
Si la vida es sueño, viví dormido como hace cincuenta años en Les Fogueres de San Juan y luego días de amistad, playa y pasacalles por san Pedro en la Isla de Tabarca. En el pentagrama de la vida (medio siglo después) es hoy real el reencuentro de los niños y adolescentes amigos músicos.
Qué fortuna la mía por nacer en un pueblo de la Vega Baja alicantina del río Segura, Granja de Rocamora y su huerta antaño fértil. Porque nací donde aman la música desde mediados del siglo XIX. Allí también se amaba, más que hoy en casi todo lugar, y se admiraba el teatro por disponer de un recinto teatral donde, fines de semana y fiestas, un elenco de actores y actrices del pueblo interpretaba obras para la parroquia local, pueblos y ciudades vecinas. Cox, Callosa de Segura, Albatera, San Isidro, entre otras. Aplausos atronadores, aseguran las crónicas de la época. Conocí a Jusepe (RIP), genial cómico, pues con un gesto mudo me arrancaba carcajadas.

Sueños y música
De la inolvidable academia de amigos educandos, luego también niñas, a la que acudí la vez primera a mis ocho años (verano de 1969), de aquella banda Nueva Unión Musical, salieron músicos hacia el conservatorio superior Óscar Esplá en la capital alicantina. Muchos luego profesionales que por oposición consiguieron su plaza como instrumentistas músicos en distintas bandas militares del Ejército de Tierra, de la Marina y Ejército del Aire. Queda sólo uno de ellos en activo en la banda de música de la Academia Militar del Aire y el Espacio en San Javier. El resto se jubiló felizmente en Valencia, San Javier, Zaragoza y Melilla.
Por fortuna, gracias a nuestras acciones, desde el 9 de marzo del año pasado, quienes fuimos niños y adolescentes músicos, amigos, nos reencontramos cada dos o tres meses en nuestro pueblo. Este sábado 4 de julio se reaviva otra vez nuestra amistad infantil y adolescente fraguada por el calor incombustible de la banda de música nacida del atrevimiento rebelde de cuatro pioneros: Carmelo Sáez, Emiliano, Pedro ‘El Tejera’ y Ángel. ¡Gracias por vuestra osadía! Sólo mata el olvida. En nuestro recuerdo agradecido estáis vivos. Seguro estoy de que sentís felicidad en cada reencuentro hoy nuestro. También, vuestro.
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