La añoranza de la amistad

Se añora esa dulce mirada donde los instantes y los minutos se hacen mágicos.

Momentos placenteros y llenos de entusiasmo. Se recuerda lo poco que se discutía; nadie quería ser más que nadie. Fuimos una auténtica piña. Fueron momentos vividos intensamente. Éramos criaturas inteligentes y las horas pasaban sin apenas darnos cuenta; nuestro amigo o nuestra amiga lo eran todo para nosotros.

Verte sonreír produce una inmensa felicidad, y el tiempo compartido con una amistad como tú es realmente bello.

Las preocupaciones se minimizan y se intensifican el placer, la complicidad y el cariño.

Ser consciente de lo que significan la armonía, la serenidad y la bondad es volver a la infancia y formar parte de momentos reales y valiosos, jugando con los únicos y sencillos recursos que apreciamos. Y, aun así, ofrecías la más bella sonrisa y una dulce mirada en la que reposa, para mí, el verdadero elixir de la amistad.

La amistad no se compra ni se vende; se siente. Camina junto a ti y se detiene; te habla, te ofrece recursos, te despista, te entretiene, te engancha, te inquieta y te busca. Es una hermosa adicción que deja un inmenso estado de tranquilidad, paz y sosiego.

Amistad como tú, única y especial, luchadora, innata y guerrera. Tu bondad es, para mí, motivo de admiración. Y, aun en la distancia, abrazo tu alma para que tu corazón siga latiendo y esa bonita energía la inviertas en esos sencillos instantes que sabemos que te hacen feliz.

Quererte es conocerte; conocerte es el mayor privilegio y el mejor aprendizaje sobre la vida.

Amistad, estamos contigo. Tú eres un ser valioso e inigualable que nos regala una majestuosa y humilde lección sobre el verdadero significado de la vida. A ti, y a todos los que tenéis el coraje y la fuerza de ser vosotros mismos y de hacernos mejores personas a los demás, muchas gracias Amistad.🤍🫶

Gracias y Feliz lectura

Deborah Newton Torrubia

Deja un comentario