Autocaravana Vivir: una nueva experiencia repitiendo viaje por tierras portuguesas y el norte de España

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Leopoldo Bernabeu.- Con la misma ilusión, idéntica emoción, algo más de experiencia y menos urgencias, inicio una nueva andadura con Autocaravana Vivir.

Surcando Castilla La Mancha y Extremadura, en busca de Nazaré

Justo un mes después de haber saboreado la Jappy Experience de recorrer España y Portugal, y ver como el nombre de Benidorm surcaba valles y mares asombrando allí donde llegaba. Ahora pongo todo ese aprendizaje al servicio de quien más lo merece, mi mejor compañía, mi compañera de vida, Verónica.

Y quizás sea porque ahora observo con más fijeza y tengo a quien enseñar las alabanzas del camino, descubro lo que impresiona y agrada a centenares de sorprendidos la palabra BENIDORM, en mayúsculas, que es como recorren la columna vertebral de Autocaravana Vivir.

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Iniciamos este nuevo camino descosiendo Castilla La Mancha como una flecha atraviesa una manzana o un cuchillo afilado corta un papel, desde Alicante por Albacete y hasta Cáceres por Ciudad Real y Toledo.

El corazón de estas tierras españolas nos conduce hacia el objetivo que más impresionó a quien me acompaña de todos mis capítulos veraniegos, Nazaré. Esa tierra portuguesa famosa por las gigantescas olas que cada año hacen las delicias de los mejores surfistas del mundo. Hasta una tabla de surf ha comprado Verónica para hacer su bautizo a lo grande. Fátima me pilla de paso y allí podré rezar un poco para que nada pase…

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La primera noche, esa que queríamos pasar bajo las murallas de la imperial Toledo, nos frenó un poco antes, en Alcázar de San Juan. Es lo que tiene Autocaravana Vivir, que casi nunca se cumplen las previsiones, paras donde te pide el cuerpo y lo que sucede termina siendo siempre mucho mejor. O casi. Una primera noche con sorpresas que nos hizo madrugar y descubrir, recorrer y disfrutar las impresionantes lagunas con miles de flamencos en los alrededores de esta población manchega, famosa antaño por su estación de tren, oriunda del mejor escritor español, en disputa con Alcalá de Henares, y bendecido con la imagen de los molinos que conquistó su hidalgo Don Quijote de la Mancha en compañía de Sancho Panza, mi personaje más cercano.

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De allí, ahora sí, hacia Toledo, ciudad capital de la España medieval, en la que estuve hace más de una década y que de nuevo me ha vuelto a deslumbrar. Se cuentan por decenas las villas españolas que cuentan con cascos históricos que rezuman historia.

Ninguna ha sabido conjugar el pasado y el presente de mejor manera. Un paseo nocturno por las calles del Alcázar, la Catedral, la Judería y tantos lugares mágicos de Toledo, es algo que tus ojos han de ver antes de pasar a un mundo mejor. Sólo así se puede entender la grandeza de España.

Otro válido madrugón para rodear Toledo por la carretera paralela al Tajo y cercar desde Bisagra hasta el puente que da entrada a la ciudad y llegada al Alcázar, para regresar por el sendero de tierra que hay bajo las lomas y riscos de la ciudad antigua. Ducha y aprovechar la ocasión para que Verónica visitara a la familia. David, su primo y Grego, la mejor amiga de su madre, nacida y criada en la bajada de San Roque, ponen la guinda gastronómica a un día fabuloso, que nos termina conduciendo hacia el Parque Nacional de Monfragüe, donde otra crepuscular sorpresa nos tenía el destino diseñado.

Será una noche para siempre recordada. Aparcados en un recodo de la exigua carretera que atraviesa el parque, paramos alarmados por los cercanos e impresionantes sonidos de la berrea. Una noche de ventanas abiertas donde la única luz de las estrellas nos permitía ver las sombras de grandes ciervos que berreaban en busca de su objetivo. Toda la noche sin parar hasta que la madrugada nos condujo caminando por el borde de la carretera que surca el descender del Tajo, del cual la imagen de los vapores sobre las calmadas agua al contacto con los primeros rayos de sol, suponían el premio a una acertada decisión, aliñada con decenas de ciervos que, de vez en cuando y supongo que despistados, cruzaban de un lado a otro de la carretera, dejándonos atónitos.

Autocaravana Vivir hizo el resto, enseñándonos con tranquilidad todo el parque de Monfragüe, con parada en el Salto del Gitano, donde 80 parejas de buitres leonados hacen las delicias de cualquier que se detenga a observarlos. Todavía recuerdo cuando el pasado año los saludé por primea vez. Y de ahí, tras parada técnica de recuperación en Villarreal de San Carlos y, casualidades de esta maravillosa vida, conocer a Rocío, la madre de Adam, nuestro más afamado socorrista que se lanzó, poniendo en riesgo su vida, hace dos semanas a por la chica que desde el castillo de Benidorm cayó al agua, emprendimos camino hacia donde ahora escribo estas líneas,

Plasencia. La ciudad capital del norte de Extremadura, bonita, bien cuidada, alegre y monumental donde las haya, donde hemos visto la última película de Clint Eastwood, Cry Macho. Ahora a seguir conociéndola… bajo la luz naranja de las ciudades amuralladas.

