Los hijos e hijas del Mar

Cuando los familiares de los almadraberos hablan de lo que ha sido su vida al lado de ellos lo hacen ante todo con mucho, mucho respeto y sobretodo con mucho cariño porque son personas que desde la cuna se acostumbran a las grandes ausencias que esta profesión requiere pero también a los maravillosos momentos que, en ocasiones tras más de seis meses embarcado, suponía ver llegar el barco  del padre que entre bultos extiende su enormes brazos para colmar a  besos y a alegría a su familia, como si con ello pudiera colmarles de amor que la mar e ha privado. Y entre los brazos bultos y bolsas en el petate con muchos regalos para toda la familia, muchos de ellos inéditos en nuestro país. Así nos lo cuentan esta semana Igna Llorca Pérez, de Benidorm e hija de capitán de almadraba; Pepa Lloret, de La Vila Joisa, hija de pescador de altura, parte cuya familia emigró a  la Almabraba de Gijón, donde tiene parte de la familia, uno de ellos su primo: José Aurelio Llores, cura de la Parroquia de la Sagrada Familia de la ciudad asturiana.  

UN REPORTAJE DE BELÉN RICHARTE

        Igna Mª Llorca Pérez, nieta e hija de capitanes de almadraba sabe muy bien de lo que habla. Su abuelo, llamado Pedro Llorca Correa, más conocido en el “poble com el Ti Pere Correa”, dice su nieta que empezó como todos “de tercero para luego ascendiendo”, -y subraya-, “hay una anécdota suya muy ocurrente que había oído contar y que relata Francisco Amillo en su blog, cuando fue en la época cuando era segundo en la almadraba de Sancti-Petri (Cádiz). En aquel entonces era era el Capitán Jaime Pérez Martínez, Chaume la Sal, el segundo Pedro Llorca Correa y el ti Pere Correa estaban calando las redes en la Rabera de Fuera, aquella parte era la Zona de Tiro y las baterías de Tierra-Torregorda estaba de pruebas: cae un proyectil cerca de donde estaban trabajando y Pedro, que estaba en el bote, se le acerca al Capitán y le dice: ‘vámonos para tierra que a mí no me gusta nada esto’ -y el Capitán le contesta-, ‘¡Ignorante, tú no sabes que allí en tierra está mi hijo y sabe que su padre está calando redes aquí fuera! (Por aquella época su hijo Pérez Llorca sería Teniente o Capitán Médico). Siguen trabajando y a medida que iban para fuera cen dos proyectiles más, ésta vez más cerca, entonces el Capitán Jaime se pone furioso y le ordena a Pedro: ¡arríalo todo y vámonos para tierra, que esto se pone muy feo. Entonces aprovecha Pedro y le contesta: ‘¿Para tierra? ¿por qué? Si allí en tierra está tu hijo y sabe que su padre está trabajando aquí’”. Su nieta Igna ríe.

        Igna Mª continúa relatando: “mi padre se llamaba Luis Llorca Ferrer y le llamaban Lluís Correa, empezó con su padre de tercero en la almadraba de Sancti-Petri (en Cádiz y en Isla Cristina), fue ascendiendo y como segundo estuvo en las almadrabas de La Atunara y Tarifa; cuando le nombraron capitán fue el año que decidió dejar la almadraba para continuar con la gestión del hostal familiar. La almadraba estaba en decadencia y el turismo estaba en auge en Benidorm”.

        Según cuenta la hija y nieta de almadraberos, “la Almadraba, los almadraberos eran gente dura, curtidos en el mar, a veces traicionera…

Recuerdo que contaba mi padre que durante una levantada quedó atrapado entre dos barcos aunque afortunadamente no le pasó nada, -y continúa narrando-, “de mi abuelo recuerdo que se contaba que debía de tener mucha fuerza porque era capaz de levantar un ancla que tenían que mover entre varios hombres él solo”.

        ¿Como es la infancia y adolescencia de la hija de un capitán de almadraba? ¿Era igual a la de cualquier otro niño o niña?

        “Dentro de la almadraba teníamos privilegios. Los almadraberos que viajaban desde Benidorm no iban con las familias sólo los capitanes y administradores pero se contrataba también a almadraberos del pueblo cercano a la almadraba y la familia de éstos eran muy afectuosas con la familia de los capitanes”.

