
El tema de la suciedad en Alicante es algo recurrente no sólo en los últimos meses o años, no. La cosa viene de tiempo, como a continuación veremos.
El examen de la limpieza viaria no lo superan ni los ciudadanos (son los que ensucian en primera instancia) ni las autoridades municipales (da igual el color) que son las que deben poner los medios que resulten efectivos para tener la urbe limpia como una patena, a través de campañas de educación y concienciación, dotándola de los medios mecánicos y humanos para conseguirlo. Nuestro ayuntamiento invierte más de 50 millones de euros pero con resultados poco apreciables. La sensación es la de una ciudad sucia y descuidada. Quizá los medios y los mecanismos de control para esas tareas de limpieza urbana no sean los más adecuados.
Como decía, el problema parece endémico en Alicante. El 6 de junio de 1921 (sí, hace más de un siglo) el periódico de la terreta El Luchador publicaba en primera página:
“La vía pública requiere más cuidados por parte de las autoridades y de los particulares. En Alicante tenemos las calles y plazas bastante sucias y las seguiremos teniendo tan sucias aunque al servicio de limpieza se destinen no ya cincuenta duros diarios, sino quinientas pesetas o más”.
O 50 millones de euros… o más, que con las ampliaciones de la contrata suponen una cifra cercana a los 10 mil millones de pesetas, muy lejos de las 180 mil pesetas a las que como coste anual se refería la prensa de 1921. Concluía El Luchador señalando que con los medios disponibles y la aplicación que se hacía de ellos
“es imposible lograr que la población ofrezca el aspecto de urbe moderna, en bien de su crédito y en beneficio de la salubridad”.
Pues chimpún. Un siglo después la idea no parece haber cambiado en demasía: se invierte mucho dinero para que la ciudad esté limpia y reluciente pero no es esa la sensación que tenemos. Da igual la manera de pensar de cada cual, la coincidencia es que Alicante está sucia. Para comprobarlo basta un golpe de vista y no únicamente al suelo. Paredes, farolas, bancos públicos, papeleras son elementos que si no tienen el mantenimiento adecuado crean sensación de desidia y más suciedad añadida a la del suelo que pisamos.
Paredes y puertas pintarrajeadas, bancos sucios y deteriorados, farolas repletas de pegatinas y cartelitos, papeleras estropeadas y quemadas por las colillas de los viandantes. Todo esto y más, junto a un pavimento sucio, repleto de chorretones y pegotes, con baldosas y bordillos defectuosos, dibujan un conjunto de lamentable presencia. Y no estoy hablando del extrarradio, de las afueras, no. Hablamos del centro de la ciudad, del escaparate, ese por el que paseamos los alicantinos y los miles de visitantes que escogen nuestra ciudad para darse un disfrute vacacional y que (a tenor de las cifras oficiales) cada vez son más.
A continuación les invito a dar una vueltecita por algunas de las calles y plazas del centro (naturalmente lo que a continuación mostramos es una pequeña porción de la realidad). Las imágenes hablan por sí solas. Nos damos un garbeo entre la avenida de Maisonnave y la Explanada, sin pretensión de ser exhaustivos, mirando las cosas conforme saltan a la vista.
Avenida Maisonnave
La vía más comercial de Alicante, bautizada pomposamente en su día como la “milla de oro”, hoy se asemeja más a la “milla de mugre”. Debería relucir pero la impresión es de desidia en su cuidado por parte de todos.
Bordillos y aceras estropeados cuando no rotos, chorretones y manchurrones bien visibles durante semanas y esos pegotes negros que ya forman parte del paisaje en las calles alicantinas. Pintadas y rayajos a gogó. Farolas repletas de pegatinas y cartelitos que no las embellecen precisamente. Hasta la verde naturaleza se abre paso, contra viento y marea, en forma de hierbajos que surgen por el escaso mantenimiento.

Calle Pintor Aparicio
Con El Corte Inglés de fondo las farolas (enseñamos una para no resultar pesados) presentan un aspecto lamentable tanto en la base (orines) como en el soporte vertical (las consabidas pegatinas y cartelitos). Los pegotes de suciedad tienen solera, no son de ayer. La papelera, situada en la vecina calle de Reyes Católicos, es una de tantas cuya tapadera se utiliza como cenicero.

Calle Pintor Lorenzo Casanova
Aquí mas de lo mismo, con el añadido de las múltiples defecaciones de palomas que campan a sus anchas por la zona poniéndolo todo perdido (aceras, vehículos, cornisas) y obligando a muchos vecinos con balcón a colocar artilugios que las ahuyenten y eviten que les caguen la terraza, el toldo, etc. Sucede frente a un conocido hotel de 4 estrellas, una imagen impagable para sus huéspedes, tanto nacionales como extranjeros.

Plaza Séneca
Los terrenos que albergaron durante décadas la estación de autobuses y los edificios de viviendas sociales son, desde el mandato de la alcaldesa Sonia Castedo, una plaza que prometía como espacio de solaz y recreo pero que hoy está degenerando en “hotel” al aire libre para personas que prácticamente viven allí… y no son pocas. Echemos un vistazo.
Ríos de orín permanentes, excrementos mayores incluso en las puertas del refugio, los consabidos manchurrones y pegotes junto a las columnas de la marquesina e incrustados en el suelo (aquí el descuido de los dueños de mascotas tiene mucho que ver), cartones que sirven de somier a quienes “okupan” la plaza, personas que duermen la mona a cualquier hora y suciedad generalizada son el pan nuestro de cada día en la céntrica plaza Séneca. Situaciones que cada vez se enquistan más. Todos los días pasa el servicio de limpieza a primera hora aunque no se nota mucho. Algo falla y habría que hacérselo mirar.

Calle Portugal
Suciedad incrustada en suelo y bancos, tanto en la fachada principal del edificio municipal como en las aceras colindantes. Los humanos, el descuido con sus mascotas y las palomas se encargan de ello. Los animales bípedos también pintarrajean el entorno. De pena.

Casa Alberola
De camino a la Explanada encontramos un trozo de la antigua Casa Alberola (1894), troceada hace décadas y ahora convertida en un sarcófago urbano (junto a la sede universitaria) donde lucen la suciedad y el abandono.

Explanada de España
El paseo más emblemático de Alicante desde hace generaciones. Vaya por delante que el suelo de teselas de mármol necesita una limpieza y mantenimiento más allá del barrido y baldeo. Maquinaria más moderna.
El letrero con el nombre del paseo lleva tiempo roto, el poste que lo sustenta resulta impresentable para el señorío que debería tener la Explanada. Pegotes y manchas perennes. La jardinería pobre, muy mejorable (es mucho más vistosa en la mediana de la vecina carretera, actual Paseo de los Mártires). La mayoría de los galanes de noche han desaparecido de su ubicación en los extremos de los parterres rectangulares.

Quiero pensar que el gobierno municipal desea lo mejor para la ciudad. Pero este apartado de la limpieza y salubridad viaria resulta en “prueba no superada”. Invertimos los alicantinos mucho dinero y el fracaso es evidente, la suciedad (en las múltiples formas mencionadas) forma parte de nuestro paisaje urbano. Todo a un golpe de vista.
Benjamín Llorens
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