La pandemia de cólera, morbo del año 1885 en Benidorm

Del Benidorm del pasado al del futuro en fotos inéditas

Francisco Amillo.- La del año 1885 fue la última gran pandemia de cólera de nuestra comarca. El terror que provocó continuó vivo mucho después de haberla superado: 25 años más tarde el alcalde de Benidorm Vicente Zaragoza Soria se refería a ella destacando los “dolorosos estragos de tan terrible epidemia”. Se decía que la muerte se cebaba sobre todo en mujeres y niños infectados.

También llama la atención que en dicha pandemia hubiera negacionistas, antivacunas y rechazo a los confinamientos, algo que hoy día nos resulta familiar con la pandemia de COVID-19. Está claro que no es exclusivo de nuestra época.

 Se han escrito muchos artículos explicando la evolución e incidencia de la pandemia de 1885 en diversos municipios o comarcas pero muy pocos sobre su impacto en Benidorm a pesar de lo intensamente que afectó a nuestros antepasados. La presente entrada de HISTOBENIDORM  pretende aportar algunos datos para remediar esta carencia de información.

En el siglo XIX, procedentes de la India, se produjeron varias pandemias de cólera (1834, 1854, 1859,1865 y 1885) que en nuestro país hicieron enfermar a muchas personas muriendo un buen número de ellas. La Medicina de la época no tenía remedios eficaces, sólo medidas preventivas como los confinamientos. Para evitarlos, las personas que podían abandonaban las localidades contagiadas porque la enfermedad se difundía rápidamente y quedarse era arriesgado. Además sus síntomas eran muy desagradables: los enfermos sufrían vómitos y continuas diarreas que provocaban su deshidratación y en muchos casos la muerte al cabo de una semana.

 El cólera se transmitía principalmente por el contacto con los vómitos y la materia fecal en las manos y ropas de los cuidadores. También por el agua y alimentos contaminados con la bacteria, algo difícil de evitar en aquella época ya que desconocían sus mecanismos de transmisión. A ello se sumaban las pocas facilidades para tener la mínima higiene y la ausencia de medicamentos efectivos.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 1.jpg

1. Fotografía fechada hacia el año 1900 mostrando la calle Tomás Ortuño con un aspecto similar al de 1885. El edificio de la izquierda es actualmente la Casa Museo de l’Hort de Colón. La higiene pública en Benidorm tenía el inconveniente de sus calles de tierra transitadas por caballerías que la ensuciaban. Por eso se ordenaba que los vecinos mantuviesen limpia la parte de calle que daba a su fachada. La escasez de agua en muchos domicilios era otra dificultad para la higiene. Fuente: “Benidorm” Comissió de Festes Patronals 1985.

2. La calle Pescadores engalanada para las fiestas patronales. La fotografía es de mediados del siglo XX pero su aspecto no sería muy diferente del de 1885.

3. El diario El Canfali del 10/03/1883 criticaba otro de los elementos que en aquellos años contribuían a la falta de higiene de las calles: su contaminación fecal que podía ser un vehículo de transmisión del cólera.

Benidorm, como la mayoría de las poblaciones de la Marina Baixa, sufrió las pandemias de cólera del siglo XIX. El abastecimiento de agua se hacía mediante la Séquia Mare que circulaba al aire libre en su mayor parte, permitiendo su contaminación fecal. Además se utilizaba para a lavar las ropas de los enfermos de cólera y aunque se obligaba a hacerlo en sitios apartados, no siempre cumplían esa norma y contaminaban el agua con la que regaban verduras y hortalizas.

 En el casco urbano el saneamiento público era muy deficiente. Las calles constituían otro foco de infección según el periódico El Canfali, ya que eran “asquerosas e inmundas letrinas, donde cada quisque se permite actos punibles por la decencia y la higiene […] alguno que otro cadáver de la raza canina ó gatuna va descomponiéndose á su sabor y llenando de perjudiciales miasmas la atmósfera” [1]. Los pozos ciegos también podían difundir el cólera ya que los de las casas situadas en cotas más altas filtraban sus aguas negras hacia los aljibes de agua potable de las más bajas. Y no todos tenían pozos ciegos, sobre todo las casas de Canfali, que arrojaban las aguas negras a la playa del Mal Pas desde el “tirador”.

 Negacionistas, antivacunas y protestas por los confinamientos.

  En 1884 Robert Koch había descubierto el origen de la enfermedad, la bacteria que hoy denominamos Vibrio cholerae pero que en el siglo XIX denominaban bacillus virgula. Lo encontró en el intestino de los enfermos del “cólera morbo asiático” y supo que se transmitía por el agua y los alimentos contaminados. Así lo explicaba un médico de Alcoi: “Que el veneno colejiriano se transmite del hombre enfermo al sano […] principalmente por todo aquello que tiene relación con los materiales diarréicos y los espulsados por el vómito” [2].

