
Reina de mi corazón
Nos enseñaron a esperar flores,
mensajes a medianoche,
promesas envueltas en rojo
y corazones de escaparate.
Nos dijeron que el amor
llegaba de la mano de otro,
que alguien debía elegirnos
para sentirnos suficientes.
Y así crecimos,
midiendo nuestro valor
por la forma en la que nos miraban,
por cuánto nos deseaban,
por si éramos “la elegida”.
Pero el amor romántico,
ese que hoy se celebra a gritos,
a veces hace demasiado ruido
para escuchar lo esencial.
Porque mientras buscamos ser amadas,
olvidamos mirarnos con ternura.
Mientras esperamos que nos cuiden,
nos abandonamos en silencio.
Hoy, en San Valentín,
no celebro promesas ajenas.
Celebro la lealtad que me debo.
El abrazo que no postergo.
La voz que ya no callo.
Celebro haber aprendido
que no necesito un trono compartido
para sentirme reina.
Porque el amor más valiente
no pide permiso,
no mendiga atención,
no se rompe cuando nadie mira.
El amor más urgente
es el que se queda,
el que se sostiene,
el que no huye de sí mismo.
Hoy me elijo.
Hoy me pertenezco.
Hoy me amo sin testigos.
Y por primera vez,
soy —de verdad—
la reina de mi corazón ![]()
![]()
![]()
PRG ![]()
Debe estar conectado para enviar un comentario.