
Un día te dicen que ya no.
Que la empresa tomó otro rumbo.
Que “no es personal”.
Y vos te quedás mirando el suelo,
con la cabeza llena de preguntas
y el corazón lleno de ruido.
Otra versión del mismo momento:
un día sos vos quien dice que ya no.
Que no querés seguir apagándote para encajar.
Que tu alma vale más que un sueldo.
En ambos casos, hay un segundo exacto donde el mundo se detiene.
Y ahí, justo ahí, es donde empieza la verdad.
Cada vez que alguien me dice:
“Jorge, me echaron.”
o “Decidí renunciar.”
mi respuesta es siempre la misma:
Te felicito.
Porque aunque duela,
ese instante es el nacimiento de algo mucho más grande:
la posibilidad de elegirte.
Elegirte por fin.
Elegir tu paz por encima del miedo.
Elegir tu tiempo por encima del reloj.
Elegir tu propósito por encima del puesto.
No lo sabías,
pero ese despido fue una graduación.
Te acaba de devolver la libertad que habías olvidado que tenías.
Y ahora sí,
empieza el trabajo más importante de tu vida:
reconstruirte.Activar para ver una imagen más grande.
Jorge Inda
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