Fátima y Nazaré, destinos que han de forma parte de tu viaje en Portugal

Y llegamos a Plasencia, capital del norte de Extremadura, después de recorrer el parque nacional de Monfragüe. Una ciudad que siempre reserva sorpresas, pues aunque la visité el año pasado en mi primera vuelta a España con Autocaravana Vivir, la he vuelto admirar, esta vez visitando su parte alta y descubriendo un acueducto que, aunque mucho menor que el afamado segoviano, nada tiene que envidiarle en belleza y conservación.

Acueducto de Plasencia
Acueducto de Plasencia

El amanecer me esperaba, mucho más oscuro que el mediterráneo a la misma hora, para recordarme que hay un sendero a la vera del río Jerte que vale mucho la pena volver a recorrer. Y allí que me fui para disfrutar de sus 11 kilómetros, justo antes de partir en dirección Portugal por carreteras que hacen las delicias de cualquiera que valore el viaje tanto o más que el destino.

Entramos en la Lusitania por Zarza la Mayor en busca de Castelo do Branco, una primera parada en mitad de nuestro transitar que en absoluto nos defraudó, recordándonos que Portugal es eso, historia y cuestas, muchas cuestas, en cada rincón que quieras conocer. Un castillo en lo más alto del pueblo al que mereció la pena ascender para disfrutar de unas vistas que dan sentido al momento.

Vuelta a la carretera, pidiéndole por favor al gps que nos evitara cualquier peaje, pues lo nuestro es visitar y disfrutar de los pueblos y sus caminos sin ninguna prisa. Conseguido el deseo, el pantano de Pedregao nos invitó a disfrutar de una comida-paisaje como pocas más vamos a saborear.

Un precioso momento de relax que de inmediato nos recuerda que Fátima, su santuario y toda su historia, nos están esperando. Y allí que llegamos cuando el sol empezaba a descender pero con la ventaja de tener una hora más de tiempo. ¿Quién había dicho que Fátima nos iba a sorprender menos que Lourdes?, gran error. Aunque quizás habría que agradecer la predicción para ir con menor expectativa. Sólo con entrar a la explanada central bastó. Impresionante.

Puede ser una imagen de una persona, de pie y al aire libre
Basílica de Fátima

Un lugar que te envuelve de inmediato y en el que, casualidad, se celebraba una Misa en ese momento que trasladaba toda la solemnidad del lugar. Velas para aquellos que recordamos y a recorrer todas sus estancias, estatua en homenaje a Juan Pablo II incluída… todo un regalo para la vista y un espectáculo para cualquier cristiano.La noche había caído, pero esta vez no viajo solo y hay alguien que a esa hora se atreve a conducir. Verónica tenía ilusión por alcanzar Nazaré y la villa de las olas gigantes estaba tan sólo a 35 kilómetros.

En media hora estábamos en el mismo lugar en el que paré Autocaravana Vivir hace ahora mes y medio. Situada justo en medio de Portugal, entre Lisboa y Oporto, Nazaré es tierra de leyendas y tradiciones, de mar y pesca, de gente que de inmediato demuestra su sencillez y hospitalidad.

Nazaré
Nazaré

La mañana me sorprendía con una considerable niebla que amenazaba con estropear las vitas pero que a mediodía nos dio un respiro. En mi habitual caminar matinal volví a recorrer todo Nazaré, desde lo alto de la loma hasta el puerto, su playa y paseo central, alcanzando las infinitas escalinatas que te llevan a la playa da Norte, inmensa y de arena dorada, rodeada de dunas, bosques y pinos, en la que desde Octubre hasta Febrero se pueden admirar las olas más grandes del mundo. Vuelta a la Autocaravana, ducha y a visitar todo en profundidad. Sus barcas tradicionales, el Santuario de la Virgen de Nazaré, el Fuerte de San Miguel Arcángel y su Faro… así hasta sentarnos y disfrutar de un sabroso bacalao y un caldero de pescado.

De ahí al Funicular que nos devolvía a la parte Norte, y en Autocaravana Vivir hasta el idílico paisaje que nos espera en la mismísima playa da Norte, pisando la arena, viendo las olas y recordando que mañana ya es Octubre.

¿Pasará algo inesperado? En el próximo episodio lo contaré. Sin dejar de contar la anécdota del día por merecida, el encuentro con Carlos Ordóñez, un español que ha dado varias vueltas al mundo en bici y con el que coincidimos en el camino del Farol, sólo me falta añadir que de nuevo esta aventura está siendo una Jappi Experience que recomiendo a todo el mundo, sobre todo a los que me decís que “ya me gustaría”. Os recuerdo que “sólo se vive una vez” y que nos iremos de aquí con lo mismo que llegamos.