas formas de vivir merecen respeto.
Y en ese camino también descubrimos que algunas despedidas no son definitivas. Un “hasta luego” no siempre significa un adiós. Es bonito reencontrarse después de mucho tiempo con personas con las que compartimos risas, experiencias y anécdotas, y descubrir que ambos hemos cambiado. Porque todos tenemos derecho a cambiar, a mejorar y a volver a encontrarnos desde otro lugar.
Quizá ahí esté también una parte importante de lo que significa llevar una vida sana: no solamente cuidar nuestro cuerpo, sino aprender a cuidar lo que sentimos, nuestras relaciones y nuestras decisiones.
Es muy fácil intentar engañar a los demás, pero mucho más difícil engañarnos a nosotros mismos. Por eso debemos ser honestos con nuestras carencias, nuestras debilidades y aquello que todavía nos duele. Reconocerlo no nos hace más débiles. Al contrario, puede convertirse en el primer paso para transformarlo en fortaleza, aprendizaje y habilidades que algún día podamos compartir con los demás.
Cambiar no significa dejar de ser nosotros mismos. A veces significa precisamente lo contrario: atrevernos a escucharnos, aceptar quiénes somos y construir, poco a poco, una vida que se parezca más a nosotros.
El tiempo pasa y cada día parece hacerlo un poco más deprisa.
Tenemos tareas, compromisos y obligaciones que forman parte de nuestra vida, pero quizás deberíamos aprender a detenernos un poco más. Porque cuando nos detenemos es cuando podemos descubrir esos pequeños detalles que tantas veces pasan desapercibidos y que, sin embargo, son los que hacen especial nuestro camino.
El verano comienza a despedirse. Se van esas noches cálidas en las terrazas, las conversaciones que se alargan sin mirar el reloj y esos momentos en los que conseguimos desconectar de nuestras obligaciones. Pronto llegará el otoño, los días serán más cortos y la luz se despide antes.
Quizás cada estación venga a recordarnos que todo pasa y que, precisamente por eso, debemos aprender a disfrutar de cada instante mientras lo tenemos.
Antes de dormir, podríamos hacer un pequeño repaso de nuestro día. No solo de lo que hicimos o dejamos de hacer, sino de esas pequeñas cosas que llegaron sin avisar: una conversación, una sonrisa, una llamada, una palabra que nos emocionó… Porque muchas veces lo más bonito de un día es precisamente aquello que no habíamos planeado.
Regalar una flor, una poesía, un abrazo. Regalar una sonrisa, una palabra amable, un poco de nuestro tiempo. Regalar cariño sin esperar nada a cambio.Regalar un email con una bonita invitación que pone sentido a nuestro vivir.
La generosidad no necesita espectadores y la amabilidad no necesita reconocimiento. Hay regalos que no cuestan dinero y que, sin embargo, pueden quedarse para siempre en el corazón de quien los recibe.
La mañana también puede ser diferente si aprendemos a mirar. Prepararnos un desayuno con calma, respirar antes de comenzar el día, meditar unos minutos, mirarnos al espejo y regalarnos una sonrisa. Disfrutar de esos pequeños rituales cotidianos que tantas veces hacemos sin pensar.
Dejar nuestros miedos aparcados durante un rato. Desplegar las alas y desafiar el día.
Y cuando llegue la noche, dejar atrás las llamadas, los mensajes y el ruido del mundo. Quedarnos unos minutos con nosotros mismos. Respirar. Cerrar los ojos. Pensar en aquello que tenemos y no solamente en lo que nos falta.
Agradecer.
Porque la vida también está hecha de pequeños instantes de belleza: una flor, una canción, una conversación inesperada, un abrazo que llega justo cuando lo necesitamos.
El tiempo seguirá pasando. Las estaciones cambiarán y nosotros continuaremos caminando, aprendiendo y creciendo.
¿Qué podemos aprender acerca de nosotros mismos para volvernos más tolerantes? ¿Hasta qué punto debemos aprender a ignorar aquello que nos amenaza o nos afecta?
