Entrevista a Francisco Navarro Valero: Presidente de los Jubilados de Foietes

Esta semana el amigo Manolo Palazón entrevista a Francisco Navarro Valero, Presidente de la Asociación de Jubilados de Foietes

P: Buenos días, Paco. Encantado de hablar contigo. ¿Cuánto tiempo llevas como Presidente de la Asociación de Jubilados de Foietes?

R: Poco más de un año, desde junio de 2023. Somos en total cinco personas en la Junta Directiva y contamos con un asesor. Y en el año en curso hemos estrenado un nuevo logotipo, ideado por Miguel Ribes.

P: ¿Me puedes hablar de tu procedencia geográfica, de tu infancia, de tus estudios?

R: Nací en un pueblo de Murcia llamado Barinas en el año 1954 del pasado siglo. Después de una infancia feliz y de gratos recuerdos, cuando contaba once años nos trasladamos a Benidorm, donde mi padre encontró trabajo como encargado en una finca de naranjos junto al hospital de La Vila. En Benidorm estudié la primaria y el bachiller. Después empecé a trabajar. Bueno, en cuanto a estudios, en 1984 hice un curso de Informática, que he perfeccionado y mantenido durante toda mi vida.

P: ¿Cuáles han sido tus principales trabajos y en qué lugares?

R: Siempre he trabajado en Benidorm, y siempre en la hostelería. Con 16 años empecé a trabajar como botones en el Hotel Delfín, uno de los más antiguos de Benidorm; durante dos temporadas. En 1970 me trasladé al hotel Catalonia, como conserje y segundo recepcionista. Hubo una época en que tuve dos trabajos simultáneos: uno por la mañana, en la agencia Viajes Barceló, y otro, por la noche, en el Hotel Fenicia. Menos mal que aquello duró poco porque fue una etapa agotadora. En 1975 me fui a cumplir el servicio militar, primero en Rabasa y luego en Cartagena. Al volver de la mili trabajé durante dos años en el antiguo hotel Hawai, y cinco años más en el Marconi, ya como jefe de recepción. Más tarde pasé a Los Pelícanos, en el departamento de ventas y reservas; en 2001 me nombraron director comercial en el Melià-Benidorm y al año siguiente obtuve el puesto de director en el Marconi hasta mi jubilación, acaecida en 2017.

P: Ya veo. Toda una vida dedicada a la hostelería; y ascendiendo desde la categoría de botones hasta la de director de hotel. Y dime: ¿has tenido dificultad para integrarte con la gente en tus trabajos, con los autóctonos de Benidorm, con el valenciano?

R: Sí, toda una vida laboral que me ha dado muchas satisfacciones porque me gustaba mi trabajo y me ha servido para conocer a infinidad de gente. He estado siempre bien relacionado con mis compañeros de trabajo y con los autóctonos de Benidorm. Nunca he tenido problemas con el valenciano; es una lengua que no he practicado mucho, pero podría hablarla sin ninguna dificultad.

P: ¿Tus hijos han seguido tu camino en lo laboral? ¿Y tus hermanos?

R: En absoluto. En Benidorm conocí a la que iba a ser mi mujer, una cordobesa de Montoro. Tengo tres hijos y se ocupan en tareas muy diferentes a la hostelería: uno es biólogo, otra orientadora y el tercero trabaja en una tienda. En cuanto a mis hermanos, uno de ellos también fue recepcionista en hoteles y trabajó en el extranjero (Londres y Dusserldorf); el otro trabajó como oficial ascensorista.

P: ¿Cuáles son las actividades de la Asociación de jubilados que presides?

R: Como sabes, estamos en el Centro Social Llorca Linares y atendemos a los socios los lunes, miércoles y viernes, de 11 a 1. En este centro celebramos la mayor parte de las actividades: informática, sevillanas, pilates, inglés básico, taller de memoria, conferencias… Llevamos a cabo numerosas excursiones, viajes y comidas, senderismo. Y hemos conseguido para nuestros socios algunas ventajas económicas en supermercados, parques de ocio, clínicas dentales, etc.

P: Y los socios, ¿responden bien a tanta oferta?

P: Tenemos más de tres mil socios. Donde más se apuntan es a los viajes y a las comidas. A las demás actividades, el número es variable: para el senderismo nos hemos juntado hasta 150; a clases de inglés van unos 30; a pilates, 40… A las conferencias, 40, 50… Hay socios que participan poco por enfermedad, reposo, vacaciones familiares… Pero, en general estamos contentos con nuestra gestión y con la respuesta de los socios.

P: ¿La Asociación tiene solvencia económica? ¿Recibís ayudas del ayuntamiento?

R: No tenemos ayuda externa de nadie. Pero gozamos de cierta solvencia económica. Contamos con los 15 euros de cuota de cada socio y con ciertos márgenes cuando hacemos un viaje, amén de los descuentos de las agencias.

P: ¿Cuáles son tus principales aficiones?

R: Básicamente, la fotografía; desde siempre. Conservo miles de negativos desde que empecé con esa afición, en blanco y negro y en color; ahora, con las fotos digitales es mucho más fácil. He hecho fotos de casi todo lo que te puedas imaginar, y no como negocio, sino por amor al arte y para regalar: nunca he vendido una sola fotografía. Me gusta ir por el campo a buscar espárragos. También soy muy aficionado al senderismo, no ya con la Asociación, sino a nivel particular, sobre todo al Camino de Santiago. Y de vez en cuando cocino una paella gigante para algún colectivo como la Cofradía Virgen de la Almudena…

P: ¿Has tenido algún reconocimiento público o privado por tu vida laboral?

R: No. Únicamente, el día de mi jubilación, hace casi siete años.

P: ¿Tienes nostalgia de tu pueblo natal? ¿Vas con frecuencia por allí? Me han dicho que has ayudado siempre mucho a tus paisanos.

R: Claro que me acuerdo de mi tierra. No voy mucho por Barinas, pero colaboro con las fiestas del pueblo mediante exposiciones fotográficas, por ejemplo. Y sí, siempre que ha venido gente de mi pueblo a trabajar a Benidorm les he procurado contactos para labrarse una buena situación laboral. Pero eso creo que lo haría cualquiera, ¿no?

P: ¿Qué crees que le falta a Benidorm, o que le sobra, para que sea la ciudad ideal?

R: Benidorm tiene el problema del aparcamiento. Tampoco estaría mal que hubiera más limpieza en las calles. Y, por supuesto, tiene una asignatura pendiente: terminar y habilitar por completo, de una vez por todas, el Centro Cultural de la Avenida de Europa.

P: Dime, Paco, ¿qué tal andas de salud?

R: No me puedo quejar. Algún achaque que otro, propios de la edad, pero de momento estoy bien.

P: Pues a seguir así. Y gracias por tus declaraciones.

R: Gracias a ti, Palazón.