 En ese mismo año 1884 el Instituto Médico Valenciano identificó el agente patógeno descubierto por Koch como causante de la enfermedad. Uno de sus miembros, el doctor Amalio Gimeno “habló de las ideas de Koch al admitir como causa específica el Bacillus Virgula, que se encontraba en todos los casos de cólera y que se contagiaba por vía digestiva”. En el Boletín de dicha asociación escribió: “podemos dar una interesante noticia a nuestros lectores. Examinadas microscópicamente las deposiciones de los enfermos en Beniopa, se ha logrado encontrar el bacilo vírgula de Koch: hemos tratado de obtener cultivos y lo hemos conseguido en la patata y en la gelatina con todos los caracteres distintivos. El Instituto Médico Valenciano ha sido la primera corporación de España que ha podido observar preparaciones microscópicas del célebre microbio colérico” [3].

 Está claro que en Valencia había un grupo de médicos que estaban al tanto de los últimos avances de la Medicina pero sus ideas no llegaron a la mayoría de la población. Muchas personas se resistía a aceptar la teoría microbiana de la enfermedad y se aferraban a la antigua teoría de los miasmas. Según ellos las partículas procedentes de la descomposición de la materia orgánica se transmitían por el aire y al respirarlas causaban varias enfermedades, entre ellas el cólera. Así explicaban que Altea fue la primera villa de la Marina Baixa que tuvo cólera porque las muchas acequias de su término estaban “llenas de líquenes y materias orgánicas en descomposición” que  emanaban vapores infectados. La mayoría de las precauciones contra el cólera que se tomaron en la comarca estaban dirigidas a evitar elementos en putrefacción y sus gases supuestamente infecciosos.

 En la prensa de la época fue frecuente la actitud de negar la existencia de la enfermedad. El aumento de enfermos con vómitos y diarreas lo atribuían a otras enfermedades productoras de dichos síntomas, no al contagio del cólera, y criticaban duramente a los médicos que lo habían diagnosticado.

  Tampoco faltaban los que seguían otra teoría, aún más antigua, que veía la enfermedad como el castigo de Dios por los pecados de los hombres: “Tras el cólera, inundaciones; tras las inundaciones terremotos. ¡Ah! el mundo se ha apartado de los caminos del Señor; la blasfemia y la profanación de los días festivos y el desprecio de las leyes divinas y de la iglesia […] han provocado las iras de Dios que un día y otro castiga á los pueblos prevaricadores con toda clase de plagas” [4].

4. Si el origen de la enfermedad era la voluntad de Dios los remedios debían ser religiosos. Publicidad del agua del Carmen, con las imágenes de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, para curar el cólera y otras enfermedades. Imagen del diario “El Constitucional”, 08/01/1885.

 En 1885 España disponía de una vacuna contra el cólera antes de que se propagara la enfermedad. La había creado el médico catalán Jaume Ferrán i Clúa (1851-1929) que tras ir a Marsella en 1884 para estudiar la epidemia de cólera que azotaba a la ciudad, preparó unos cultivos atenuados de la bacteria descubierta por Koch. Tuvo partidarios y detractores, ganando estos últimos a pesar de la evidencia de su efectividad.

 En 1884 el Dr. Ferrán realizó vacunaciones contra el cólera en Alicante, la Vila Joiosa, Santa Pola y Elx [5]. Al año siguiente vacunó a miles de personas en la provincia de Valencia, que estaba sufriendo la epidemia, en las poblaciones de “Alzira, en abril de 1885, dirigida por el mismo Jaime Ferrán […]  población a la que sucedieron, a los pocos días, Chiva, Cheste o la misma Valencia. No obstante, la vacuna de Ferrán choca en aquellos momentos con importantes detractores como […] Santiago Ramón y Cajal” [6].

5. El Dr. Ferrán vacunando contra el cólera en Alzira en plena epidemia. La vacuna era efectiva a partir del quinto día y hubo bastantes vacunados que ya habían contraído la enfermedad lo que, en opinión de los detractores de Ferrán, indicaba que su método era un fracaso. Fuente: revista La Ilustración Nacional, 1885.

 La oposición a la vacuna que manifestaron bastantes médicos se extendió a la clase política y el debate llegó al Parlamento. Ante una interpelación de Emilio Castelar el ministro de la Gobernación Francisco Romero Robledo indicó que se negaba a subvencionar las investigaciones del Dr. Ferrán porque “la ciencia ha planteado el siguiente problema: «¿Es el microbio causa de la enfermedad, o efecto de la enfermedad?». Mientras este problema no se resuelva, no hay medios de conocer la verdad del descubrimiento del doctor Ferrán.” [7].