Nos gustan las personas que piensan en dejar una herencia a los que vienen detrás: una herencia llena de sabiduría, de valores, de amistad, de cuidarnos entre nosotros; de cuidar las montañas, los ríos, el mar y a otros seres vivos que conviven con nosotros.
Antes de nacer, ¿dónde estábamos? No lo sé. Pero un día abres los ojos y un árbol te sonrió, una planta sonrió y un suspiro de amor me atravesó tu corazón. Tenías a tu lado a dos seres humanos que se abrazaban y se besaban.
Se miraban y sonreían. Feliz ante aquella actitud, correspondemos y se les devolvía sonrisas y besos al aire.
Ante los primeros pasos, nos agarramos con fuerza a las plantas y a los árboles: nuestros primeros y más poderosos amigos. Nunca nos abandonaron. Con el tiempo recorremos hermosos paisajes y ellos seguían a nuestro lado.
¡Qué suerte y este acompañamiento en esta vida!
Ahora, aunque quizá llegamos un poco tarde, pero más vale tarde que nunca, nos toca a nosotros estar a vuestro lado. Y tranquilos, cuidaros y protegeros es esencial para el beneficio de futuros seres que vienen a vivir en este planeta llamado tierra.
De pronto, las cosas se van dificultando y sientes que te has quedado atrás. Todo, o casi todo, está digitalizado. Las personas hablan de aplicaciones en vez de clases presenciales. Todo necesita dígitos, contraseñas y claves.
Tu cabeza parece que va a explotar. Te pasas el día frente al móvil o al ordenador intentando descifrar las claves olvidadas y haciendo el esfuerzo de recuperar la anterior. Comunicarte con determinadas administraciones es a través de certificados que, en algunos casos, ya han caducado. Te abruman los nuevos cambios y no sabes cómo adaptarte.
Y entonces empiezan a hablar de Inteligencia Artificial, de Chat GPT… Pero todavía hay muchos problemas que resolver.
Sí, tenemos demasiada información y, sin saber asimilar, puede aparecer la desconfianza y la inseguridad. Habrá quienes estén encantados con estos avances y quienes prefieran intervenir únicamente cuando sea necesario.
¿Hacia dónde nos lleva la Inteligencia Artificial? ¿Qué nos quita y qué nos aporta?
Son interrogantes que muchos nos hacemos. El tiempo irá dejándonos ver qué hay de positivo y qué de negativo.
¿Es realmente una herramienta para todos? ¿O nos estamos acostumbrando a que nos resuelvan demasiado rápido nuestras dudas, sin cuestionarlas ni contrastarlas con otras personas o profesionales?
¿Nos seguiremos sintiendo solos los seres humanos o, con la Inteligencia Artificial, se terminarán los problemas?
O quizá ocurra lo contrario: que con la IA aparezcan nuevos problemas, porque ahora tenemos todavía más información y debemos aprender a interpretarla.
Es de agradecer que una herramienta tan poderosa pueda corregir textos , orientarnos y ayudarnos. Pero también existe un gran desconocimiento.
Y quizá aquí esté la verdadera cuestión: no se trata solamente de preguntarnos qué puede hacer la Inteligencia Artificial por nosotros, sino de preguntarnos qué queremos seguir haciendo nosotros por los demás.
Porque podemos dejar a las próximas generaciones una tecnología cada vez más avanzada, pero también debemos procurar dejarles algo mucho más importante: sabiduría, valores, naturaleza, amistad y humanidad.
«¿Qué queremos seguir haciendo nosotros por los demás?»
Esa será, al fin y al cabo, la herencia que no debería desaparecer nunca.
Te desperezas y abres los ojos lentamente. Antes de levantarte te preguntas: «¿Qué tengo que hacer hoy?».
Parece obligatoria una respuesta, como si siempre tuviéramos que estar ocupados, porque, de lo contrario, parece que no pertenecemos a este mundo de adultos. Un mundo en el que nos hacemos casi siempre las mismas preguntas y mantenemos las mismas conversaciones.
