Hijo de puta…¿hay que decirlo más?

HIJO DE PUTA (Canción completa) - YouTube

Fernando Fer.- La otra tarde mientras paseaba a Bono,  mi amigo de cuatro patas,  tiraba de mí como de costumbre para guiarme hasta el lugar donde vive su amiga perruna.  Ante mi insistencia de ir por donde siempre, optó por cabecear mis pantorrillas hacia donde él quería con descaro,  y ante mi negativa el hombrecillo daba vueltas a mis piernas para enrollarme su correa!!  se paró de golpe y me miró como un niño sin su galleta preferida.  Sí, es un animal entrañable como casi todos y lo adoro, pero qué hijoputa!!  Solo diez meses de vida y ya me lía.  

Recuerdo que cuando era niño cierto día mi serenidad e inocencia quedó agrietada cuando contemplé por primera vez una pelea callejera entre dos hombres de mediana edad, una experiencia terrible, no había quien los separara, había caballo ganador, el cual espetó un par de veces “hijo de puta”.  Poco después yo mismo lancé tan defensivo e insultante alarde al amigacho del barrio que siempre me puteaba o eso intentaba…y aquel fue a su madre y su madre a la mía…

Sin descartar que de no haber insultado a aquel muchacho nada habría cambiado y me habría dejado secuelas….aquello era la Ley de la calle, años 80 en un barrio donde la heroína hacía estragos y era raro el día que no apareciera una sombra demacrada buscando una colilla que echarse a la boca o algún capullo pidiéndonos los cuatro duros que llevábamos en el bolsillo en contraste con el vuelo de aquel nuestro balón de fútbol entre coche y coche mientras sonaba Mecano en el primer piso de aquel edificio o en el Renault 5 turbo que venía a recoger a la guapa del barrio ante nuestra mirada todavía enclenque y precoz.

La palabra o expresión  hijo de puta ha tenido su propia historia, fue una palabra prohibida y tabú sólo al alcance de marrulleros y malhablados o gente de mal cagar;  hoy en día se podría decir que uno caga más a gusto si la ha autodirigido a quien según su propio juicio más lo merecía o venía a cuento, lo que es más liberador que soltarlo al amigacho de turno con forma casi aterciopelada.  

Nuestra ínclita palabrota ha evolucionado hasta convertirse en una recurrente  descarga de energía.  En la actualidad cobra el sentido atmosférico que queramos darle adaptandose a cada situación de forma casi terapéutica,  pocas veces pasa desapercibida.  Hijos de puta hay de todos los colores y tamaños, puede ser el malvado de la serie que nos tragamos para matar el tiempo no sea que coger un libro nos dañe la razón y los riñones, el colega que se ha hecho a la buenorra del bar,  Messi (o monsieur) goleando a nuestro  equipo sobre la campana, al político chorizo, al violador,  al maltratador, al intolerante, a los de tabacalera, a los lobbies de las farmacéuticas…no escatimemos,  a estos hay que llamarlos por nuestro impetuoso nombre.

Porque hijo de puta o hijoputa no nos engañemos, suena bien, suena a golpe en la mesa, con una jota que llegó a nuestro alfabeto del mismo cielo árabe, a la que  podemos poner el énfasis necesario para cada situación…”pero qué hijjjjjjo de puta..” (nivel Dios)  y una P que monta a caballo a la jota como unos recién casados.

Mención especial a  los chicos de Muchachada Nui y su Hora Chanante por mostrarnos el camino con aquel mítico homenaje a tan sonora  expresión.