¿A qué nos seduce el verano?
Es la 13:30 y el mar nos invita a descubrir sus calles, sus habitantes y sus secretos. Nos sorprende su frescura, su inmensidad y esa sensación de espacio infinito donde explorar, abrirnos al asombro y saludar a esas bellas criaturas que, a pocos metros bajo el agua, parecen acompañarnos en silencio.
Poco a poco dejamos atrás lo ocurrido durante la mañana para entregarnos al ritmo pausado del mediodía. La brisa veraniega recorre nuestra piel y nos acaricia mientras todavía resbalan algunas gotas de agua después de una merecida ducha. Es un instante sencillo, pero lleno de bienestar: parar, respirar y disfrutar del presente.
El verano también es el baile de las hojas de las palmeras, las sombras que acogen a quienes buscan refugio del sol y esos momentos tranquilos en los que alguien resuelve un crucigrama mientras la mente viaja. Es recordar el sabor dulce de la sandía, las frescas cerezas y esas pequeñas escenas que nos regala la vida cuando aprendemos a mirar.
Y entonces sucede algo especial: recordar que sigues ahí. Que dentro de cada adulto permanece ese niño alegre y sano que recorría la orilla, jugaba con la arena y se emocionaba con cada ola. Ese niño que buceaba entre risas, saludando a los peces y descubriendo el mundo con curiosidad.
Vuelve. Vuelve a ser niño por un momento. Vuelve a oler el verano y el jazmín, a sentir la sal del mar en la piel, a caminar descalzo sobre la arena mojada. Permítete disfrutar, recuperar la calma y conectar con esa parte de ti que nunca dejó de existir.
Porque cuidar nuestra salud también es cuidar nuestras emociones, regalar tiempo a lo que nos hace bien y recordar que la felicidad muchas veces vive en los pequeños instantes.
¿A qué estás esperando?
Moraleja: No dejemos para mañana los momentos que hoy pueden llenarnos de vida.
Deborah Newton Torrubia