Por suerte, hay personas que desafían esa manera de vivir y se permiten hacerlo conforme se sienten cómodas y felices: sin juzgar, sin consumir en exceso, cuidando su paz y sus pensamientos. Es entonces cuando podemos descubrir a ese niño o niña interior que todos llevamos dentro y que quizá está deseando hacer las paces con nosotros, volver a jugar y sentirse conectado de nuevo con la tierra y con la vida.
Los miedos, los obstáculos y las dificultades muchas veces nos paralizan. Pero elegir la calma, la atención plena y estar presentes, aunque sea en silencio, también es una opción. Una opción que puede convertirse en una sana costumbre, porque nos aleja de las prisas y nos acerca a sentirnos vivos, despiertos y conectados con nuestra propia y respetable opinión.
Somos responsables de lo que elegimos. Así que seamos buenos con nuestra alma. No es necesario vivir continuamente haciendo cosas. También podemos mirar hacia nuestro interior, leer, escribir, escuchar los sonidos que nos rodean y contemplar la naturaleza. Todo ello puede ser armonioso y esclarecedor.
Amemos a nuestro niño o niña interior para poder seguir creciendo.
Déjale ser feliz. No le abandones.
Cuídale. Tanta presión y tanta responsabilidad terminan agotando y confundiendo . Mírale atentamente a los ojos y reconócete de nuevo. Sigue acompañándote. Continúa despertando y asómbrate ante la vida, que sigue siendo una incógnita para todos.
¿Enfadarse? ¿Para qué? Evitemos, cuando podamos, los conflictos innecesarios. A veces es difícil, pero ahorrarás disgustos que no merecen la pena. Y deja que, de vez en cuando, ese niño o niña se salga con la suya.
Alimenta la curiosidad, el deseo de aprender, la virtud de mejorar y las ganas de desarrollar tu potencial.
Ama la vida y déjate sorprender. Ve a los lugares donde quieres estar y presta atención a ese niño o niña que sigue caminando contigo. Sé tolerante y consiéntelo. ¡Hazlo! Te lo está pidiendo a gritos.
Eres su confidente y su guardián. Pierde un poco el tiempo y juega. Besa y ama sin arrepentimientos. Disfruta de la vida y de las pequeñas cosas que están a tu alcance. La espontaneidad también nos aporta beneficios.
Deja de juzgarte. Deja de ser, por un momento, ese adulto áspero, rígido y exigente que a veces has aprendido a ser.
Tienes derecho a ser, a jugar, a equivocarte y a hacer las paces contigo mismo.
Regálale amaneceres y atardeceres llenos de asombro.
Y, sobre todo, no olvides que ese niño o niña interior no necesita que le exijas más.
Llega un día en el que abrimos los ojos y observamos a nuestro alrededor. De pronto, descubrimos que ya no nos integran en determinados grupos, que han dejado de contar con nosotros y nos sentimos abandonados, rechazados. Entonces aparecen las preguntas: ¿Qué habré hecho yo? ¿Por qué ya no me incluyen en sus planes?
Comenzamos a sentirnos responsables. Revisamos nuestras actitudes, nuestras decisiones, nuestros gustos, aquello que nos atrae y aquello que hemos elegido dejar atrás. Aquellos grupos en los que antes sentíamos que éramos importantes, donde nuestra presencia parecía imprescindible, ya no cuentan con nosotros.
Y duele.
Pero, poco a poco, ante ese dolor, comenzamos a reconstruir nuestra vida. Volvemos a nuestra esencia, a nuestra verdad, a nuestro propio reconocimiento y a nuestra valía, comprendiendo que no necesitamos la aprobación de los demás para saber quiénes somos.
Algunas personas contarán con muchos recursos y otras apenas tendrán apoyos. Pero todas podemos hacernos una pregunta: ¿Qué significa realmente ser estigmatizado? ¿Y qué valoramos como sociedad cuando decidimos mirar a alguien de una determinada manera?