  También surgieron protestas por los confinamientos en las localidades “invadidas”, que así denominaban en esa época las infecciones. Los confinamientos se hicieron mediante “cordones sanitarios”. Consistía en rodear el pueblo infectado con tropas y fuerzas del orden público que debían impedir las entradas y salidas de personas y mercancías “sucias”, es decir de las zonas afectadas por el cólera. Los cordones sanitarios suponían un perjuicio económico grande para comerciantes y trabajadores en otras localidades. Para todos implicaba desabastecimiento de productos de primera necesidad que se volvían escasos y caros. Para los más pobres significó hambre.

 El preludio: la pandemia del año1884.

 A primeros de junio de 1884 se supo en la provincia de Alicante que el cólera, el “horroroso huesped del Ganjes”, había aparecido en Tolón y Marsella, lo que había motivado la creación de un cordón sanitario en la frontera con Francia.

 A principios del verano la prensa quería dar sensación de tranquilidad: había peligro pero si se tomaban medidas evitarían el contagio.  Las autoridades locales tomaron precauciones para prevenir la difusión de la enfermedad y así el alcalde de la Vila Joiosa Antonio Esquerdo suspendió las fiestas de Santa Marta que debían celebrarse del 24 de julio hasta el 1 de agosto [8].

 La prensa informaba con asiduidad de la situación epidemiológica en Francia e Italia y también se escribieron artículos difundiendo las medida higiénicas preventivas que debía tomar la población. Animó a los ciudadanos para que colaborasen con las juntas de socorro locales donando dinero para ayudar a los más desfavorecidos en caso de epidemia en la provincia.

 Durante los meses de julio y agosto publicaron insistentemente que el cólera no afectaba en absoluto a España, calificando de absurdas algunas informaciones contrarias. Sin embargo la realidad no iba por ese camino. Las medidas adoptadas no habían sido efectivas y a finales de agosto el cólera morbo llegó al sur de la provincia de Alicante: el día 31, al mismo tiempo que el diario El Constitucional publicaba “De cólera morbo no hay caso alguno en España” se declaraba oficialmente su presencia en Elche. A primeros de septiembre el diario El Graduador criticaba que las autoridades hubiesen declarado la enfermedad en Monforte y en Novelda donde las tropas establecieron cordones sanitarios [9].

 El 4 de septiembre el Gobierno declaraba la existencia de cólera en Alicante capital y tomaba medidas drásticas que fueron duramente criticadas por El Graduador: “Los trenes que salieron hace tres días de Alicante se hallan detenidos en Venta la Encina esperando que se construya un lazareto […] y á los viajeros se les tiene encerrados en los coches […] los pueblos que se creen infestados, han sido cerrados por un cordón militar […] se ha prohibido que por las carreteras circulen mercancías, y equipajes, y á los pueblos infestados no llegan, por consiguiente víveres de ninguna clase” [10].

  El miedo se extendió por la provincia y en Orxeta alcanzó gran intensidad. El diario El Graduador criticaba con dureza que en los pueblos de la comarca sin enfermos de cólera los alcaldes expedían “patentes de sanidad” que, según la normativa oficial, permitían desplazarse a otras poblaciones. Los vecinos de la Vila Joiosa, Relleu y Sella aceptaban esos pases pero no Orxeta, cuya junta de Sanidad dispuso que ningún forastero podía transitar por el pueblo. Eso cortaba la ruta de la Vila Joiosa a Alcoi por la que las poblaciones de la Marina exportaban sus productos agrícolas y pesqueros a la industrial Alcoi perjudicando a muchas personas por la pérdida de jornales y ventas [11].

 En Alicante capital el brote de cólera morbo cesó pronto, continuando en Novelda, Elche y Monforte hasta los primeros días de octubre. En estas localidades la infección había durado alrededor de un mes con un número elevado de defunciones.

Al remitir el cólera volvía la tranquilidad a la provincia y a la Marina Baixa. En Benidorm no disponemos de las actas de los plenos municipales ni las de la Junta de Sanidad de ese año 1884, por lo que ignoramos qué medidas se tomaron pero, por datos indirectos, da la impresión que o no padeció cólera o lo hizo de forma muy leve.

  Pero la paz duró poco. Los primeros días de noviembre la Marina Baixa  sufrió un temporal de lluvias tan intensas que provocaron graves daños en la agricultura: “Nos escriben de Altea dándonos cuenta de los estragos causados en los campos por las últimas lluvias; las primeras echaron á perder la elaboracion de la pasa que constituye la principal riqueza de aquel pais, y las últimas se ha llevado a la mar todos los sembrados en términos que los pobres labradores se hallan arruinados totalmente. Iguales desdichas han sufrido muchos de los pueblos de la Marina, entre ellos Callosa de Ensarriá, Benidorm, Nucia, Polop y otros pues la tormenta ha sido general y lo ha devastado todo.” [12].

