Antonio Gala dijo de Antonio Gala: “Soy un dramaturgo”

Le conocimos como novelista, poeta, periodista, autor de obras de teatro, de guiones para televisión pero, según sus propias palabras en una entrevista que concedió a Radio Jaén (SER) a finales de los años setenta, Gala se sentía fundamentalmente dramaturgo

Antonio Oliver.- Da un poco igual para quienes lo hemos leído y disfrutado, porque su gran valor está, por supuesto, en su obra pero también en algunos de sus rasgos personales, la pasión, la rebeldía, el compromiso y el dominio del lenguaje. El uso que Gala hace del castellano es un ejemplo de limpieza, de pericia con la herramienta y de un conocimiento de la raíz y sus proyecciones que convierte sus escritos y sus conversaciones, en paradigma del mejor castellano. Este es otro de sus legados.

Libre, cargado de términos esclarecedores, definitivos o abiertos, directo; restaurador de voces casi perdidas y, siempre, sin un lugar común, sin una muletilla, sin andamios verbales ni atajos de vulgaridad por ausencia de elementos que llevarse a la pluma o la voz. Siempre fue armado de palabras hasta los ojos, las palabras justas. Leer o escuchar a Antonio Gala, nos hace caer en la cuenta de la inmensa riqueza de nuestro idioma.

Teníamos ganas de traer un poema suyo y nos ha llegado el momento. Es un poema de amor que proyecta la sensibilidad, la pasión y el mundo interior de Gala. La edición, el montaje y la guitarra de Fernando Cumbrero, le dan el abrigo y el espacio preferente que le debemos a uno de los genios literarios de nuestra historia reciente. Don Antonio, fue un placer.