Hay personas que viven como águilas pero duermen en gallineros

Hay personas que viven como águilas…
pero duermen en gallineros.

No porque no puedan volar.
Sino porque un día alguien les dijo que el cielo era peligroso
y lo creyeron.

Entonces practican la obediencia.
Aplauden lo correcto.
Hablan bajito.
Piden permiso para existir.

Y un día miran a las alturas y sienten algo que duele más que el fracaso:
la nostalgia de lo que nunca se atrevieron a ser.

El gallinero tiene reglas, aprobación, rutina, pan seguro.
Pero no tiene horizonte.

El que nace para altura sufre en cautiverio.
La mediocridad es jaula disfrazada de calma.

El ruido del mundo se calla cuando entendés esto:
nadie te va a abrir la puerta.
Se sale rompiéndola.

Si estás incómodo, no es confusión.
Es tu instinto despertando.
Es tu grandeza pidiendo pista.
Es la vida preguntándote:

¿Vas a seguir picoteando suelo
o vas a reclamar tu cielo?

Y sí, el vuelo da miedo.
Pero quedarte… mata.

Las águilas que se quedan en gallineros no sobreviven.
Se acostumbran.
Y eso es peor.

Hoy no viniste a gustar.
Viniste a elevar.
Y nadie eleva sin molestar al piso.

Jorge Inda