 No poder elaborar las pasas hizo perder los ingresos que se obtenían con su exportación por el puerto de Denia. Otros daños importantes los sufrieron los olivos lo que supuso perder los beneficios obtenidos con la venta del aceite. Para los agricultores eran dos importantes fuentes de ingresos en efectivo, algo que tendría consecuencias muy negativas en el año siguiente durante el confinamiento que sufrieron Benidorm y los pueblos circundantes.

  Por suerte no todo fue negativo. Los carabineros, al vigilar el contrabando, evitaban también la arribada de naves que podían introducir el cólera en la comarca al impedir el desembarco de mercancías y personas de “procedencias sucias”. En Benidorm era tradicional la existencia del contrabando y por dicha causa se reforzó la presencia de estas fuerzas del orden creando un nuevo cuartel en la Cala, un lugar muy poco poblado en aquellos años: “La Dirección de Carabineros, ha aprobado el expediente para la construcción de una caseta de nueva planta en el punto denominado «El Pino» distrito de Benidorm” [13]. Este cuartel, situado a los pies del Tossal, se sumaba a los de Canfali, el Racó de l’Oix y Pla del Cuartel en Serra Gelada.

6. Fotografía de la Cala de Benidorm a principios de la década de 1950 que nos muestra un paisaje muy poco poblado y similar al de 1884. Al fondo, a los pies del Tossal, el cuartel de carabineros construido en 1885; tras la Guerra Civil fue entregado a la Guardia Civil y más tarde se abandonó y demolió. Actualmente subsiste, en la plaza Encarnació Lloret Devesa, el pozo que le surtía de agua potable. Fuente: Archivo Municipal de Benidorm, fotógrafo Simeón.

La pandemia del verano de 1885.

  Pasado el brote de cólera de 1884 los habitantes de la Marina encararon el nuevo año intentando recuperar la normalidad aunque conservando el miedo extremo por el peligro de cólera de los meses anteriores. En la Vila Joiosa a principios de año “se celebraron en ésta las anunciadas funciones á Santa Marta en accion de gracias por habernos visto libres del cólera morbo durante el otoño anterior. Fueron como es de presumir casi exclusivamente religiosas”. Añadía que el pueblo en masa abarrotó la iglesia de forma que no había espacio libre en ella para la misa y el Te Deum de acción de gracias.  Finalizados los oficios religiosos “se distribuyeron por el Ayuntamiento raciones de pan á cuantos pobres se presentaron, repartiéndose también á domicilio y á los vergonzantes bastantes raciones”. Por la tarde “la música de la población dirigida por D. José Serrano, interpretó las mejores piezas de su repertorio, y por la noche se disparó un bonito castillo de fuegos artificiales” [14]. Estas celebraciones tan multitudinarias eran consecuencia del gran pavor que el cólera morbo causaba en todas las poblaciones.

  Sin embargo en el verano el cólera volvía a hacer acto de presencia en toda la provincia de Alicante, incluyendo las dos comarcas de la Marina. Aunque la prensa intentaba minimizar su alcance para no sembrar la alarma, la realidad de los hechos desmentía sus afirmaciones.

  Los inicios de la epidemia en Benidorm los podemos conocer a través de las actas de la Junta Municipal de Sanidad de 1885. Esa junta era la encargada de recomendar al Ayuntamiento las medidas a tomar para preservar la salud del municipio.

 La junta renovó sus componentes y se constituyó el 6 junio de 1885 por un período de dos años tal como era preceptivo. Fue ella la que se debería haber enfrentado a la epidemia que llegó poco después [15].

 Las primeras noticias sobre el cólera morbo se recogen en el acta del 8 julio de 1885 cuando el médico municipal Eduardo Llorca Castells informaba de la presencia «del cólera en poblaciones limítrofes á esta y el caracter esencialmente contagioso en que se presenta a mas de la gravedad que en todos los casos se observa». Recomendaba, y así lo aprobó la Junta, que en caso de “invasión” (infección) de Benidorm los familiares tuvieran el menor contacto posible con los enfermos de cólera, aislando sus ropas y pertenencias. También ordenaba desinfectar encalando las paredes de las casas y fumigar su interior con azufre. Además debían impedir la entrada de extraños en la casa y de los conocidos sólo admitirían a los indispensables.

  El médico municipal informaba algo tarde. A primeros de enero la epidemia había empezado a extenderse por la provincia de Valencia llegando a la Ribera del Júcar. Había muchos jornaleros de la Marina Alta y Baixa que todos los años acudían a dicha comarca para trabajar como temporeros en sus arrozales: “más de 1000 jornaleros de la Marina, regresan de los pueblos ribereños del Júcar”. Algunos de esos temporeros se contagiaron y al volver a sus hogares difundieron la epidemia en Pego y Altea porque allí no se les obligó a guardar los 7 u 8 días de cuarentena que exigía la normativa.

