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8 enemigos de la vida

Hace años empecé a imaginar una generación de personas que dejara de buscar respuestas afuera.

Hoy ya no tengo que imaginarla.

La estoy viendo.

La veo en personas que dejaron de esperar el momento perfecto.

Que dejaron de pedir permiso.

Que dejaron de creer que les faltaba algo para empezar.

Y entendieron una verdad que puede cambiar una vida.

Nunca te faltó talento.

Nunca te faltó potencial.

Nunca te faltaron recursos.

Lo único que pasó es que un día empezaste a creer más en tus miedos que en vos.

Y cuando eso sucede, el miedo se disfraza de prudencia.

La duda se disfraza de lógica.

La procrastinación se disfraza de «todavía no es el momento».

Hasta que un día recordás.

Recordás que el recurso nunca estuvo afuera.

Siempre estuvo dentro tuyo.

Ese día no conseguís una vida nueva.

Recuperás la que era posible desde el principio.

Eso es la recursividad.

No agregar.

Recordar.

No convertirte en alguien diferente.

Volver a encontrarte con la persona que eras antes de empezar a dudar de vos.

Hoy siento una emoción difícil de explicar.

No porque un proyecto esté creciendo.

Sino porque cada vez somos más los que elegimos vivir desde la versión de nosotros que ya sabe quién es.

Y cuando eso ocurre…

ya no hay vuelta atrás.

Porque una persona que despierta sus recursos deja de esperar que el mundo cambie.

Se convierte en la persona que cambia su mundo.

Y cuando miles de personas hacen lo mismo…

ya no nace un programa.

Nace un movimiento.

El Despertar Recursivo recién empieza.

«Si sentís que llegó tu momento de recordar quién sos, este movimiento también es para vos.»

Jorge Inda

No busques tu propósito

NO BUSQUES TU PROPÓSITO

Convertite en la persona capaz de vivirlo.

La imagen habla de propósito.

Yo creo que el verdadero problema es otro.

Porque después de años acompañando procesos de reinvención descubrí algo:

La mayoría de las personas no tiene un problema de propósito.

Tiene un problema de identidad.

Quieren resultados nuevos.

Con hábitos viejos.

Quieren una vida diferente.

Pensando igual.

Quieren más libertad.

Sin abandonar aquello que los encierra.

Y eso no funciona.

Porque la vida que querés no responde a lo que deseás.

Responde a quien sos.

Por eso alguien puede leer cien libros sobre propósito y seguir perdido.

Y otra persona puede encontrarlo en medio de la incertidumbre.

La diferencia no es la información.

La diferencia es la transformación.

Cuando renuncié a mi carrera corporativa no encontré mi propósito.

Todavía no sabía exactamente hacia dónde iba.

Lo que encontré fue algo mucho más valioso.

La decisión de dejar de ser quien había sido hasta ese momento.

Y ahí entendí algo que cambiaría mi vida para siempre:

No creás una nueva vida.

Primero creás una nueva identidad.

Y después esa identidad crea una nueva vida.

Eso es recursivo.

Porque el resultado que buscás afuera es consecuencia de algo que primero ocurre adentro.

La libertad aparece adentro.

La confianza aparece adentro.

La abundancia aparece adentro.

La reinvención aparece adentro.

Y recién después se manifiesta afuera.

Por eso no te preguntes cuál es tu propósito.

Preguntate algo más incómodo.

¿Quién tendrías que ser para vivir la vida que decís que querés?

Porque quizás tu propósito no está perdido.

Quizás está esperando que te conviertas en la persona capaz de sostenerlo.

Jorge Inda

Los 7 nuncas de tu vida

Hace unos años tenía todo lo que se suponía que tenía que tener.

Un buen cargo.

Un buen sueldo.

Un auto que muchos soñaban.

Viajes.

Reconocimiento.

Y una sensación de vacío que no me animaba a contar.

Porque cuando la vida te sonríe por fuera, nadie imagina lo que puede estar pasando por dentro.

Hasta que un día entendí algo.

La mayoría de las personas no abandona sus sueños.

Se abandonan a sí mismas.

Dejan de leer.

Dejan de entrenar.

Dejan de aprender.

Dejan de crecer.

Dejan de preguntarse quién quieren ser.

Y un día descubren que llevan años viviendo en piloto automático.

Por eso, de los 7 «nunca» de esta imagen, hay uno que para mí vale más que todos:

Nunca dejes de reinventarte.

Porque el mundo cambia.

La tecnología cambia.

Los mercados cambian.

Tus hijos cambian.

Vos cambiás.

Y cuando dejás de reinventarte, empezás a repetirte.

Yo no renuncié a una multinacional porque fuera valiente.

Renuncié porque me cansé de convertirme en una versión de mí que ya no respetaba.

Y esa decisión cambió todo.

Mi trabajo.

Mis relaciones.

Mi salud.

Mi propósito.

Mi vida.

Hoy, después de acompañar a miles de personas, llegué a una conclusión:

La distancia entre la vida que tenés y la vida que querés no se mide en kilómetros.

Se mide en decisiones.

Y hay una que vale más que todas.

La decisión de volver a elegirte.

Porque al final de la vida no te vas a arrepentir de los riesgos que tomaste.

Te vas a arrepentir de todas las veces que sabías que era momento de cambiar…

Y no lo hiciste.

Reinvéntate o repítete.Activar para ver una imagen más grande.

Reflexiones de Jorge Inda

Hace unos años me di cuenta de algo que me dio vergüenza admitir. Había conseguido muchas de las cosas que soñaba. Y aun así no era feliz. Tenía trabajo. Tenía ingresos. Tenía reconocimiento. Y cada vez que alguien me decía: «Qué bien te va.» Sentía algo extraño. Porque por dentro sabía una verdad que nadie veía. No quería esa vida. Lo más doloroso no era sentirme vacío. Lo más doloroso era que estaba empezando a acostumbrarme. Y cuando te acostumbrás a una vida que no amás, empieza el verdadero peligro. Porque dejás de cuestionarte. Dejás de soñar. Dejás de escucharte. Hasta que un día terminás viviendo una vida que tiene sentido para todos… menos para vos. Años después entendí algo. Las personas no compran productos. Compran permiso. Permiso para cambiar. Permiso para volver a empezar. Permiso para dejar de actuar un personaje que ya no quieren interpretar. Por eso cuando alguien lee un libro, asiste a una conferencia o inicia un proceso de transformación, no está comprando contenido. Está comprando coraje. El coraje de reconocer que ya no quiere seguir viviendo igual. Y tal vez por eso esta publicación llegó hasta vos. Porque hay una pregunta que no me deja en paz desde hace años. Y hoy te la regalo. Si nadie te juzgara… Si nadie opinara… Si nadie se enojara… ¿Seguirías viviendo exactamente la vida que estás viviendo hoy?