MELVA, la Princesa que ya reina en el cielo

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Leopoldo Bernabeu.- Ha llegado el momento, crees que te preparas para él. Incluso destilas valentía al contarles a los demás que estás prevenido para el desenlace definitivo. Sólo la intuición de los animales, otra lección de vida, es la que diseña el momento de la mejor manera. Ni el más ilustre arquitecto podría trazar el recorrido final con tanta elegancia.

MELVA, mi mejor amiga y fiel compañera, ya está en el cielo, ese lugar ideal que existe en nuestra mente para que ellos esperen allí, sin sufrir y vigilando nuestros pasos, a que nos volvamos a encontrar. Ella no podría estar en ningún otro lugar.

Nunca tuve nada en contra de los animales, antaño no fui tampoco un ferviente admirador. Tuve ocasión de compartir mi vida con Heidi durante tres años, una preciosa bulldog que me hizo llorar cuando se fue, igual que lo había hecho un inteligente siamés, Sony, años antes. Pero las circunstancias de la vida me habían separado de ellos muchos años antes de estos desenlaces, y como en todo, la distancia y el tiempo crean desapego.

Sé que MELVA va a estar junto a mí el resto de mi vida, igual que lo estará mi madre, a la que aprovecho para pedirle que le allane el camino en sus primeros pasos. Han sido 12 años, los hubiera cumplido el próximo día 20, pero han sido intensos, día a día. Depende con que ojos los mires, se han evaporado como una brisa de mar o durado una eternidad infinita. Hecho la vista atrás y certifico que ha tenido una vida feliz, completa, el mejor termómetro para asegurarnos a todos un tránsito en paz. Ella lo sabe y nosotros también.

Me la llevé de Caraby en enero de 2009 siendo una cachorrita, asustada, demasiado pequeñita para estar un día más sola. Fue el último. Los siguientes 11 años, diez meses y 3 semanas, ha sido la perra más feliz del mundo, y así nos lo ha hecho sentir a nosotros. Sus primeros años fueron como los de cualquier bóxer, incansables, agotadores, parecían no tener fin sus baterías. Y así hasta que pasó los seis años, donde por fin, parecía que empezaba a sentar la cabeza. Era un espejismo, simplemente reservaba sus energías para las visitas, consciente de que a nosotros ya no nos engañaba tan fácilmente. Sin duda, la mejor amiga para los niños. Mis hijos, nuestros sobrinos y cualquier niño que la haya conocido estaban encantados al visitarla. Incluso hay un grupo de watsap al que llamamos “Casa de Mel”.

Hoy he recordado dos momentos en los que me lo hizo pasar muy mal. Cuando se tiró a un río, sin pensarlo, sin darse cuenta de que la corriente se la llevaba, y también cuando, muerta de sed, se lanzó a un embalse del que no había escapatoria. De ambos salimos vivos, y digo salimos, porque en ambos me tiré a por ella. Del segundo tuvieron que venir a rescatarnos e incluso perdí las gafas. Pero MELVA valía eso y mucho más.

No me importa ahora confesar el aterrador miedo que pasé. Nada que ver con el profundo dolor, punzadas en el corazón con martillo y cincel, como los que hoy siento.Superó un cáncer hace dos años del que casi se muere en la mesa de operación. Recuerdo a mi amigo Óscar decirme que estuvo a un minuto de llamarme porque no respondía tras otros 25 intentando reanimarla. Ha viajado por toda España con nosotros, ha disfrutado incluso de AutoCaravana Vivir, y conocía Hornos de Peal a la perfección.

El barrio de Campanar en Valencia era su segunda casa. Otro maldito cáncer, envidioso del primero y con mucha más mala uva, le invadió el cuerpo hace meses. Nunca pudo con su espíritu, su alegría y sus ganas de vivir. Ella se rio de él, lo burlaba gracias a su avanzada edad. Le advirtió que tendría que esperar para llevársela. Sería ella y no él, quien elegiría el momento. ¡Qué clase, por dios!

Y así nos fuimos hace 16 días a dar la vuelta a España y Portugal, quedándose ella con su querida María Jesús, su otro ángel de la guarda. Ya estaba muy malita, sentenciada desde que el pasado 27 de agosto, otra gran profesional y mejor persona, Óscar de la Huerga, me enseñó la radiografía en la que ya no habían pulmones. ¡Mes y medio o poco más, dijo… y acertó!. No seré yo quien prive a MELVA de descansar en paz sabiendo que a los cuatro vientos voy a contar su última gran hazaña, balance de una vida a rebufo de una especie a la que siempre respetó por pura elegancia.Llegamos de viaje ayer 11 de Octubre.

Lo adelantamos un día, ¿por qué?, no lo sé aún, pero lo hicimos. La perra había estado bien, a la vista saltaba. Fue vernos, recibirnos, abrazarnos, besarnos, y desconectar… ¡para siempre! Ni su medicina quiso tomarse anoche. Sólo podía respirar si permanecía de pie, y estaba derrotada, era inhumano permitir algo así. La noche se avecinaba atroz, MELVA la convirtió en ejemplar e inolvidable. A las dos de la mañana empleó todas las fuerzas que le quedaban para subir, peldaño a peldaño, los 14 que le separaban de nuestra cama, quería despedirse de Vero, su mamá y de mí. Nos despertó, se tumbó junto a nosotros media hora, y me pidió con sus ojos que la bajara, ya había empleado toda su energía. Sabía, ella sí lo sabía, que era su última noche y quiso hacerlo así. Ya habíamos vuelto y no tenía sentido alargar el sufrimiento. Se marchó en paz el día de España. Grande y única, mi chica, nuestra Princesa. MELVA.