El libro del mes de la Biblioteca Pública de Benidorm es “Belleza”, texto en verso escrito entre los años 1917-1923 por el poeta de Moguer, Juan Ramón Jiménez. Este ejemplar está editado primorosamente por Juan Ramon Jiménez y Zenobia Camprubí de Jiménez, editores ambos de su propia y sola obra. Madrid, 1923.
En el texto que acompaña este libro de versos nos indican que este ejemplar pertenece a la Donación de Christine Charpentier de 2018, y está dedicado por el autor
Ha dado la casualidad de que esta señora francesa residente desde hace muchos años en Altea, me refiero a Cristina Boissiè Charpentier, ha fallecido esta semana. Yo la conocí en el año 2017 por casualidad.
Ella era anticuaria, ya jubilada, y estaba buscando un lugar apropiado donde dejar a buen recaudo el resultado de su vida como anticuaria que consistía su colección de más de 3.000 piezas variopintas de pintura, muebles, relojes, instrumentos musicales, su biblioteca, y sus queridos objetos de arte y decoración que abarrotaban su piso de Altea hasta el punto de que casi no se podía pasar por él.
Ella estaba preocupada por su destino final y no sabía a quien recurrir. Había hablado con el ayuntamiento de Altea y con otras instituciones locales y no había obtenido respuesta. Por ello sus amigos que la atendían pensaron en mí y en la finca “El Señoret”/”Senyoret” por si me podía interesar. Yo le dije que no, que me faltaba espacio para una colección tan amplia y tiempo para ordenarla y catalogarla, pero me conmovió la actitud generosa de esa señora francesa que vivía sola, tan menuda, tan blanca, tan frágil, aparentemente tan maltratada por la vida, de cabello blanco y elegante dicción, que se movía con dificultad tras su taca-taca y que no podía subir o bajar sola sus escaleras. Recordaba algunas de sus muñecas que te miraban fijamente desde la distancia del tiempo.
Ella vivía humildemente de los derechos de autor de una de las tres óperas que compuso su abuelo, el compositor Gustave Charpentier, “Louise”, que se estrenó con gran éxito en el teatro de la Opéra-Comique de París en el año mil novecientos. No cabía duda, necesitaba apoyo, necesitaba un lugar, un refugio para su colección, y se me ocurrió comentárselo a Antonio Couto de Granja, archivero-bibliotecario del ayuntamiento de Benidorm.
Couto inmediatamente se interesó por ello y juntos fuimos a visitarla en el tercer piso sin ascensor donde vivía. Cristina tenía cara de niña envejecida, pero sus pupilas azules eran de niña pura. Era muy presumida. De las paredes de su casa colgaban multitud de retratos suyos que en su juventud le pintó su esposo, el pintor sevillano Francisco Díaz Díaz, que la tenía como musa para sus oleos y acuarelas. Yo intenté vanamente hacerle alguna foto, pero siembre se negaba amablemente y nunca aceptó posar para un retrato, pese a que la luz de su piso frente al mar azul de Altea y sus ventanas llenas de flores eran muy adecuadas para ello.
Finalmente, Couto consiguió para el ayuntamiento este importante legado que está desde hace años perfectamente catalogado y guardado en las dependencias municipales y que se ha expuesto al público en diversas exposiciones. Sea esta nota un recuerdo sincero para Christine Boissiè Charpentier y su vida humilde y sencilla como el libro que donó de Juan Ramón Jiménez, editado con sobriedad y elegancia, y de gran perfección estética y tipográfica, que es el libro del mes en la Biblioteca Pública de Benidorm. Una casualidad y un homenaje a Cristina. Ella era siempre muy discreta y no quería llamar la atención.