
Fernando Fer.- La otra tarde mientras paseaba a Bono, mi amigo de cuatro patas, tiraba de mí como de costumbre para guiarme hasta el lugar donde vive su amiga perruna. Ante mi insistencia de ir por donde siempre, optó por cabecear mis pantorrillas hacia donde él quería con descaro, y ante mi negativa el hombrecillo daba vueltas a mis piernas para enrollarme su correa!! se paró de golpe y me miró como un niño sin su galleta preferida. Sí, es un animal entrañable como casi todos y lo adoro, pero qué hijoputa!! Solo diez meses de vida y ya me lía.








Debe estar conectado para enviar un comentario.