El atractivo natural símbolo de la ciudad: l’Illa o Isla de Benidorm

Frente a la bahía de la turística ciudad de Benidorm, a unas dos millas náuticas de la costa y dentro del área de protección del Parc Natural de la Serra Gelada, se encuentra una pequeña isla llamada simplemente l’Illa o Isla de Benidorm. El atractivo natural por excelencia del antaño pueblo o ciudad que antiguamente veían cuando se aproximaban por la carretera nuestro fiel turismo nacional familiar, con el que nos levantábamos todas las mañanas los/-as benidormenses que aquí hemos nacido o los que han llegado posteriormente. Impresionante fotografía natural con la que muchos y muchas de nosotras tomamos el primer café.  

Belén Richarte.- A unas dos millas náuticas de la costa y dentro del área de protección del Parc Natural de la Serra Gelada, encontramos l’Illa  o Isla de Benidorm: con una extensión de en torno a siete hectáreas y una altitud máxima de 73 metros sobre el nivel del mar.

Desde el punto de vista geológico la Isla de Benidorm está constituido por rocas cretácicas, según el Departamento de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la Universidad de Alicante (2007).

A la Isla se puede llegar en menos de treinta minutos desde Benidorm, para lo cual es necesario embarcarse en una de las ya míticas “golondrina” y, aunque está deshabitada, cuenta con un pequeño embarcadero, un faro y un único restaurante. Es posible recorrerla, a pie y fácilmente, a través de las sendas que en ésta existen.

Antiguamente, los turistas y foráneos que desembarcaban en La Isla se encontraban las delicias de sendos pavos reales, que lustrosos ellos, abrían sus majestuosas colas de mil colores con la que recibían a los visitantes.

En 1999 la Isla de Benidorm fue el escenario escogido por  Medio Ambiente para el reforzamiento poblacional de la gaviota de Audouin, una especie única del Mediterráneo que se consideraba globalmente amenazada. Un proyecto piloto entonces cuyo objetivo consistía en la creación de una nueva colonia en l’Illa en la que se introdujeron 60 pollos de este tipo de gaviota con el fin de que anidaran y formaran su propio núcleo poblacional. ¡La iniciativa ha sido todo un éxito y las gaviotas sobrevuelan la Isla, Benidorm y todos los alrededores, y con su graznido anticipan el azul turquesa del Mediterráneo!

L’Illa como refugio

Si nos remontamos dos siglos atrás, hacia el año 1834, sirvió como refugio para varias familias de Benidorm y La Vila Joisa, ya que estos municipios estaban sufriendo las consecuencias de una epidemia de cólera, según atestiguan fuentes orales.

En el siglo XX la pandemia más grave fue la ocurrida en 1918 y 1919, conocida como la “gripe española”, que produjo en la ciudad de Valencia la tasa de mortalidad más elevada desde 1850. En octubre de 1918 se produjo el mayor número de personas muertas por esta infección con 683.

Durante los siglos anteriores, los piratas fondeaban en La Isla, utilizándola de base para sus ataques a las poblaciones costeras. Tiene valor la fauna y la flora existente, pero es más rica aún la situada bajo sus cristalinas aguas, por la cantidad de hábitats sub acuáticos que hacen las delicias de los amantes del submarinismo o la pesca submarina.

Es curioso apuntar que desde el siglo XVI la pesca en La Isla y sus alrededores está regulada y han ido alternándose desde entonces las flotas de Benidorm y de La Vila Joiosa en el aprovechamiento de los bancos de peces, que antaño eran más abundantes que en la actualidad.

Anteriormente, la isla pudo ser utilizada en diferentes ocasiones, por los piratas berberiscos, como base de operaciones en sus numerosas incursiones a las poblaciones costeras de la zona.

La de Benidorm, una Isla poblada*

El contacto habría empezado en la Prehistoria, según la página web del “Instituto de Ecología Litoral” . Dice que los primeros indicios de actividad humana en ella se remontan al Neolítico: “Se tiene constancia de que en el Neolítico (hace más de 7.000 años) era un lugar importante para la pesca”. De ello han dejado referencia los primeros agricultores valencianos, también denominados pueblos de la cerámica cardial, que habían llegado por mar a estas tierras.

