
No es un puente.
Es el lugar exacto donde la mayoría se detiene.
El borde donde la gente elige quedarse segura, repetir lo conocido, negociar sus sueños, postergar su vida.
El borde donde se apagan miles de futuros posibles.
El borde donde se rinden los que nunca se animaron a ser.
Y después estamos los otros.
Los que un día entendimos que la fe no es creer en algo… es creer en uno mismo cuando nadie más lo hace.
Los que caminamos igual aunque el puente tiemble, aunque el cielo se cierre, aunque el mundo piense que estamos locos.
La fe es la decisión más violenta y más hermosa que vas a tomar.
Violenta, porque destruye la versión antigua de vos.
Hermosa, porque despierta a la versión que viniste a encarnar.
Cuando renuncié, cuando invertí todo, cuando me miré adentro sin anestesia…
no había garantías.
Había algo más grande:
la certeza de que quedarme quieto era morirme despacio.
La fe no te lleva a tus sueños.
La fe te obliga a convertirte en la persona capaz de sostenerlos.
Ese es el verdadero puente:
vos transformándote mientras avanzás.
Porque un sueño sin fe es fantasía.
Pero una fe sin excusas…
es destino.
Jorge Inda
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