Libertad venenosa

Se pierden los derechos de la persona amada, justo en el instante en el que la has dejado privada de libertad

Es en ese mismo momento, en el que sus mejores sentimientos hacia ti dejan de pertenecerte y entras en un infierno en el que la intolerancia y la inseguridad te torturan en días que pierden su luz bajo la oscuridad que crean aquellos pensamientos que nacen de la desconfianza y los celos que arruinarán, sin importar cuántos, los años que fuiste verdaderamente feliz con esa persona.

El monstruo de la desolación, que se hallaba custodiado por la tristeza, acaba desarrollando el síndrome de Estocolmo.

Y esas mismas penas, derivadas de la agonía, terminan por dotar de libertad a tus demonios para que puedan vagar a sus anchas por tus sentimientos devorando esa falsa esperanza que albergas sobre el posible cambio que necesitas para dejar de maltratar a la persona amada, que no es otra que aquella que pueda residir al otro lado de ti mismo.

Libertad contaminada por pensamientos envenenados que detienen en seco la alegría de vivir y sueños en los que sueñas que tus mejores sueños se marchan para siempre en busca del antídoto que tanto te has esforzado en rechazar.

Se pierden para siempre los estados de alegría por los que tu libertad solía moverse, y queda recluida en esa prisión que la desconfianza ha construido únicamente para personas como tú.

Manuel Maestro Real