
Y si no la escuchás…
la vida te grita.
Te saca del trabajo.
Te rompe una relación.
Te enferma el cuerpo.
Te apaga el brillo.
Ese es el precio de no cambiar:
perderte a vos mismo intentando sostener una versión
que ya caducó.
Nos educaron para temerle al salto,
pero nadie te contó el costo de quedarte en el borde.
No cambiar es vivir con el freno de mano puesto.
Es morir de a poco…
cada vez que decís “ya fue”.
Yo lo aprendí el día que todo parecía funcionar:
auto nuevo, traje perfecto, sonrisa impostada.
Pero adentro… vacío.
Ese día entendí que el verdadero lujo
no era tener más,
era ser libre.
Porque cambiar no es abandonar lo que sos,
es recordarte.
Y ese recuerdo… lo cambia todo.
El precio de cambiar es alto.
Pero el de no hacerlo… es tu vida entera.
Jorge Inda
Debe estar conectado para enviar un comentario.