
LA MAYOR SOLEDAD NO ES ESTAR SOLO.
ES ESTAR RODEADO… Y SENTIRTE AUSENTE DE VOS.
Hay una oscuridad que nadie admite.
La del líder que logró todo lo que soñó…
y aun así, en el fondo de la noche, siente que perdió algo que no sabe nombrar.
No es tristeza.
No es estrés.
No es burnout.
Es algo peor:
es darte cuenta de que el éxito te costó la vida interior.
Vos lo sabés.
No lo contás, pero lo sabés.
Ese silencio pesado cuando apagás el celular.
Esa voz tenue que dice “esto no era”.
Esa vida de logros que no te abraza cuando la necesitás.
Te acostumbraste a funcionar.
A resolver.
A decidir.
A avanzar.
Pero dejaste de sentir.
De escucharte.
De reconocerte.
Y un día —siempre llega ese día—
descubrís la verdad más oscura de todas:
No te perdiste en la empresa.
Te perdiste en vos.
Ese es el punto de quiebre que nadie quiere mirar:
cuando tu vida profesional está impecable…
y tu vida emocional está en ruinas.
Cuando todos te ven fuerte…
y vos sabés que hace años que no sos honesto con vos mismo.
Cuando aplauden tu liderazgo…
y vos no recordás la última vez que lideraste tus propias emociones.
Y acá viene lo más difícil de escribir —y lo más urgente de leer—:
No te duele lo que tenés.
Te duele todo lo que dejaste de ser para tenerlo.
Ese sacrificio oculto,
ese pacto silencioso,
esa renuncia interna que nadie vio,
pero que vos pagás cada noche en cuotas de insatisfacción.
Y si esto te golpeó, aunque sea un poco,
no te asustes.
No es el fin.
Es el principio.
El principio del momento más oscuro…
ese donde te das cuenta de que la vida no te está castigando.
Te está llamando.
Y el llamado es uno solo:
Volvé a vos antes de que te conviertas en un extraño irreversible.
Jorge Inda
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