Actualmente, la La Isla está despoblada, a excepción de las gaviotas que allí asentaron perfectamente su colonia en 1999.
       

Para la antigüedad clásica hay una información curiosa que recogía el diario ABC del 22 de agosto de 1983. Según este medio, Luis Duart Alabarta, párroco de Benidorm y gran aficionado a la Arqueología y a la Historia Antigua, sostenía que Amílcar Barca, padre de Aníbal, había nacido en la isla de Benidorm. Decía basarse en textos antiguos, aunque el articulista no especifica autor o autores ni época, así que la afirmación resulta imposible de verificar.

La verdad es que no se conoce nada de la biografía de Amílcar, ni siquiera el nombre de sus padres, hasta el momento en que tomó el mando de las tropas cartaginesas en Sicilia durante la Primera Guerra Púnica. El autor clásico que mejor relata estos hechos es Polibio, el cual no dice nada de su lugar de nacimiento.

Respecto a su hijo Aníbal sí que defienden algunos autores que nació en una isla, pero se refieren a la de Conejera, junto a la de Cabrera, en las Baleares. Se basan en un texto de Plinio el Viejo pero es tan impreciso que es muy probable que se trate de una interpretación errónea. Las biografías señalan Cartago como su lugar de nacimiento.

En cambio para la época romana sí que hay información más clara. Las primeras noticias sobre restos arqueológicos las suministró José Belda, director del entonces Museo Arqueológico Provincial de Alicante, actual MARQ. En la década de 1940, en sus visitas a Benidorm o durante sus excavaciones en el Tossal de La Cala, debió desplazarse a La Isla, donde pudo atestiguar la existencia de un yacimiento arqueológico.

Años más tarde, en septiembre y octubre del año 2000, Antonio Espinosa, Gabriel Segura y Josep D. Busquet realizaron una excavación arqueológica en un área de de 8 m2. Encontraron elementos de la época romana altoimperial y bajoimperial; es decir desde el siglo I hasta el V de nuestra Era. Entre ellos destacaron restos de fauna doméstica, alineaciones de muros rectilíneos de mampostería formando edificios de planta rectangular y restos de un hogar construido con fragmentos de ladrillo y trozos de dolia (grandes recipientes cerámicos de hasta1, ocho metros de alto).

Los materiales extraídos se depositaron en el MARQ. Se trata de cerámica común romana, de cocina, ánforas, terra sigillata sudgálica e hispánica, terra sigillata clara A y D y monedas de los emperadores Adriano, Arcadio y Valentiniano.

También aparecieron en esa excavación elementos islámicos de los siglos XII y XIII, destacando un ataifor o plato hondo de época andalusí, melado en amarillo y manganeso.

Todo este material vendría a demostrar o son más que evidencias de que en época romana y al final de la época islámica, durante la dominación almohade, La Isla sí que tuvo un pequeño núcleo habitado lo cual invalida la afirmación, tan generalizada, de que siempre ha estado despoblada.

Arqueología Subacuática

Igualmente, el fondo marino próximo a La Isla también ha deparado hallazgos arqueológicos sobretodo de ánforas romanas. Según Antonio Espinosa, director del Museo de Arqueología de La Vila, “deberían pertenecer a pecios, ya que la La Isla no ofrece buenas condiciones como fondeadero”.

Tras la Conquista Cristiana, a mediados del siglo XIII, ya deja de haber testimonios de su ocupación directa. La inseguridad que causaba el corso musulmán en todo nuestro litoral durante la Baja Edad Media y en los siglos XVI y XVII es razón más que evidente para explicar su despoblación.

Buen banco de pesca para Benidorm y La Vila

Pero a pesar del peligro, la abundancia pesquera de la zona siguió atrayendo a los pescadores de Benidorm y La Vila.

En la Carta Puebla de 1325 Bernat de Sarrià da libertad de navegación y pesca a los habitantes de Benidorm aunque se reservaba como impuesto la décima parte del pescado.