Vivimos en un mundo en el que preguntarnos por el sentido de la vida puede parecer extraño. A veces sentimos que debemos seguir determinados patrones, cumplir ciertas expectativas y encajar en modelos que otros consideran adecuados. Cuando pensamos diferente, cuando nuestras elecciones no coinciden con las de los demás o cuando simplemente dejamos de responder a aquello que se espera de nosotros, podemos sentirnos apartados, juzgados o excluidos.
Y con los años, quizá esa sensación se hace más presente. La edad, los cambios, las circunstancias de la vida o simplemente el hecho de no cumplir determinados requisitos que nuestra sociedad parece idolatrar, pueden hacernos sentir invisibles.
Pero quizá ha llegado el momento de mirar las cosas desde otra perspectiva.
No podemos vivir pendientes de lo que los demás piensen o sientan acerca de nosotros. Nuestra misión es agarrar con fuerza y con amor nuestro corazón, nuestra mente y nuestra alma, y adentrarnos en ese lugar auténtico que todos llevamos dentro: nuestro mundo interior.
Un lugar con olor a hogar.
Un espacio donde siempre somos bienvenidos. Donde existe la honestidad y la sinceridad. Donde podemos ser nosotros mismos y donde se respeta a cada persona por lo que es, no por lo que tiene, por su edad, por sus decisiones o por aquello que los demás esperan de ella.
Allí descansan nuestras tristezas y nuestras alegrías. Allí aprendemos a escucharnos y podemos volver a encontrarnos.
Y entonces aparecen también las pequeñas maravillas de cada día…
Una persona disfrutando de la orilla del mar. Unos niños y niñas jugando con sus colchonetas y riendo a carcajadas. Las olas rompiendo suavemente sobre la arena. La brisa acariciando nuestro rostro. Un cielo azul y despejado.
Son instantes sencillos, pero tienen un valor enorme.
Nunca deberíamos olvidar que vivir intensamente el presente también significa aprender a disfrutar de esas pequeñas cosas que nos recuerdan que estamos vivos. Estemos acompañados o estemos solos, siempre podemos detenernos, mirar a nuestro alrededor y descubrir alguna belleza que nos devuelva la esperanza.
A veces necesitamos aparcar durante un tiempo aquello que nos preocupa e invertir en nosotros mismos. Estar con nosotros. Cuidarnos. Escuchar nuestro latido.
Porque detenernos también es necesario.
Permitirse estar a solas con uno mismo, conocerse y contemplarse con absoluta sinceridad es un acto de valentía. Una persona no debería huir eternamente de sí misma, porque tarde o temprano todos nos encontramos cara a cara con nuestros miedos, nuestras incertidumbres y nuestras preguntas.
Y quizá sea precisamente entonces cuando comienza algo nuevo.
Lentamente llegarán respuestas, nuevas perspectivas y aprendizajes que nos ayudarán a seguir adelante. No se trata de tener una vida perfecta, sino de aprender a vivirla con mayor comprensión, con más amor hacia nosotros mismos y, también, hacia los demás.
Porque quizá, al final, la verdadera victoria frente al estigma no sea conseguir que todos nos acepten.
Quizá sea aprender a aceptarnos nosotros.
Y recordar que la bondad, la comprensión y el respeto siempre estarán por encima de cualquier etiqueta.
Se añora esa dulce mirada donde los instantes y los minutos se hacen mágicos.
Momentos placenteros y llenos de entusiasmo. Se recuerda lo poco que se discutía; nadie quería ser más que nadie. Fuimos una auténtica piña. Fueron momentos vividos intensamente. Éramos criaturas inteligentes y las horas pasaban sin apenas darnos cuenta; nuestro amigo o nuestra amiga lo eran todo para nosotros.
Verte sonreír produce una inmensa felicidad, y el tiempo compartido con una amistad como tú es realmente bello.
Las preocupaciones se minimizan y se intensifican el placer, la complicidad y el cariño.