 En Altea la epidemia empezó el 15 de junio en dos masías y en poco tiempo se difundió por todo el pueblo de tal forma que a partir del día 24  se infectaba un promedio de 25 personas por día. Y no era el único: el día 7 de julio el Boletín Oficial de la Provincia declaraba “procedencias sucias” las personas y mercancías procedentes de l’Alfàs del Pi, la Nucia y Polop por estar infectadas de cólera. El día 8 en l’Alfàs había 2 infectados, en la Nucia 18 infectados y 8 fallecidos y en Polop 2 infectados y una defunción [16]. En Callosa d’En Sarrià se indica el día 11 que ya habían registrado casos de cólera.

  Así pues en casi todos los pueblos en torno a Benidorm se había declarado la epidemia con lo que las medidas de su junta de Sanidad llegaban tarde y resultaron inútiles. En el acta del 16 julio el médico Eduardo Llorca informaba que había atendido a un paciente, cabo de carabineros de Benidorm, con «todos los caracteres de la enfermedad conocida con el nombre de colera morbo asiatico» con lo que reconocía que la epidemia había hecho acto de presencia en el Benidorm. La junta aprobó, como era preceptivo, informar al gobernador civil y que la Alcaldía tomara “todas las medidas que le aconsejan los facultativos en beneficio de la salud publica».

  En el acta del 23 de julio el alcalde informaba que «por los partes diarios de los facultativos que se reciben en esta Alcaldia se veia que el colera hiba tomando incremento en esta población y se estaba en el caso de redoblar las medidas higiénicas que aconsejan las circunstancias oido lo cual por la junta asi se acordo».

 Sin embargo desconocemos en qué consistieron esas medidas pero podemos suponer que serían las mismas o muy similares a las que la junta de Sanidad recomendó al año siguiente: cumplir la Real Orden y la circular del gobernador civil para que «se hiciere saber al vecindario por medio de bandos públicos que cuidaran de la limpieza de calles, cuadras, balsas, acequias y demas que exija la conservacion de la higiene pública, como igualmente vigilar los comestibles, carnes y aguas destinadas a la poblacion» (acta del 7 mayo 1886). 

 Si desconocemos el contenido exacto de las decisiones de la junta de Sanidad en la epidemia de 1885 es  porque no hay más actas de ese año. Es decir, que nos faltan las de los momentos más duros de la epidemia. La explicación a este insólito hecho la daba el diario El Serpis que ese mismo día 23 de julio, cuando el alcalde anunciaba el incremento de la epidemia, publicó: “Parece ser que del pueblo de Benidorm han huido la mayor parte de las autoridades, yendo á parar á Puigcampana. El notario no se le vé por parte alguna, y eso que se le busca con ánsia, asi es que la gente pregunta ¿Dónde está? Y el eco responde esto mismo cuando se habla del Secretario del Juzgado Municipal. El señor Cura D. Bernardo Galiana y el Secretario del Ayuntamiento, son los que han arrimado el hombro á la carga” [17]. Desde Benidorm el sacerdote Juan Bautista Catalá escribía una carta confirmando la deserción de la mayoría de los responsables políticos: “En los días más tristes y aflictivos para este pueblo, cuando era mayor el número de víctimas las pocas personas que habíamos quedado aquí para hacer frente á la calamidad nos mirábamos apenadas y silenciosas” [18]

 En ambos casos no se dice nada de los médicos pero el hecho de que durante la epidemia se siguieron diagnosticando casos de cólera y certificando defunciones nos indica que sí estuvieron prestando su ayuda profesional.

  Benidorm no fue el único pueblo que sufrió el abandono de sus autoridades, hay otros casos, como por ejemplo Relleu y Altea donde el alcalde, recién nombrado, no quiso tomar posesión de su cargo y huyó al igual que la mayoría de concejales. Estos políticos hacían como muchas otras personas: salían en los primeros momentos, antes de que las tropas acordonaran la localidad, y abandonaban sus responsabilidades en el control de la epidemia.

 Normalmente huían de la población las personas que tenían medios económicos y posibilidades para residir fuera de casa. Eso significaba que no colaboraron económicamente con las juntas de socorro que ayudaban a las personas más pobres, las cuales no tuvieron más remedio que quedarse en el pueblo a merced de la enfermedad en una situación muy penosa. No tenemos datos numéricos de Benidorm pero serían similares a los de otras localidades vecinas: la población de Altea, por el abandono de sus habitantes, había quedado reducida a 400. En Sella, infectada el 17 de julio, sus algo más de 2.000 habitantes se redujeron a 240 durante la epidemia.

