Sant Joan, la exaltación solar

Preámbulo

En todo el Mediterráneo festejamos la llegada del solsticio de verano y como se suele decir, lo hacemos a bombo y platillo. Pero, como veremos a continuación, esta fecha no es privilegio, únicamente, de la cuenca marina que separa los continentes de Europa y África, sino que, de todo el hemisferio norte.

Y quiero ofrecer algunos ejemplos:

Comenzando por nuestro vecino el municipio de Altea al que quiero dedicar con profundo amor unas líneas. Allí se reúne el pueblo entero con el propósito de aunar fuerza para transportar un tremendo y del todo simbólico árbol, el que se planta en la plaza de la iglesia, en el punto más elevado del pueblo. Y, dicho sea de paso, el árbol nos remite a la tradición celta y celtíbera simbolizando al hombre, al ser humano. Durante el trayecto se alienta a seguir con el tremendo esfuerzo caluroso con baldazos de agua, con lo que el calor y la humedad vienen a estar conjuntamente presentes en la fiesta. El árbol se planta después de colgar de las ramas pedazos de ropa que, si bien pudiera parecer el resultado de la desinhibición, su intención original, no lo es, sino que totalmente, al contrario, se trata de un acto ceremonial nacido en la mitología griega muchísimo tiempo atrás, y traído hasta nuestros antepasados los íberos de esta zona por aquellos navegantes helénicos. Se trata, pues, de la adaptación local de la tradición de la antigua Grecia. Esta requiere una determinada actitud que acaba afectando profundamente la psique humana: el antiguo rito de purificación por medio de la “catarsis” que la religión dominante convirtió luego en la conocida confesión. ¿No hemos oído la expresión “sacar los trapos a relucir? Pues de ahí viene el asunto. Se exponen públicamente pedazos de ropa en lo alto del árbol, o si se prefiere, del carácter que envuelve a cada cual con la intención de ser purificado por el fuego solar. En cuanto a la “plantà” del árbol tirando de cuerdas para levantarlo, ¿acaso no nos lleva a relacionarlo con la simbología fálica y con la verticalidad de nuestro astro rey?

Y de ese modo, municipio tras municipio, en la costa o en el interior se celebra esta efeméride. En el interior, he encontrado algunos indicios del inicio de la tradición “foguerera”, por ejemplo, la que viví desde niño en Polop, pueblo del agua, sin saber entonces a que se debía todo aquel movimiento social y emocional: unos pantalones viejos y una camisa rellenos de paja o de hierba seca, en distintas actitudes, la de sentado de charla, de reflexión, conversando…, eran quemados la noche del 23 al 24 de junio dando la bienvenida a la fuerza de la luz, que viene a ser sinónimo de conciencia. Una vez ardiendo la gente de esa calle se reunía para saltar la hoguera a la vez que se invocaban algunas fuerzas cósmicas revestidas con apariencia de santos, de este modo:

  • Sant Joan, que em creixca la cabellera un pam!
  • Sant Pere, i que em creixca per davant i per darrere!

No me detendré ahora a comentar el significado del cabello, pero de este modo, hasta llegar a Alicante, nuestra capital, cuya celebración comento al final. Pero, siempre, agua y fuego.

Seguimos encontrando el festejar del solsticio, entre otros:

Francia: La Fiesta de la Música, con conciertos y celebraciones en plazas y calles.

Países Escandinavos: Celebraciones como «Midsommar», con música, bailes y comidas.

Austria: Se encienden hogueras para celebrar la llegada del verano.

Reino Unido: Reuniones en Stonehenge para celebrar el solsticio.

Grecia Antigua: En la época de Kronos, se celebraba la igualdad social durante el solsticio

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Nuestro planeta Tierra existía antes que el hombre, y el universo antes que la Tierra. Pero ¿qué existía antes que el universo? Esta pregunta, con más o menos concreción, desde siempre ha inquietado a algunos pocos seres humanos a lo largo de las generaciones, y esos pocos eran escogidos como adivinos, sanadores, interpretadores de señales o cumpliendo funciones sacerdotales de algún tipo. No me resulta difícil imaginar al remoto pariente de las cavernas atormentado por algunas preguntas de este tipo, inquietos, sin sosiego, a veces con extraños sueños, otras, en estado de duermevela, volando por el éter de sus zozobras.