Ser consciente de lo que significan la armonía, la serenidad y la bondad es volver a la infancia y formar parte de momentos reales y valiosos, jugando con los únicos y sencillos recursos que apreciamos. Y, aun así, ofrecías la más bella sonrisa y una dulce mirada en la que reposa, para mí, el verdadero elixir de la amistad.
La amistad no se compra ni se vende; se siente. Camina junto a ti y se detiene; te habla, te ofrece recursos, te despista, te entretiene, te engancha, te inquieta y te busca. Es una hermosa adicción que deja un inmenso estado de tranquilidad, paz y sosiego.
Amistad como tú, única y especial, luchadora, innata y guerrera. Tu bondad es, para mí, motivo de admiración. Y, aun en la distancia, abrazo tu alma para que tu corazón siga latiendo y esa bonita energía la inviertas en esos sencillos instantes que sabemos que te hacen feliz.
Quererte es conocerte; conocerte es el mayor privilegio y el mejor aprendizaje sobre la vida.
Amistad, estamos contigo. Tú eres un ser valioso e inigualable que nos regala una majestuosa y humilde lección sobre el verdadero significado de la vida. A ti, y a todos los que tenéis el coraje y la fuerza de ser vosotros mismos y de hacernos mejores personas a los demás, muchas gracias Amistad.🤍🫶
Vivimos tan deprisa que, muchas veces, reaccionamos antes de pensar. Un impulso, una palabra, un gesto o una emoción pueden hacernos responder de una manera que, apenas unos minutos después, lamentamos.
Por eso, ante un impulso, quizá el mejor regalo que podemos hacernos sea detenernos. Desviar la mirada hacia algo cercano: un paisaje vestido de árboles, una melodía que nos acaricie el alma, el sonido del mar o cualquier imagen que nos devuelva la calma. Solo entonces podremos preguntarnos si aquello que estábamos a punto de decir o hacer habría construido un puente… o habría levantado un muro.
Escucharnos a nosotros mismos es un aprendizaje lento. Requiere paciencia, humildad y voluntad. Pero ese pequeño ejercicio puede ahorrarnos muchos disgustos, malentendidos y enfados que, con frecuencia, nacen de una reacción precipitada.
Es curioso cómo, precisamente con las personas que más queremos, solemos bajar la guardia. La confianza nos hace pensar que todo está permitido y, sin darnos cuenta, pronunciamos palabras o tenemos actitudes que terminan dejando heridas invisibles. Después llegan el remordimiento, la incomodidad y ese diálogo silencioso que mantenemos con nosotros mismos, preguntándonos por qué no supimos callar a tiempo.
Dominar nuestros impulsos no significa reprimir lo que sentimos. Significa dar espacio a la reflexión antes de que la rabia o el enfado tomen el timón de nuestra vida. Porque una palabra dicha desde la serenidad siempre tendrá más fuerza que un grito nacido de la ira.
Y cuando el día comienza a despedirse, llega el momento de acariciar el alma. De permitir que los pensamientos entren y salgan sin aferrarnos a ellos. De agradecer la fortuna de haber visto a las personas que queremos, de haber sido un poco más amables con nosotros mismos y con quienes nos rodean, y de habernos regalado un instante tan sencillo como compartir una conversación con una buena amistad frente al mar, mientras la vida continúa su camino.
Al final, son esos pequeños momentos los que permanecen en la memoria. No las prisas, ni las discusiones, ni las preocupaciones que tantas veces ocupan un lugar inmerecido en nuestro corazón.
Señoras y señores, la vida está hecha de instantes sencillos. Y, paradójicamente, son ellos los que no tienen precio. Aprendamos a detenernos, a escucharnos y a valorar aquello que, por cotidiano, a veces dejamos de ver.
«Y ahora, si les parece, regalense unos minutos de silencio. Escuchen el latido de su corazón. Tal vez descubran que las mejores respuestas siempre estuvieron ahí, esperando a que les concedieran un poco de tiempo.»
Quizá ahí reside el verdadero secreto de la felicidad!
