Las respuestas que llevamos dentro

Esperar en la consulta de un médico despierta una de las sensaciones más inquietantes. Mientras aguardamos a que pronuncien nuestro nombre, la mente se llena de preguntas sobre nuestra salud, nuestra vida y las personas que queremos. Sin embargo, muchas de las respuestas ya viven en nuestro interior.

En esos momentos conviene respirar y añadir una dosis de optimismo, solidaridad, respeto, amabilidad y paciencia. Los cambios no llegan de un día para otro, y aprender a relajarnos, estemos solos o acompañados, también forma parte del cuidado de nuestra salud.

Con demasiada frecuencia sentimos que debemos justificar quiénes somos o pedir perdón por no seguir el camino que otros consideran correcto. Pero cada persona tiene su propio ritmo. Escuchar nuestra voz interior y reconciliarnos con ella es un acto de valentía que nos acerca a la paz.

Me gusta escribir sobre la vida, la naturaleza, las dificultades, la superación y las pequeñas lecciones que aprendemos cada día. También creo que no necesitamos la aprobación constante de los demás. Un reconocimiento sincero, una sonrisa o una palabra amable pueden cambiar el día de alguien. Juzgar es fácil; comprender requiere humanidad.

Hace unos días salí a encontrarme con una amiga noruega en l’Albir. Nos conocimos hace dos años mientras nadábamos a las siete de la mañana. Yo pensaba que era la única «loca» que disfrutaba del mar a esa hora, hasta que apareció Annette. Desde entonces celebramos nuestra amistad cada vez que nos vemos. Hablamos de nuestros avances, compartimos buenas energías y recordamos que conocer nuestro entorno también significa descubrir a las personas que, sin esperarlo, enriquecen nuestro camino.

Al final, cuidar la salud no consiste solo en atender el cuerpo. También implica cultivar la serenidad, agradecer lo que tenemos y abrir el corazón a quienes hacen nuestro viaje un poco más bonito.

Feliz lectura, muchas gracias.

Deborah Newton Torrubia