        Igna Mª Llorca recuerda haber estado “en las almadrabas de La Atunara y de Tarifa, tengo muy buenos recuerdos de esos lugares, siempre había niños y niñas con los que poder jugar, -y añade- “lo que no me gustaba era el cambio de colegio, a mitad de curso nos íbamos a la almadraba y tenía que cambiar de compañeras; cuando volvíamos a Benidorm el curso estaba empezado y otra vez me tenía que adaptar a nuevas compañeras, lo llevaba fatal. Por esta razón a mi hermano cuando  ingresó de bachiller lo llevaron a un internado”.

        “Recuerdo también con mucho cariño la fiesta que hacían en la bendición del copo donde se ponían imágenes de la Virgen del Sufragio, estampas y medallas de la Virgen muy protegidas para que no se estropearan y duraran toda la temporada”.

        En su estancia en las distintas almadrabas donde estuvo Igna Mª recuerda que “nosotros teníamos unas casas que eran como unos adosados, unas cuantas casas una al lado de otra pintadas de blanco. Estaban dentro de la arena con mucho espacio para jugar”. Toda una delicia para los más pequeños

        ¿Te acostumbras a esa vida?: “Por lo que contaba mi madre Esperanza Pérez Vives por lo visto sí que se adaptó muy bien. Ella siempre la recordaba como una etapa de su vida muy feliz cuando estuvo en la almadraba. Los capitanes y administradores iban con la familia y se creaban unos vínculos de amistad muy grandes, por lo que contaba aprendió mucho de las mujeres de los capitanes que siempre la trataron con mucho cariño”.

        Asegura que “mi padre dejó la almadraba en 1965, la almadraba empezaba a estar en declive y decide cambiar de actividad para ayudar a mi madre con el negocio familiar”. Por lo que respecta al negocio familiar, “es mi abuelo materno el que decide construir una pensión viendo el auge que empieza a tener el turismo, -y subraya- “mi madre se quedó ayudando a mi abuelo que acababa de enviudar y mi padre se va solo a la almadraba. Creo que esta circunstancia también contribuyó a que mi padre no quisiera continuar en la almadraba”.

        Rocamar

        El Hotel Rocamar se inauguró en 1963 “en una casa de planta baja y dos pisos propiedad de mi abuelo que reconvierte en pensión, gestionada primero por mi abuelo y luego por mi madre; como el negocio funcionaba bien mi padre dejó la almadraba, compro la casa de al lado y amplio la pensión haciendo el edificio como está ahora, a partir de ese momento es un hostal y posteriormente hotel”

        El nombre con el que se bautiza el hotel es “porque está en el barrio de LES ROQUES y está en lo que se adentra en el mar”, -y destaca- “mi abuelo es el que lo empieza pero poco tiempo después le pasó el testigo a mi madre, luego lo gestionaron mis padres, a continuación mi marido y yo y actualmente continúa la gestión la cuarta generación, mi hija Esperanza”.

        Igna Mª Llorca se muestra orgullosa al afirmar que “nuestro negocio ha ido evolucionando en el tiempo, empezó de forma muy sencilla como pensión, luego hotel y ahora como un pequeño hotel boutique que sigue teniendo la esencia de cuando se creó en los años 60 cuando despertaba el turismo en nuestra ciudad”.

       La Pesca de Altura

        Aunque es posible encontrar ya el término «pesca de altura» en textos de finales del siglo XIX para referirse a la pesca en zona pelágica por oposición a la «pesca de bajura» o en zona demersal, es a principios del siglo XX cuando la distinción adquiere sentido por la evolución de los medios técnicos empleados y de la estructura socio económica que se ve envuelta en la actividad. Así, se pueden enumerar como características de la pesca de altura:

  • Características estructurales: Mientras que la pesca de bajura se realiza en la zona marítima más próxima al litoral, fundamentalmente sobre especies demersales, la pesca de altura se realiza en zona pelágica. Entre las especies que obtienen destacan el bacalao, el boquerón, el calamar y la merluza.
  • Características técnicas: la llevan a cabo las flotas más importantes, que disponen de barcos grandes y bien equipados que se encuentran en alta mar semanas o meses. Estos barcos recurren a medios técnicos avanzados, como radares para detectar los bancos de peces, la dirección y la velocidad a la que se desplazan; o sonares para medir la importancia de los bancos detectados. Cuando los barcos tienen instalaciones frigoríficas para conservar el pescado a bordo en perfectas condiciones, congelándolo recién capturado en el mar.
  • Características socio económicas: al contrario de lo que sucede en la pesca de bajura en la que los pescadores suelen ser trabajadores autónomos propietarios de las embarcaciones y artes empleadas, que se retribuyen con la venta del producto obtenido, en la pesca de altura los pescadores son mayoritariamente asalariados de un patrón o armador, propietario del barco y los aparejos.