¿Qué nos ocurre cuando, de pronto, surgen discrepancias con amistades, familiares, compañeros de trabajo o simplemente con personas que han formado parte de nuestra vida?
Salir de nuestro lugar habitual para descubrir nuevos paisajes, reencontrarnos con amigos y familia y dejar atrás las rutinas es una forma de cuidar nuestra salud. El descanso, la desconexión y la apertura a nuevas experiencias nos permiten reconectar con lo esencial
Cada viaje es una invitación al asombro. Recorrer calles, paseos y pueblos que nuestros pies nunca habían pisado amplía nuestra mirada. Lo vivido nos transforma: aprendemos, ganamos sabiduría y despertamos cada día con un nuevo capítulo por escribir.
Desde que llegué me enamoré de Vitoria: una ciudad amplia, acogedora y de preciosa arquitectura. Pero, sobre todo, me han conquistado sus personas. Compartir estos días con Manuel y Rosa está siendo un regalo. Siempre tienen una sonrisa, disfrutan de la vida y transmiten una energía que contagia.
Qué importante es elegir a quienes nos inspiran, nos hacen vibrar y sacan lo mejor de nosotros. Personas que, aunque tengan motivos para quejarse, eligen agradecer; que no presumen, sino que acogen; que comparten con naturalidad y hacen que te sientas en casa.
De personas así también se aprende. Ojalá sepamos incorporar un poco de su actitud, su autenticidad y su forma de estar en el mundo. Porque el verdadero bienestar no siempre está en los lugares que visitamos, sino en las personas con las que compartimos el camino.
Esperar en la consulta de un médico despierta una de las sensaciones más inquietantes. Mientras aguardamos a que pronuncien nuestro nombre, la mente se llena de preguntas sobre nuestra salud, nuestra vida y las personas que queremos. Sin embargo, muchas de las respuestas ya viven en nuestro interior.
En esos momentos conviene respirar y añadir una dosis de optimismo, solidaridad, respeto, amabilidad y paciencia. Los cambios no llegan de un día para otro, y aprender a relajarnos, estemos solos o acompañados, también forma parte del cuidado de nuestra salud.
Con demasiada frecuencia sentimos que debemos justificar quiénes somos o pedir perdón por no seguir el camino que otros consideran correcto. Pero cada persona tiene su propio ritmo. Escuchar nuestra voz interior y reconciliarnos con ella es un acto de valentía que nos acerca a la paz.
Me gusta escribir sobre la vida, la naturaleza, las dificultades, la superación y las pequeñas lecciones que aprendemos cada día. También creo que no necesitamos la aprobación constante de los demás. Un reconocimiento sincero, una sonrisa o una palabra amable pueden cambiar el día de alguien. Juzgar es fácil; comprender requiere humanidad.
Hace unos días salí a encontrarme con una amiga noruega en l’Albir. Nos conocimos hace dos años mientras nadábamos a las siete de la mañana. Yo pensaba que era la única «loca» que disfrutaba del mar a esa hora, hasta que apareció Annette. Desde entonces celebramos nuestra amistad cada vez que nos vemos. Hablamos de nuestros avances, compartimos buenas energías y recordamos que conocer nuestro entorno también significa descubrir a las personas que, sin esperarlo, enriquecen nuestro camino.
Al final, cuidar la salud no consiste solo en atender el cuerpo. También implica cultivar la serenidad, agradecer lo que tenemos y abrir el corazón a quienes hacen nuestro viaje un poco más bonito.
Es la 13:30 y el mar nos invita a descubrir sus calles, sus habitantes y sus secretos. Nos sorprende su frescura, su inmensidad y esa sensación de espacio infinito donde explorar, abrirnos al asombro y saludar a esas bellas criaturas que, a pocos metros bajo el agua, parecen acompañarnos en silencio.
El otro día, una amiga a la que quiero muchísimo volvió a llamarme la atención sobre algo importante y me dijo: “Escucha tu corazón”.
