Ya no se baila ni en Cuba

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Fotografía de El Confidencial

Fernando Fer.- Cuando 2020 daba sus primeros pasos, cifra mágica y año único por su redondez tan insoportablemente exacta como esperanzadora, rondaba ya la ventana azul y blanca de la primavera y apareció el monstruo virulento de una pandemia que todavía nos tiene paralizados y expectantes, desdibujados y enrarecidos. 

Opiniones de todos los colores, unas más serias y empíricas  que otras, algunas menos desdichas por otros que muchas y para gustos colores, pocos se ponen de acuerdo sobre el motivo de su aparición: un laboratorio en Wuhan, la comida a base de murciélago, el ritmo inalterable de la madre naturaleza o la conspiración descarada de unos cuantos malvados que se quieren deshacer del  tercio de la población y otras ciencias no exactas o superproducciones…

Queda poco, o al menos vamos descontando,  para el final con asterisco de esta situación de alarma social.  Hay expertos que vemos como tales porque así nos lo cuentan medios con cierta reputación conocidos por todos, científicos, virólogos, epidemiologos, pero muy pocos coinciden en la forma exacta de propagación de la misma, en qué vacuna es la más segura o en cuándo volveremos a poder tocarnos sin miedo.  Supongo que el tiempo nos irá delatando y descifrando el quién y el cómo.

Y para colores, sabores y ritmos enriquecedores los cubanos, la tierra de Compay Segundo y Machín,  por nombrar dos que representan a cientos que parieron al mundo boleros, salsas, bachatas y ritmos de todos los aromas , a café y caña de azúcar, como las calles de La Habana.   Guajiras y Guantanameras para bailar aunque ahora se baile menos.  Música para soñar y hacer soñar a ese bendito lugar con un futuro mejor que el que han tenido durante los últimos 60 años.   Cuba se encuentra al borde de una guerra civil que esperemos que nunca llegue, y es que   nunca hubo música en Cuba que contradijera a Fidel y a los suyos, la guerra no va con Cuba. 

Nadie tiene una venda en los ojos con lo que ocurre allí y menos los españoles, su madre patria, la nuestra.  Aunque al final sea la CIA americana la que arregle o desarregle el desaguisado lo importante para los cubanos es vivir en paz para poder bailar, para poder soñar de nuevo. Harta ya de ir al supermercado a comprar un kilo de arroz porque dos es mucho y porque así lo dice la mano injusta de un comunismo que planta cacao para no consumirlo.

Que baile Cuba y que vuelva a bailar el mundo.  Que quien baila, ya sea solo o acompañado se reencuentra con su yo más real y soñador a la vez.   Hasta Mbappé, el niño futbolista propiedad de un superpoderoso y temerario país, un niño que sueña con jugar de blanco y en España,  tiene sonrisa cubana, tiene mirada cubana. 

…Y mientras cabalgamos sobre la agotadora y tensa espera de que algún matemático esboce el algoritmo adecuado que nos lleve a ver la luz al final de este túnel, a alcanzar esa normalidad que tanto añoramos y que jamás imaginamos hacerlo.  Nunca una cepa o un virus nos hizo estar tan alerta más allá de la cepa que pare el vino que a veces nos embriaga o el virus de la gripe que ha resultado ser el hermano pequeño de Godzilla-19. 

Y a todo esto y a mitad de verano, nuestros veinteañeros ya se dan por aludidos ante la nueva oleada que les toca de lleno, no por sorpresa, pero sí sin vacunar y parece que se esfuerzan en dar otro verano por perdido o como mucho empatado aunque les sepa a derrota.
Quién no ha tenido 20 años al menos una vez en la vida…