        También de las ausencias en el mar por ser hija de pescador de este tipo de pesca nos habla Pepa Llorca, de La Vila Joiosa, quien “ya de pequeña, que es cuando mi padre fue pescador de altura, la recuerdo como una vida de AUSENCIAS; de criarte sin tu padre, de no tener recuerdos de él de esa época. No estaba…no podía”.

        Pero una época en la que la hija del pescador también la define como de ALEGRIAS: cuando venía, después de seis meses ausente y lo esperábamos en el muelle. Recuerdo los regalos que me traía. Era una privilegiada. Eran cosas que no tenía nadie: un batín de guatiné, una muñeca preciosa llamada Maribel, chicles de barra con sabor a fresa, pañuelos de colores, una pelota hinchable !!….Y sobretodo el poder abrazarlo y fundirme en ese abrazo reparador que me devolvía la vida y ahuyentaba los temores”.

        “Me llamo Pepa Llorca. Soy hija y nieta de pescadores de La Vila.

La vida de una hija o hijo de pescador es diferente a la de los demás.

De muy pequeña, tendría aproximadamente un año, nos fuimos a vivir a Algeciras. Mi padre iba en una barca de La Vila que iba a pescar a los caladeros de Marruecos, se decía ir al “ calamar”. Fuimos, creo, para estar más cerca de él, pero tardaba meses en volver y

mi madre y yo estábamos solas. Así que con tres años y pico regresamos”.     Asegura que “fue en un descanso o vacaciones, que se regresaba al pueblo, seguramente sería para fiestas de Moros y Cristianos, que es cuando los marineros volvían a casa. Regresamos en el propio

barco de pesca. Recuerdo un amanecer, o anochecer, en el barco…precioso. Recuerdo haber visto unos delfines saltando y mi madre apretándome en su pecho por el “ peligro” que suponía estar en una barca de esa manera…qué cosas!!”

        Un privilegio que te marca

        “Tan pequeñita y con ese privilegio” -subraya Pepa-, “te marca; después nos quedamos nosotras en La Vila y ya las ausencias de mi padre por culpa de este tipo de pesca, se hicieron más largas. Quedé yo sola con mi madre..y mis abuelos. Los recuerdo con muchísimo cariño…, de ahí a esperar su regreso con esos regalos…me encantaba y, por supuesto, con esos besos y abrazos que tantos meses había dejado de sentir”.

        Al cabo de unos años mi padre, Francisco Llorca Llorens,“el botja”, mecánico de barcos, patrón de altura…se lo dejó. “Bueno, no se lo dejó, cambió por una pesca más cercana, aquí, en La Vila Joiosa; sólo que ahora ya no tardaría seis meses en volver, tardaría una semana”, -apunta su hija-, “ya que los caladeros estaban en el Mediterráneo, en Ibiza. Así que otra vez esas ausencias, más cortas, pero ausencias al fin y al cabo.

¡Así que, qué contar de esta situación. El que sufriría sería él. Tanto tiempo sin su familia sufriendo los golpes de mar y la peligrosidad de este tipo de trabajo!”.

        Para mí es muy cierta la frase del filósofo Anacarsis: ” Hay tres tipos de hombres, los vivos, los muertos y los que navegan por la mar”.

        De La Vila a la Almadraba de Gijón

        Cuando los almadraberos decidían establecerse en un lugar concreto lo hacían con toda la familia y eso le paso a uno de hermanos del padre de Pepa Llorca, Jaime Llorens Llorca, que decidió trasladarse a Gijón con toda la familia. Según le contaba su padre a su hijo José Aurelio Llorens, actual párroco de la iglesia Sagrada Familia de Gijón, “en el mar parece que el tiempo no pasa, así varios días y varias noches”.

        El párroco explica que su madre mientras su padre estaba en la Almadraba se tenía que hacer cargo de los cinco hijos que había tenido la pareja y que intentaba que su vida fuera lo más normal y parecida a la de los otros niños que únicamente consistía en estudiar y jugar.