Al Papa Francisco

La muerte del Papa Francisco marca un momento espiritual y humano en la historia reciente de la Iglesia. Su figura, profundamente arraigada en la práctica evangélica, su dedicación por los pobres y la fraternidad universal, nos da la medida de un hombre bueno preocupado por la iglesia y el bien de la humanidad

Manuel García Gil.- Fecundo pregonero de la paz, ha sido un guía en tiempos de crisis de identidad de valores morales y éticos, de fragmentación incertidumbre y desconfianza. Como guía del pueblo de Dios, supo hablar al mundo con claridad y ternura, denunciando la indiferencia y llamando a todos —dentro y fuera de la Iglesia— a una conversión del corazón. Ha iniciado el camino sinodal de la esperanza y ha abierto las puertas de la Iglesia al futuro

Hemos de honrar su legado, un hombre de oración, cercano a María, con el coraje de servir amando y amando servir. En la tradición de los grandes siervos de Dios, su paso por la Tierra ha sido semilla misionera y testimonio fiel de apostolado.

Paz y bien Papa Francisco «Ad Majorem Dei Gloriam» (para mayor gloria de Dios)

Serviste a Dios en tu vida,

Amor al crucificado;

No dudas: a Él entregado

Tu vida a Dios ofrecida,

Orando en tu despedida.

Pedimos A Dios favor,

A Dios, el Dios Creador,

Dale a Francisco la Gloria,

Recuerdo en nuestra memoria;

Es Dios nuestro Salvador.

Fotomontaje de Manuel García Gil