
EL DERECHO A DESCANSAR
¿Qué podemos aprender acerca de nosotros mismos para volvernos más tolerantes? ¿Hasta qué punto debemos aprender a ignorar aquello que nos amenaza o nos afecta?
Hay situaciones que no se pueden ignorar. La contaminación acústica es una de ellas.
El ruido constante, desagradable y estridente penetra en nuestra intimidad, invade nuestro hogar y altera nuestro descanso. Poco a poco puede convertirse en un verdadero tormento. Y entonces surge una pregunta: ¿debemos acostumbrarnos a sufrir o debemos defender nuestro derecho a vivir en paz?
¿Cuántas personas estarán padeciendo este mismo problema? ¿Cuántas denuncian, se quejan y piden ayuda sin obtener respuesta? A veces parece que a quienes no sufren el ruido les importa poco lo que ocurre al otro lado de una pared, de una calle o de una ventana.
¿Cuánta fuerza puede reunir una persona para enfrentarse de manera eficaz a un problema que parece superar sus posibilidades?
Las empresas que generan elevados niveles de ruido y cuentan con recursos suficientes deberían hacer todo lo posible por insonorizar adecuadamente sus espacios y evitar que su actividad perjudique el descanso de sus vecinos. Sería, sin duda, una decisión más responsable, más saludable y más humana.
¿Por qué no se hace siempre?
Vivimos en el siglo XXI y podríamos pensar que, a estas alturas, la salud y el bienestar de las personas estarían mucho más protegidos. Sin embargo, cientos de ciudadanos continúan denunciando situaciones de ruido insoportable. Se quejan, llaman, reclaman soluciones… y, aun así, muchas veces sienten que nadie les escucha.
Resulta triste pensar que, en ocasiones, el interés económico pueda situarse por encima del bienestar de las personas.
Es hora de descansar.
El sol se ha despedido detrás de la montaña, dejando un cielo azul rosáceo precioso. Los pájaros ya han dejado de cantar y el silencio invade la tarde. Poco a poco se va oscureciendo.
El día se ha ido.
Y nos deja momentos. Momentos que no volverán.
Pensamientos que van y vienen. Imágenes y escenarios que nos han asombrado. Personas que pasan por delante de nosotros y que quizás no volvamos a ver jamás. Cada una con su historia, sus circunstancias, su destino y su cultura.
Tiendas y comercios nuevos que se enfrentan a la incertidumbre de saber si funcionarán o no, si el riesgo habrá merecido la pena. Animales tumbados tranquilamente en las terrazas, descansando mientras observan a los seres humanos correr de un lado para otro, trabajando, preocupándose, soñando.
Termina el día y han ocurrido cientos de cosas.
Pero las más bonitas permanecen.
Ese café compartido con los compañeros.
Los mensajes de buenos días de esos amigos matutinos.
Ese mensaje inesperado compartiendo un artículo.
La llamada especial de la tarde de un ser querido que se preocupa por tu bienestar.
Ese pequeño huerto que comenzaste a plantar hace apenas un mes y que hoy ha crecido treinta centímetros. Te ilusiona verlo cada día. Agradeces la luz del sol que recibe y el agua que lo alimenta.
Te recreas observándolo. Le hablas, lo mimas y estás presente en su evolución.
Aprender es emocionante.
De pronto recuerdas la carta de un fiel amigo peregrino y aquella frase que se quedó grabada en tu memoria:
Quizás ela vida sea como el Camino de Santiago.
Momentos dulces y momentos duros. Momentos suaves y momentos maravillosos. Algunos días más aburridos; otros, más activos y entretenidos.
Pero, al fin y al cabo, es el camino.
Es la vida.
Y entonces te preguntas:
¿Qué sensación te ha dejado tu día?
¿Intriga?¿Aprendizaje?¿Algo novedoso?¿Lo has disfrutado?¿Lo has vivido plenamente?¿Has compartido?¿Has descubierto algo nuevo?¿Te has querido un poco más?¿Te has dado esa palmadita que nadie te da?¿Te has reído contigo mismo y con los demás?Entonces, enhorabuena.
Cada día eres un poco más humano.Tu corazón vibra más.
Y quizás hasta alguien te diga que estás más guapa, más guapo o, simplemente, más feliz.Tal vez hayas solucionado un problema. Quizás haya sido costoso, difícil o agotador.
Pero si has recuperado la tranquilidad, habrá merecido la pena.
Porque descansar no debería ser un lujo.
El silencio no debería ser un privilegio.
Y cuidar de nuestra salud, de nuestro descanso y de nuestra paz debería ser una responsabilidad compartida.
Porque al final, todos estamos recorriendo el mismo camino.
El camino de la vida.
Muchas gracias y Feliz lectura.
Deborah Newton Torrubia