Hablarnos en soledad

Hablarnos en soledad 

Te desperezas y abres los ojos lentamente. Antes de levantarte te preguntas: «¿Qué tengo que hacer hoy?».

Parece obligatoria una respuesta, como si siempre tuviéramos que estar ocupados, porque, de lo contrario, parece que no pertenecemos a este mundo de adultos. Un mundo en el que nos hacemos casi siempre las mismas preguntas y mantenemos las mismas conversaciones.

Por suerte, hay personas que desafían esa manera de vivir y se permiten hacerlo conforme se sienten cómodas y felices: sin juzgar, sin consumir en exceso, cuidando su paz y sus pensamientos. Es entonces cuando podemos descubrir a ese niño o niña interior que todos llevamos dentro y que quizá está deseando hacer las paces con nosotros, volver a jugar y sentirse conectado de nuevo con la tierra y con la vida.

Los miedos, los obstáculos y las dificultades muchas veces nos paralizan. Pero elegir la calma, la atención plena y estar presentes, aunque sea en silencio, también es una opción. Una opción que puede convertirse en una sana costumbre, porque nos aleja de las prisas y nos acerca a sentirnos vivos, despiertos y conectados con nuestra propia y respetable opinión.

Somos responsables de lo que elegimos. Así que seamos buenos con nuestra alma. No es necesario vivir continuamente haciendo cosas. También podemos mirar hacia nuestro interior, leer, escribir, escuchar los sonidos que nos rodean y contemplar la naturaleza. Todo ello puede ser armonioso y esclarecedor.

Amemos a nuestro niño o niña interior para poder seguir creciendo.

Déjale ser feliz. No le abandones.

Cuídale. Tanta presión y tanta responsabilidad terminan agotando y confundiendo  . Mírale atentamente a los ojos y reconócete de nuevo. Sigue acompañándote. Continúa despertando y asómbrate ante la vida, que sigue siendo una incógnita para todos.

¿Enfadarse? ¿Para qué? Evitemos, cuando podamos, los conflictos innecesarios. A veces es difícil, pero ahorrarás disgustos que no merecen la pena. Y deja que, de vez en cuando, ese niño o niña se salga con la suya.

Alimenta la curiosidad, el deseo de aprender, la virtud de mejorar y las ganas de desarrollar tu potencial.

Ama la vida y déjate sorprender. Ve a los lugares donde quieres estar y presta atención a ese niño o niña que sigue caminando contigo. Sé tolerante y consiéntelo. ¡Hazlo! Te lo está pidiendo a gritos.

Eres su confidente y su guardián. Pierde un poco el tiempo y juega. Besa y ama sin arrepentimientos. Disfruta de la vida y de las pequeñas cosas que están a tu alcance. La espontaneidad también nos aporta beneficios.

Deja de juzgarte. Deja de ser, por un momento, ese adulto áspero, rígido y exigente que a veces has aprendido a ser.

Tienes derecho a ser, a jugar, a equivocarte y a hacer las paces contigo mismo.

Regálale amaneceres y atardeceres llenos de asombro.

Y, sobre todo, no olvides que ese niño o niña interior no necesita que le exijas más.

Solo necesita que vuelvas a escucharle.

Muchas gracias y feliz lectura .

Deborah Newton Torrubia

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