No se nombra La Isla, pero es casi seguro que el pescado obtenido en sus proximidades era importante. Al menos lo era en el siglo XV y eso queda atestiguado por un documento emitido en 1452 por el rey Alfonso el Magnánimo. Con él otorgaba a Villajoyosa el privilegio de seguir pescando en La isla de Benidorm sin tener que acudir a dicha localidad a pagar los correspondientes impuestos al señor de Benidorm.

La torre vigía en la isla de Benidorm

En el siglo XVI vuelve a aparecer La Isla “de Benidorme” en el conocido informe sobre la defensa de la costa que el virrey Vespasiano Gonzaga enviaba a Felipe II. Según cuenta estaba deshabitada y era aprovechada por los corsarios musulmanes para ocultarse. Como Benidorm estaba despoblado, eran los habitantes de Villajoyosa los que más interés tenían en defender la isla con una torre. Vespasiano expone al rey sus dudas pues, aunque ve que es un buen proyecto, encuentra dificultades prácticas para realizarlo.

En el mismo documento se encuentra la respuesta que daba a este informe Luis Fajardo, señor de Benidorm y propietario de la isla. Entre otros detalles, corroboraba el peligro que suponía la isla de Benidorm: “Demas que de cuatro millas a la mar endereçera del castillo a la parte de medio dia esta una ysla que se llama la ysla de Benidorme a las espaldas de la qual ay otras calas que por ninguna via pueden ser descubiertas las galeotas ni molestadas.”

A pesar de que el escrito que se envió en 1595 a Antonelli era muy minucioso en cuanto a las dimensiones, estructura, artillería, etc., la torre no se construyó. Había discrepancias. También se pudo tener en cuenta su alto coste y que la actuación combinada de las torres de la Bombarda, les Caletes, Castillo de Benidorm y torre de l’Aguiló permitía una observación suficiente de la isla y las naves corsarias podían ser avistadas en cuanto saliesen de ella, dando la alarma y poniendo en marcha el sistema defensivo.

En los siglos siguientes el islote de Benidorm siguió sin estar habitado aunque era visitada por pescadores. El “Diccionari de Benidorm” explica que era costumbre de los pescadores desembarcar en la isla y para asar pescado antes de regresar a casa. Por eso surgió la expresión “Foc a l’Illa, peix a terra” (si hay fuego en la isla, habrá pescado en tierra).

El faro del islote de Benidorm

Una de las muchas novedades que aportó el siglo XIX a la navegación, además del vapor, fue la introducción de los faros. En España el proceso arrancó en 1848 al crearse la Comisión Especial de Faros que debía redactar un plan de construcción de estas señales luminosas como ayuda a la navegación. En el mapa elaborado ese mismo año en la provincia de Alicante sólo había dos. Posteriormente, en 1858, la Comisión amplió el listado, incluyéndose en nuestra comarca el de Villajoyosa, pero no el de Benidorm.

El profesor Francisco Amillo asegura que “no he conseguido encontrar la fecha de construcción del faro pero debió ser a principios del XX. En 1894 se asigna un presupuesto para el estudio de un  faro de tercer orden del islote de Benidorm y en 1896-7 se asignan 300 pesetas para su proyecto. Su construcción ha de ser posterior a esas fechas”.

 El 1 de abril de 1898 la revista “El mundo naval ilustrado” se quejaba sobre el incumplimiento de numerosos proyectos de faros que no se llevaban a cabo. Entre ellos cita el de Benidorm.

En 1913 el gran historiador Figueras Pacheco publicaba la siguiente referencia al faro, dejando muy claro que en dicho año aún no estaba construído: “El pueblo de Benidorm en la ensenada de su nombre, aparece sobre un cerro llamado Canfali, que se halla inmediato al mar. Antes de llegar a este sitio, encuéntrase la rada de Benidorm, bordeada de finísimas arenas que el viento transporta con frecuencia, y próximamente, frente al centro de la rada, surge la isla que lleva el mismo nombre, no desprovista de importancia para la navegación, como lo prueba el hecho de haberse intentado colocar un faro en ella”.

