
Beatriz Farach y Pepa Orozco nos hablan de Dolores Santiago Delgado «Santadell»: Bailarina y Profesora de Baile en Benidorm en los años 60-80
P: ¿Me podéis decir algo sobre su familia y su procedencia?

R: Dolores Santadell procedía de Madrid, donde ejercía como bailarina de ballet, actuando en grandes compañías durante muchos años. Estaba casada con Afrodisio; no tenían hijos.
P: ¿Cuándo se estableció en Benidorm, por qué Benidorm, y cuánto tiempo estuvo ejerciendo como profesora en nuestra ciudad?

R: A Benidorm vino, quizá atraída por el boom que experimentó nuestra ciudad, aproximadamente en 1963-64, y también porque a su edad prefería la enseñanza antes que continuar de bailarina; tenía a la sazón 42 años. Vivió en la calle Almendros en una finca entre bancales, donde no pagaba alquiler a cambio de cuidar de la casa (donde ahora se encuentran los apartamentos Etxezuri). Más tarde compró un piso. Estuvo ejerciendo como profesora durante veinte años. Su escuela de ballet, sita en la calle El olivo, era algo novedoso; pronto tuvo multitud de alumnas (y algún chico) de todas las clases sociales, pero fundamentalmente de las más adineradas, pues había que pagar una cuota al mes. De su escuela salieron todas las profesoras que han ejercido en Benidorm, como Beatriz Vaello, Mª José Sánchez, María José Moya… Se integró perfectamente en la sociedad benidormense, fue muy conocida por todo el mundo; sus antiguas alumnas, que ya tenemos cerca de setenta años, nos acordamos de ella con mucho cariño.
P: ¿Tuvo algún reconocimiento o distinción por su labor en Benidorm por parte del Ayuntamiento u otras instituciones?
R: No. Quizá porque era de ideología franquista, se le negó cualquier reconocimiento oficial (privado, sí) y eso que era amiga del entonces alcalde Pedro Zaragoza, quien le ofreció la posibilidad de llevar a sus alumnas a hoteles y salas de fiesta (en el Granada, por ejemplo, en el Sevilla, en el Castillo, en el cine de verano de La Cala), sobre todo cuando nos visitaba algún embajador o político. También acudíamos a la casa de Otto de Hansburgo, cuyas hijas también aprendían ballet con Dolores Santadell. Precisamente Pedro Zaragoza propició que un grupito, con Dolores a la cabeza participaran en un programa de televisión que respondía al título de “Esta es su vida”, bailando la “Jota de Benidorm”, para la cual diseñó una falda de pescadora, echando mano de libros y de su propia inventiva. Homenajes tampoco recibió, ni siquiera una mención hace escasamente un año en un homenaje que se le hizo a María José Sánchez.
P: ¿Cómo fueron sus últimos años?
R: Finalmente, terminó sus días en la residencia de Callosa, en situación precaria porque, como muchos artistas, no fue previsora en cuanto a economía se refiere. Murió a principios de los años noventa (su marido, que le llevaba las cuentas de sus ingresos, había muerto antes). Ya delgada y consumida, nos pedía cuando íbamos a verla que la sacáramos de allí. Tenía un sobrino y una sobrina, Mari Carmen, que la cuidaron durante toda su vida; precisamente, Mari Carmen fue la que, para que tuviera cuidados y asistencia especializada, la llevó a la residencia de Callosa. Antes de todo esto, nos había propuesto a alguna de nosotros continuar con la Escuela, y, ante nuestra negativa, la tuvo que clausurar. Dolores Santadell llenó un espacio muy importante en el mundo de la música y del ballet durante aquellos veinte años (de 1963 a 1983).
P: ¿Podéis decirme algo sobre su personalidad, carácter, aficiones, etc.?

R: Era muy guapa, de una gran personalidad, de mucho carácter, siempre estricta en sus clases; nos daba consejos de cómo dormir (sin almohada), de cómo vestir, de cómo andar, etc. Tenía una hermana, funcionaria en Madrid, que, cuando venía a Benidorm, en vacaciones, ayudaba a Dolores a educarnos en la disciplina. Con Dolores aprendimos música clásica en esos años en que tanto nosotras como nuestros padres éramos prácticamente analfabetos musicales. Nos enseñó muchas cosas durante esos veinte años y nos preparaba para los exámenes del Conservatorio, primero en el de Valencia, después en el de Alicante. Y no solo se limitaba a enseñarnos ballet: nos enseñaba todo tipo de bailes. Y quería mucho a sus alumnas, tanto como nosotras a ella. Era muy religiosa, no festera (en los años sesenta no existían las peñas todavía). Todavía conservamos el carnet de la Escuela y multitud de fotos de las alumnas.
P: Gracias por vuestras aportaciones, que servirán para que nuestros lectores recuerden (o se enteren los más jóvenes) algunos aspectos de esta gran profesional del baile.
R: Gracias a ti por ayudarnos a reivindicar a esta gran profesora de baile que marcó de alguna manera, para bien, nuestra adolescencia.