El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, ha mantingut una reunió amb l’Excel·lentíssim Arquebisbe de València, Monsenyor Enrique Benavent Vidal.
Esta trobada s’emmarca en la ronda de contactes que el cap del Consell manté de manera periòdica amb diferents institucions de la Comunitat Valenciana.
Reservas anticipadas de entradas a través del correo electrónico secretario@rotaryalfaz.com o del teléfono 673 01 20 31. Las entradas también estarán disponibles en la taquilla de la Casa de Cultura antes del inicio del concierto
Hay una creencia que sigue haciendo daño en muchas organizaciones: que un buen líder es el que siempre tiene la respuesta, siempre mantiene el rumbo y nunca duda. Spoiler: eso no es liderazgo. Eso es rigidez disfrazada de seguridad.
Llevo años acompañando a líderes y equipos, y lo que más me ha enseñado el trabajo real —el que pasa de puertas adentro, no en los manuales— es esto: El liderazgo no es una línea recta. Es una tensión constante entre opuestos.
Y la clave no está en elegir un lado. Está en saber navegar entre los dos. Hablar… o escuchar. Ejercer poder… o empoderar. Ser consistente… o adaptarte cuando el contexto lo exige. Confiar en tu instinto… o dejarte guiar por los datos. Ninguna de estas opciones es la «correcta».
Las dos lo son, dependiendo del momento, del equipo y de lo que está en juego. A eso lo llamo las tensiones del liderazgo: esos pares de opuestos que no se pueden resolver eligiendo uno y descartando el otro. Hay que sostenerlos.
Hay que aprender a moverse entre ellos con criterio. Y ahí está el punto ciego de muchos líderes hoy: Algunos son muy buenos hablando, pero casi nunca se detienen a escuchar de verdad. Otros tienen una visión preciosa… pero se pierden en la ejecución.
Hay quienes cuidan tanto la empatía que evitan conversaciones incómodas que el equipo necesita. Y quienes confían tanto en la experiencia acumulada que cierran la puerta a perspectivas nuevas. No es falta de capacidad.
Es falta de conciencia sobre dónde está el desequilibrio propio. ¿Cómo empezar a trabajar esto? Aquí van algunas preguntas que uso en procesos de desarrollo con líderes:
¿Hacia qué polo tiendo de forma automática? (¿Soy más de hablar o de escuchar? ¿Más de autonomía o de apoyo?)
¿Mi equipo experimenta ese sesgo como un problema? A veces lo que para mí «funciona» está generando fricción que yo no veo.
¿Qué tensión me genera más incomodidad? Esa suele ser la que más necesita atención.
¿Qué contexto tengo delante ahora mismo? Porque la misma persona puede necesitar franqueza hoy y compasión mañana.
¿Estoy liderando desde el miedo o desde la elección consciente? Muchos patrones rígidos vienen de ahí.
El liderazgo consciente no es el que nunca comete errores. Es el que se conoce bien, detecta sus desequilibrios y ajusta sin perder su esencia. No se trata de ser perfecto en todos los extremos.
Se trata de saber cuándo y cómo moverte entre ellos. Eso sí que marca la diferencia en la cultura de un equipo, en la seguridad psicológica que genera un líder y en los resultados reales que se obtienen. Te lanzo esta pregunta para cerrar
¿Cuál de estas tensiones es la que más te cuesta gestionar en tu día a día como líder o como profesional?
Uno de los errores más frecuentes cuando se habla de liderazgo es pensar que el organigrama explica quién lidera en una organización. O dicho de otra manera, es confundir posición con influencia.
El organigrama ordena responsabilidades, define dependencias y aclara quién toma decisiones. Es necesario. Sin embargo, cuando se trata de liderazgo, las personas siguen a quien les aporta criterio, coherencia y sentido en medio de la presión cotidiana, no solo a quien figura como responsable en un recuadro.
En muchas empresas, quien “manda” no siempre es quien es quien hace que las cosas salgan bien cuando la presión aumenta. El liderazgo es otra cosa. Es lo que hace que, cuando las prioridades están mal definidas, los recursos son limitados, las urgencias son constantes y los equipos tienen que hacer malabares para cumplir, la empresa no explote.
Desde la dirección, esta diferencia no siempre se percibe. No por desinterés, sino por distancia. Se confía en la estructura formal para explicar comportamientos que, en realidad, se deciden en la experiencia diaria de los equipos. Cuando esa distancia se mantiene, el rendimiento no cae de golpe, pero se erosiona. Aparece el desgaste, la desconexión y una pérdida gradual de implicación que no figura en ningún informe.
Y es que, mandar no es liderar. Y liderar no depende del cargo. El objetivo de tener estructura no es controlar, sino dar soporte. El problema no está en el organigrama, sino en creer que basta con tener uno. El liderazgo no se asigna por sistema, se ejerce en contexto.
Por eso, si lideras el área de RRHH, o si ocupas una posición ejecutiva, y te preguntas por qué tus equipos no cumplen los objetivos que les marcáis, te invito a visitar www.humanizersacademy.com y descubrir cómo nuestro programa de formación Human Leadership les puede ayudar a mejorar su desempeño.
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