Según Celia Chaín, catedrática de Documentación de la Cátedra de Historia Naval de la Universidad de Murcia el faro de Benidorm no aparece en el libro de faros de 1926 pero sí en el de 1930, con lo que tenemos ahí un período de entre tres o cuatro años en los que pudo edificarse. En la revista editada en Benidorm en 1929 y 1930 para celebrar el segundo centenario del hallazgo de la Virgen del Sufragio también se cita el faro, por lo que su entrada en funcionamiento debió producirse entre 1926 y 1929.  Y afinando un poco más tenemos que, ya funcionaba en 1928 según se deduce de una disposición publicada en la “Gaceta de Madrid” del 21 febrero: “Aprobar como crédito para la adquisición de energía eléctrica, de gas acetileno y de combustible, aceites, etc., para la producción de estos iluminantes, en los faros que tienen establecidos estos sistemas de alumbrado durante el año 1928, los que se detallan en la siguiente relación”. En dicha relación figura el faro de Benidorm.

Con el tiempo los faros se fueron modernizando y cambiando a otros combustibles más eficientes como aceite mineral y parafina. En el siglo XX vino el gas de acetileno obtenido a base de carburo y posteriormente el petróleo. Eso supuso el automatismo de las señales luminosas y, poco a poco, los torreros y sus familias dejaban de estar obligados a vivir en pequeños islotes como el de Benidorm, con un aislamiento extremo en casos de temporal. Finalmente vino la electrificación total, con energía solar, y desde 1980 la electrónica y el telecontrol. En 1992 con la “Ley de Puertos y de la Marina Mercante” se extinguía el Cuerpo de Técnicos Mecánicos de Señales Marítimas.

En muchos casos adecuar el faro a los nuevos requisitos era más caro que construir uno nuevo y eso es lo que pasó en la isla de Benidorm, por lo que se conservan ambos faros. El moderno es una torre troncopiramidal blanca que tiene siete metros de alto aunque el foco luminoso está a 60 metros sobre el nivel del mar al estar sobre el acantilado. La luz es blanca y su alcance es de siete millas náuticas.

La isla por fin de Benidorm

Tras siglos de pleitos y conflictos entre Benidorm y La Vila Joiosa por su propiedad, el alcalde Pedro Zaragoza Orts, consciente del gran valor de La Isla para el sector turístico de la localidad, intentó que pasase a ser propiedad de su Ayuntamiento.

En 1957 pidió al almirante Julio Guillén Tato que gestionara ante el Ministerio de Marina que pasara a propiedad municipal.Para ayudar en esa decisión el 16 de noviembre de 1959 el pleno del ayuntamiento aprobaba una partida presupuestaria de 25.000 pesetas para construir la casa de un guarda de La Isla. La normativa determinaba que las islas no habitadas eran propiedad Estatal. Como a partir de ese momento ya iba a estar habitada, el Gobierno de la nación podría transferir al municipio su titularidad.

Según informaba el Boletín Municipal de marzo de 1959:
       

“Se procede por la Alcaldía a dar lectura a una misión sobre la conveniencia de construir una casita en la Isla a ocupar por un guardián de la misma y que se proceda a su repoblación forestal; todo ello para dar validez a los derechos que sobre la misma tiene el Ayuntamiento de Benidorm. Es aprobada por unanimidad esta moción, debiendo hacerse efectivos los gastos de construcción de esta casilla con cargo a un presupuesto del año próximo”.

En abril de 1960 se comunicaba a Vicente Navarro Torres que se le había designado como guardia de La isla con un sueldo mensual de 910 pesetas y la obligación de residir en ella en la casa recién construida.

En 1989, el Plan General de Ordenación Urbana catalogó el lugar como “zona verde municipal” pero cinco años después se dio a conocer una nota simple del Registro de la Propiedad número 1 de Benidorm en el  que se indicaba que la finca era “rústica” y de propiedad Estatal. Estaba inscrita con el número 6.896, tomo 144, libro 46 con fecha de 24 de diciembre de 1963. “Y así sigue hasta la fecha, a pesar de que en el año 2005, el Ayuntamiento de Benidorm pidió a la Dirección General de Costas que le devolviera el dominio de la isla”, se lamenta Amillo.

        * Gran parte de este reportaje está basado en el artículo del prestigioso profesor, Francisco Amillo, “La Isla o el islote de Benidorm”, mitos realidades, leyendas, pasado y presente”, publicado en su blog HISTORIAINFO BENIDORM.

Fotografías cedidas por Chary García