  En el Archivo Municipal no constan los datos de infectados y fallecidos en esta epidemia de cólera del verano de 1885. El secretario municipal enviaba partes diarios al Gobierno Civil y la prensa, especialmente el diario El Constitucional, daba cuenta casi diaria de dichos informes. De acuerdo con esa información tenemos el siguiente listado de “invasiones” y defunciones en Benidorm:

  • 16/07/1885      1           0
  • 17/07/1885      2           0
  • 18/07/1885      6           4
  • 19/07/1885      6           4
  • 22/07/1885      8           9
  • 23/07/1885      7           3
  • 24/07/1885      11         3
  • 25/07/1885      8           9
  • 28/07/1885      10         5
  • 29/07/1885      3           5
  • 31/07/1885      4           4
  • 01/08/1885      4           4
  • 04/08/1885     13          7

En total tenemos 57 fallecidos por cólera entre mediados de julio y mediados de agosto. Pero estos datos son fragmentarios porque faltan los de algunos días, sobre todo de la primera quincena de agosto. No nos indican el verdadero alcance de la enfermedad que tuvo que arrojar cifras más altas de defunciones. La mortalidad de ese año y los dos siguientes fue mucho más elevada de lo normal según datos aportados por Juan Antonio González, párroco de la iglesia de Sant Jaume y Santa Anna, basándose en el libro parroquial de defunciones: “en 1885 se produjeron 133 defunciones y en 1886 fallecieron 130 personas; en 1887 la mortandad en Benidorm baja a 65 fallecidos y los tres años siguientes 1888, 1889 y 1890 se cierran con 43, 46 y 48 defunciones”.

 Está claro que el incremento de la mortalidad en 1885 fue por causa del cólera pero los fallecimientos de 1886, muy altos, y los de 1887 bastante altos, no fueron por dicha enfermedad. La hipótesis más verosímil es que el cólera acentuó las dificultades de una población que desde 1884 arrastraba problemas económicos por causas climáticas. La prensa alude a la mala situación económica de Benidorm en 1886. Su pobreza supuso malas condiciones de alimentación e higiene además de peor asistencia sanitaria.

 A principios del mes de agosto la situación en los pueblos de la Marina Baixa empezó a suavizarse. El día 4 de dicho mes Altea era declarada libre de infección. Según el diario El Constitucional del resto de «los pueblos de la Marina tenemos las noticias más consoladoras. […] Sella se encuentra relativamente bien; es el pueblo que más ha sufrido, así como el que con mayor resignación ha sobrellevado el azote. Altea hace ya tiempo que no registra en su triste crónica ninguna defunción e invasión. Villajoyosa, aunque ha aparecido invadido de pocos días á esta parte, á la fecha no acusa la epidemia ningún recrudecimiento, y todo hace esperar que no ha de tomar proporciones alarmantes en vista de la apacibilidad del tiempo y de la benignidad de la temperatura. En el mismo estado se encuentran Benidorm y Teulada, de donde se reciben en el gobierno civil partes del decrecimiento rápido de la enfermedad» [19].

 A primeros de septiembre se publicaba que Benidorm, Polop y la Nucia llevaban ya 15 días sin registrar infecciones ni defunciones de cólera morbo por lo que “han sido declaradas limpias las procedencias de dichos pueblos a contar del 1º del corriente” [20]. Eso significaba que desde el 1 de septiembre se retiraron las tropas encargadas de los cordones sanitarios y ya se podía entrar y salir de esos pueblos con lo que la vida recuperaba su normalidad.

 Sin embargo la comarca no estaba libre de la epidemia: a principios de agosto hizo su aparición en la Vila Joiosa y a mediados en Orxeta y Relleu que hasta entonces no se habían infectado. La infección duró hasta mediados de septiembre. Las fiestas de Orxeta el 28, 29 y 30 de octubre tuvieron como elemento importantísimo la acción de gracias por haber superado la enfermedad [21].

La intervención de Juan Bautista Thous en la pandemia de 1885.

  En aquella época las autoridades se preocupaban de impedir la propagación del cólera pero no de los problemas que los cordones sanitarios causaban a la población. Las ayudas económicas eran muy escasas o nulas. Ante esta inacción del poder político los ciudadanos se organizaban creando “juntas de socorros” que recibían dinero de los particulares para aliviar la penosa situación de los vecinos más pobres. Se habían constituido en 1884 y se volvieron a constituir en 1885.

En Benidorm sabemos que se constituyó a mediados de julio una junta de socorro presidida por el sacerdote Juan Bautista Catalá. Como en los demás pueblos, la marcha de las personas acomodadas hacía que sus recursos fueran insuficientes. Afortunadamente Benidorm y otros pueblos vecinos pudieron contar con la ayuda sumamente generosa de Juan Bautista Thous y Carrera (1815-1889).