El corazón necesita desafíos, novedades y movimiento; no puede quedarse detenido. Nacemos para aprender, para descubrir, para indagar y crecer. A veces los miedos y los riesgos nos frenan, pero no debemos permitir que eso ocurra. Hay que vibrar, vibrar con la vida y escuchar atentamente aquello que nuestro ser realmente persigue.
Persigue tu nuevo rumbo, ese camino que te permitirá conocerte mejor a ti misma y también comprender mejor a los demás.
Dedicarse tiempo para escuchar es una forma de sanarse. Es dejar de atormentarnos por obligaciones que muchas veces nos imponemos y que terminan de arrebatarnos la paz y el descanso.
Sigue tu instinto y enamórate de tus sueños, de tus ideales y de todo aquello que te hace sentir viva. Siente la libertad, esa compañera inseparable de la esperanza y de la sabiduría.
Vuelve a reír, a cantar y a soñar. Sé tú misma y conviértete en tu mejor amiga, porque nadie mejor que tú puede ayudarte a comenzar una nueva vida llena de ilusión, con nuevos propósitos, nuevas metas y experiencias que te harán más humana, más feliz y más compasiva con los demás seres.
No dudes. Sigue hacia adelante, persevera y mantente constante y valiente con el paso del tiempo. Que nada ni nadie detenga la fuerza y el empeño de esta nueva etapa, de tu nueva vida, de tu nuevo hogar.
Sigue descubriendo quién eres, sin aferrarte a un destino que te condene a una monotonía aburrida, decepcionante o dolorosa.
Atrévete. Valoras mucho más de lo que imaginas. Indaga en tu interior, porque solo tú tienes la llave de tu destino. Solo tú puedes abrir esa puerta y decorarla con tus propios colores: tú eliges los detalles, los cuadros y las frases que llenarán tu nueva historia.
Tu vida te pertenece. Constrúyela con amor, valentía y libertad.
De pronto un reencuentro, y una mini conversación que inicia un proceso creativo, así empiezan algunos nuevos capítulos de nuestras vidas que nos permiten dejar atrás otros.
Una propuesta interesante sugerida por el director de dicho medio de comunicación, “El Calvari” y le agradezco tal iniciativa de escribir en la sección planteada “Vida sana para ser feliz”.
Motivada por dicho titular ya que considero necesario puesto que se vive en un entorno donde la sensibilidad, la soledad, la inseguridad, la indecisión ,y diferentes temas se cuestionan. El funcionamiento de un sistema es algo preocupante.
¿Qué hacer?,¿Te rindes?,¿Dejarse llevar por la corriente?o se asumen riesgos y se abre la puerta a un universo mágico, lleno de espacios increíbles por descubrir y donde no existen las palabras para definir tal belleza de lo desconocido, en terrenos que todavía el ser humano desconoce, pero CUIDADO, ahí se coopera, se respeta, se contribuye, se solidariza, se ayuda y mientras seguimos encasillados en nuestros pensamientos, prisioneros de nuestros miedos y limitaciones, por eso al oír Confía, surge una reacción positiva en el mundo, confía en ti y en tu instinto, confía, bonita palabra con fuerza y valor.
Cada día nos exponemos a un nuevo baile, a una nueva melodía ,!¡Sigue con la sintonía!,
la vida es un regalo y se aprende de todos cada día.
Se escuchan los pensamientos y la cobardía se adueña de mi, los cambios asustan.
Consuela escuchar a otros y qué cómodo es seguir en la zona de confort.
Esa zona qué te impide lograr tus sueños, lanzarse a aventuras desafiantes escuchando tu niño interior que busca ser libre.
¿Para qué conocer a más gente?¿Para qué conocer otras culturas?¿Para qué arriesgarse?y así nos persiguen las dudas y las indecisiones.
Por otra parte, ¡permitirse! ¡permitirse! Viajar , escucha tu instinto!
Permitirse escribir y disfrutar de ello.
Permitirse gozar el día a día y los breves momentos que hacen que nuestros días sean más brillantes compartiendo la luz con otros seres especiales.
