
Hay una verdad que casi nadie quiere admitir:
El momento más doloroso de la vida no es cuando perdés algo…
es cuando te perdés a vos.
Y eso no pasa de golpe.
Pasa lento.
Silencioso.
En cuotas.
Cuando aceptás trabajos que ya no te desafían.
Cuando sostenés relaciones que ya no te hacen crecer.
Cuando repetís hábitos que sabés que te apagan.
Cuando te convencés de que “más adelante” vas a empezar a vivir.
Yo estuve ahí.
Años.
Años siendo una versión reducida de mí mismo, cumpliendo, obedeciendo, encajando.
Hasta que un día entendí la verdad más incómoda que aprendí en mi vida:
No hay nada más caro que postergar quién viniste a ser.
Ese día no cambié porque fuera valiente.
Cambié porque ya no podía seguir viviendo una vida que sabía que no era la mía.
La gente te dice que para reinventarte necesitás claridad, un propósito, una estrategia.
Mentira.
Para reinventarte necesitás una sola cosa:
estar harto de traicionarte.
Harto de tus excusas.
Harto de tus miedos.
Harto de sostener la versión vieja de vos.
La vida no te premia por aguantar.
Te premia por animarte.
Y si hoy te arde el pecho, si algo en vos pide más, si sentís que la vida que tenés ya no te alcanza…
No es una crisis.
Es una puerta.
Y sólo la puede abrir alguien:
vos.
Jorge Inda
Debe estar conectado para enviar un comentario.