El tiempo pasa, la vida permanece

El tiempo pasa y cada día parece hacerlo un poco más deprisa. 

Tenemos tareas, compromisos y obligaciones que forman parte de nuestra vida, pero quizás deberíamos aprender a detenernos un poco más. Porque cuando nos detenemos es cuando podemos descubrir esos pequeños detalles que tantas veces pasan desapercibidos y que, sin embargo, son los que hacen especial nuestro camino.

El verano comienza a despedirse. Se van esas noches cálidas en las terrazas, las conversaciones que se alargan sin mirar el reloj y esos momentos en los que conseguimos desconectar de nuestras obligaciones. Pronto llegará el otoño, los días serán más cortos y la luz se despide  antes.

Quizás cada estación venga a recordarnos que todo pasa y que, precisamente por eso, debemos aprender a disfrutar de cada instante mientras lo tenemos.

Antes de dormir, podríamos hacer un pequeño repaso de nuestro día. No solo de lo que hicimos o dejamos de hacer, sino de esas pequeñas cosas que llegaron sin avisar: una conversación, una sonrisa, una llamada, una palabra que nos emocionó… Porque muchas veces lo más bonito de un día es precisamente aquello que no habíamos planeado.

Regalar una flor, una poesía, un abrazo. Regalar una sonrisa, una palabra amable, un poco de nuestro tiempo. Regalar cariño sin esperar nada a cambio.Regalar un email con una bonita invitación que pone sentido a nuestro vivir.

La generosidad no necesita espectadores y la amabilidad no necesita reconocimiento. Hay regalos que no cuestan dinero y que, sin embargo, pueden quedarse para siempre en el corazón de quien los recibe.

La mañana también puede ser diferente si aprendemos a mirar. Prepararnos un desayuno con calma, respirar antes de comenzar el día, meditar unos minutos, mirarnos al espejo y regalarnos una sonrisa. Disfrutar de esos pequeños rituales cotidianos que tantas veces hacemos sin pensar.

Dejar nuestros miedos aparcados durante un rato. Desplegar las alas y desafiar el día.

Y cuando llegue la noche, dejar atrás las llamadas, los mensajes y el ruido del mundo. Quedarnos unos minutos con nosotros mismos. Respirar. Cerrar los ojos. Pensar en aquello que tenemos y no solamente en lo que nos falta.

Agradecer.

Porque la vida también está hecha de pequeños instantes de belleza: una flor, una canción, una conversación inesperada, un abrazo que llega justo cuando lo necesitamos.

El tiempo seguirá pasando. Las estaciones cambiarán y nosotros continuaremos caminando, aprendiendo y creciendo.

Muchas gracias y Feliz lectura

Deborah Newton Torrubia

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