 En su juventud Juan Thous había sido un elemento muy importante en la política comarcal de la que se apartó tras los acontecimientos revolucionarios de 1868 dedicándose a sus tierras y a negocios como  la construcción del tramo de carretera de Altea a Calpe con el difícil paso del barranco del Mascarat. Al estallar la epidemia llevaba casi 17 años en la masía que había ordenado construir en Lliriet, por lo que algunos le apodaron “el solitario de Lliriet”. En ese aislamiento había influido también el fallecimiento de su esposa y de una de sus hijas. Este gran terrateniente tenía entonces 70 años de edad y su salud se resentía por la malaria que padecía pero recorrió a caballo las poblaciones en las que tenía tierras para ayudar económicamente a los más necesitados.

7. El Mas de Thous, en Lliriet, se mantuvo en pie hasta la década de 1950 en que se abandonó y desmoronó. Fue construido por Juan Thous y allí vivió hasta su muerte.

 Para Benidorm tenemos el testimonio de la carta a la prensa de Juan Bautista Catalá. En ella indica que Juan Thous al principio de la epidemia entregó a la junta de socorros 15.000 reales y puso a su disposición su casa en el pueblo para utilizarla como hospital de coléricos. Esa casa estaba en la plaza de Castelar y fue en ella donde residió Emilio Castelar algunos veranos. 

Además contrató como jornaleros a todos los braceros que se lo solicitaron y “facilitó harina, aceite, leña y cuanto producen sus haciendas, á los enfermos y desvalidos”. También creó “una cocina económica bien servida y donde se reparten diariamente 400 raciones de pan y de arroz cocido con carne, garbanzos y patatas, alimentándose más de 130 familias pobres”. Además puso a disposición de la junta de socorro el importe de las aguas de la fuente y balsa de Lliriet “que pueden calcularse en 25 ó 30 duros diarios” para así poder distribuir limosna de entre 20 y 200 reales “á los pobres vergonzantes que se encuentren en la situación más apurada, á consecuencia de la emigración en masa de la gente acomodada y la paralización de todo trabajo” [22].

8. La balsa de Thous en una fotografía del 22 de agosto de 1894. Las primeras cuatro fuentes públicas de Benidorm se abastecieron durante unos pocos años de las aguas de esta balsa. Después se dedicó al riego de las tierras de Juan Thous y también vendió agua a los agricultores con un beneficio de 125 a 130 pesetas diarias, cantidad importante para la época. Fuente: Archivo Municipal de Benidorm.

  El importe total de lo aportado por Juan Thous varía según los diarios desde 140.000 a 240.000 reales. El diario La Correspondencia indicaba las siguientes ayudas:

  • l’Alfàs del Pi   4.000 reales.
  • Altea            15.000 rs.
  • Benidorm     30.000 rs.
  • Sella            40.000 rs
  • Leña, aceite, harina, etc., y agua balsa de Lliriet 20.000 rs.
  • Jornales a desvalidos y socorros a convalecientes 60.000 rs [23].

 Esto supone un total de 169.000 reales pero como en la fecha de publicación de ese diario aún continuaba la epidemia en varios pueblos de la comarca es probable que la cantidad final fuese mayor.

Después de la pandemia de 1885.

  La pandemia de cólera de 1885 duró poco más de un mes en cada una las poblaciones de la comarca, aunque con diferentes inicios y finales. No fue por tanto muy larga pero sí muy intensa y sus consecuencias económicas duraron hasta 1887. Su recuerdo perduró durante muchos años y ante la posibilidad de que hiciera de nuevo su aparición por cualquier circunstancia, las autoridades tomaron medidas que resultaron eficaces. Así en el año de 1908, tras recibir circulares y telegramas del gobernador civil para prevenir contagios del “Cólera Morbo Asiático, en Rusia”, el Ayuntamiento decide publicar un bando y fijarlo en los sitios de costumbre:

  1. Prohibición de lavar ropas y objetos en la Séquia Mare y que las balsas “estén limpias sin retener las aguas […] más de veinticuatro horas”.
  2. Los vecinos limpiarán sus calles y plazas y sacarán del casco urbano los estercoleros y establos.
  3. El Ayuntamiento vigilará la venta de alimentos en mercadillo y tiendas para que estén en condiciones higiénicas.
  4. “Mandar que actuen en las letrinas para evitar el desarrollo de gases mefíticos, la cal disuelta en agua ó el bromuro de cal por ser estos antisépticos más usuales”. Los gases de los pozos ciegos no provocaban el cólera ni enfermedades infecciosas pero su desinfección eliminaba los gérmenes patógenos de las aguas negras que se infiltraban en la tierra y los aljibes [24].

 A pesar de los avances de la Medicina, que en 1885 ya conocía la verdadera causa de la enfermedad y su transmisión, la mayoría de la población los ignoraba y por eso no se tomaron las medidas adecuadas. Fallaron los mecanismos para difundirlos. Por eso se siguieron utilizando los remedios tradicionales a pesar de su comprobada falta de efectividad. Por otro lado la prevención contra los nuevos conocimientos explica el triunfo de los antivacunas y los negacionistas ya que muchas personas se guiaron más por lo emotivo que por lo racional.