Permitirse pensar y no sentir culpabilidad. Permitirse estar en silencio y en soledad.
Permitirse bucear en la profundidad del ser y solo aceptar buenas amistades, pocos!!!.
Permitirse aprender de buenas personas.
Permitirse parar ,permitirse no encajar en ningún lugar.Permitirse navegar en el pasado y equivocarse en el presente. Permitirse que el miedo venga a buscarnos y saludarle dejándolo ir.
Permitirse vivir en espacios repletos de silencio que nos inunda una paz absoluta en otra ciudad o en otro país, ir a por ello, encuentralo !!
¿De dónde vienen nuestros pensamientos?, acepta lo que te viene y déjalo ir, no lo retengas si no te gusta, pero no luches, forma parte de ti. Mientras la personalidad se va formando y atraviesa diferentes etapas donde se nos presentan distintos escenarios y se escoge unos en lugar de otros. A veces estamos cómodos o felices con el papel otorgado, otras veces no nos sentimos identificados y buscamos en un océano infinito el propósito o a que hemos venido al mundo
Amistad, tu estado me convence cuando de lejos te veo sonreír, cuando atiendes a los más mayores y a los pequeños, te acercas al extranjero y asistes con amabilidad, vas con calma y esperas tu turno, rompes el hielo y cuentas un chiste, arropas, acoges sin dañar a los demás.
Nuestro comportamiento convence cuando se actúa con buena intención,cuando en nuestro día a día cuidamos de nosotros,también de los demás y reaccionamos bien ante las distintas circunstancias y diferentes acontecimientos, sin tratar de ofender a los demás. Se admira a otros por lo que son y hacen ser a otros, enseñan y cooperan, se admira a otros por sus deseos extraordinarios hacia los demás.
Cada día surgen momentos fascinantes si estamos atentos, cada día es una oportunidad y es un día que no se podrá repetir, pon de tu parte y exprimelo, mira siempre lo bello y lo bueno y todo lo que está por llegar, vive este instante y haz, vete a dar un paseo, escribe un artículo, ponte a limpiar, lee, colorea, escucha música, medita…
Detenernos y pararnos para observar la belleza de un amanecer o atardecer, escuchar el sonido de las olas que golpean la orilla y nos alegran la mañana recordándonos que estamos aquí para vivir para amar, para sonreír y dejar el sufrimiento. Cada ser humano merece una oportunidad, cada ser humano es una pieza clave en el mundo, cada uno de nosotros es necesario para que el puzzle cuadre, cada uno pone de su parte y se van creando escenas maravillosas repletas de luz y alegría. Mantén la atención, indaga en tu ser, descubre tu mundo interior, sanar es vivir a tu manera con riesgos y desafíos, tú eres protagonista de tu propia vida,vive, ama y juega.
Ser una persona sana responde a muchas facetas, en principio responde a una buena intención entre encontrar un equilibrio y coherencia entre lo que se hace y lo que se piensa
Bienvenida la Primavera, donde se dice que la sangre altera, por otra parte, tras un día lluvioso los pájaros nos deleitan con cantos alegres, mostrándonos su armonía con la naturaleza, sus melodías nos tranquilizan y nos deleitan, calmando nuestro oído. Un oído muchas veces cansado, obligados a soportar ruidos molestos que nos enfurecen y nos debilitan.
Desde luego es evidente que para permanecer felices, tendremos que cuidar nuestro cuerpo que es nuestro templo, ¿Y cómo lo cuidamos ?, cuidando la alimentación, evitando excesos, trabajando la fuerza de voluntad y aprender a decir !No!, puede parecer difícil al principio pero conforme van pasando los días, te sientes más ligero, más activo, más flexible, el cuerpo se anima a continuar con sus nuevos hábitos alimentarios saludables y combinándolo con ejercicio, como andar, footing, tenis, nadar, yoga, bicicleta…actividades y deportes que te tranquilicen y te ayuden a canalizar la energía para sentir una mente tranquila y en paz.
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