  En julio de 1885 la revista El Criterio Médico escribió que la epidemia “está dando lugar a rasgos de sublime valor en unos pueblos, de ridículo miedo en otros, de estoicismo admirable en algunos individuos, y de ignominioso egoísmo por parte de algunos más”. En esta guerra contra el bacilo del cólera hubo casos de abnegación, ayudando a los enfermos y necesitados. Algunos, como Juan Bautista Thous, fueron muy alabados por la prensa y vitoreados por sus vecinos. Pero la mayoría de ellos fueron héroes anónimos olvidados muy pronto a pesar de haber cumplido su obligación en circunstancias difíciles. Hubo también casos de cobardía, con personas dominadas por el miedo que incumplieron sus responsabilidades y huyeron de los pueblos infectados. Su castigo fue su procesamiento y destitución: “Han sido declarados procesados y por lo tanto suspensos de sus cargos, varios concejales de los Ayuntamientos de Benidorm y Relleu» «por abandono, en perjuicio de la causa pública, en tiempo de epidemia” [25].

 La del verano de 1885 fue la última de las grandes pandemias del “cólera morbo asiático” del siglo XIX. A diferencia de las anteriores, España se enfrentó a ella conociendo sus causas y su forma de propagación, aunque en aquel momento, por desgracia, esos avances no fueron lo suficientemente aceptados. Sí lo fueron en años posteriores y también en las primeras décadas del siglo XX por lo que se tomaron precauciones al detectarse el cólera en algún país próximo. Así pasó en los años 1910, 1911 y 1912 cuando se detectaron brotes de cólera en otros países y regiones pero Benidorm se vio libre de ellos. Posteriormente la amplia difusión de los mecanismos de transmisión del cólera permitió tomar medidas preventivas que se completaron con la vacunación que finalmente fue aceptada y fue la más eficaz. El cólera dejó de ser el temido azote de siglos anteriores. Reapareció en el último tercio de ese siglo (años 1971 y 1979) pero pudo controlarse de forma muy efectiva y ya no suscitó el pánico de antaño. El país y su estado sanitario habían experimentado, afortunadamente, cambios muy significativos. Hoy día el cólera en Europa ha dejado de ser un problema aunque continúa siendo un terrible azote en países subdesarrollados.

NOTAS

 Las informaciones de la prensa se han tomado de las hemerotecas digitales del Ministerio de Cultura y de la Biblioteca Nacional.

[1] El Canfali 20/03/1883.

[2] Diario El Serpis, 25/07/1885.

[3] https://www.uv.es/imeval/IMV_hist/colera.html.

[4] Semanario Católico, 10/01/1885.

[5] Eusebi Chiner Vives, Diccionari de Benidorm, entrada còlera.

[6] Monge Juárez, M.: “El método Ferrán y la inmunización contra el cólera en una ciudad del Mediterráneo. Elche, agosto de 1891” en revista Cultura de los Cuidados, año 2020. En http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2020.56.09.

[7] Periódico El Día 18/05/1885.

[8] Diario El Graduador 18/07/1885.

[9] El Graduador 03/09/1884.

[10] El Graduador 04/09/1884.

[11] El Graduador 11/07/1885.

[12] Diario El Constitucional 09/11/1884.

[13] Diario El Serpis 22/11/1884.

[14] El Semanario Católico 17/01/1885.

[15] Arxiu Municipal Benidorm, libro actas Junta de Sanidad, 5185/5. Siguiendo la normativa la Junta de Sanidad se constituyó con:

  • Alcalde: José Fuster Ivorra.
  • Médico titular: Eduardo Llorca Castells.
  • Cirujano: Pedro Galindo Such.
  • Veterinario: José Mauri Galiana.
  • Vecinos: Miguel Climent Bayona, José Pérez López, Miguel Ortuño Sanchiz (sic).
  • Suplentes:
  • Médico: Vicente Lanuza
  • Cirujano: Pedro Vives Vila
  • Vecinos: Juan Bautista Catalá; Jaime Martí Segarra; Francisco Orozco Ballester.

[16] El Constitucional 8/7/1885.

[17] El Serpis 23/07/1885.

[18] Diario El Guadalete de Jerez de la Frontera, 10/09/1885. Que este diario andaluz publique la carta nos muestra que el interés por Juan Bautista Thous trascendía a la comarca de la Marina Baixa.

[19] El Constitucional  05/08/1885.

[20] El Constitucional 03/09/1885.

[21] El Serpis 28/10/1885.

[22] El Guadalete 10/09/1885.

[23] La Correspondencia 05/08/1885.

[24] Acta de la junta de Sanidad del 26/09/1908.

[25] El Serpis 25/03/1886 y El Graduador 25/03/1886.