Puede que la llegada del fuego y su dominio constituyera un avance importante. Ahora ya podían alumbrarse en la oscuridad, calentarse, cocinar incipientemente… Pero quien más se beneficiaría de ello sería su psicología que dividiría en contrastes la luz y la oscuridad, gravándose a fuego en sus genes la condición protectora de la claridad de la de la incertidumbre y temor. Por otro lado, también pudiera ser que el agua arrastrara algunos troncos que el hombre usara como primitiva y rudimentaria forma de navegación.

Tenemos al hombre primitivo reunido en grupúsculos y hasta en embriones de poblados con un intermediario entre lo conocido y lo desconocido, aconsejando a los suyos a manejarse en pleno día y ya, sin temor en la noche.

Este pudo ser en comienzo de la humanidad cuyo recuerdo impreso en los genes se ha trasmitido hasta llegar a nosotros. La búsqueda es el camino y la insatisfacción la maestra.

Parece que la celebración del solsticio de verano tiene un sentido general o común en todo el hemisferio Norte. Aquí, en la efeméride del solsticio de verano se reúnen, se mezcla y se identifican armónicamente las naturalezas del agua y el fuego, como macro cósmicamente se corresponde con el paso celestial del signo de agua Cáncer, regido por la Luna al de fuego Leo, regido por el Sol. Y, he ahí las dos luminarias. Esto sucede alrededor del 22 de junio, día antes, día después, por lo que en ocasiones el acontecimiento sucede a finales del signo de Cáncer y en otras, a comienzo del de Leo. En cualquier caso, caiga en uno u otro día y en uno u otro signo, lo cierto es que el solsticio de verano, al contrario del equinoccio de primavera, parte el día en dos mitades desiguales, aproximadamente en 15 horas de luz y 9 de oscuridad. Y, claro, no es de extrañar que en una fecha con tanto contenido se ofreciera a esas fuerzas, tan solo conocidas y transmitidas por el chamán, diversos presentes como gesto de agradecimiento y de búsqueda de amparo.

A la razón argüida arriba es preciso que ofrezca un paralelo, cuanto menos, interesante, y es que, desde el Neolítico, sino antes, se celebre la llegada del solsticio en el que la receptividad de las aguas da lugar a la actividad creativa del fuego, o si se quiere, a la luz. Y aquí me deslizo un tanto para prometer escribir un día, relacionando antropomórficamente el tema con el dios de los dioses griegos Zeus, el de los nacimientos, el del dar a luz, o más biológicamente entendido como, el feto protegido en la humedad y la oscuridad de las aguas maternas que nace a la luz, que transita del agua a la claridad, con la que se prevé un proceso de prosperidad, calor, abundancia…, que hoy día encontramos regalado en Alicante.

Y de ese modo nos vamos acercando en el tiempo y en el significado hasta nuestros días, reviviendo ambos sentidos en nuestros genes, lo que sobre todo concierne a mantener el sentido de la tradición, su vigencia, la cultura, la identidad: la razón del propio ser humano. Y, en aquel primer buscador, la insatisfacción le siguió espoleando a encontrar, hallando de vez en cuando, de gotita en gotita, de chispa en chispa, comprensión del ser.

En el Mediterráneo, el solsticio en cuestión también se asocia con la adoración a la diosa de esta estación, Dana, aunque también y muy acentuadamente en rituales celtas. La diosa Dana, en la mitología celta, es una deidad primordial y madre de los Tuatha Dé Danann, una de las tribus más importantes en el panteón de este pueblo. En el actual idioma irlandés y en varios tribales del momento, se la conoce como Danu o Dana, y se la considera la diosa de la vida, de la luz y de la tierra. Dana o Danu es la diosa celta más antigua de su mitología, es conocida por ser la diosa de la vida y madre de los humanos y de la tierra. Los celtas la adoraban como diosa de la fertilidad y madre de toda vida, ascendiente de todo el panteón céltico, cuyo epíteto significaría «aguas del cielo». Dana o Danu, es la Madre del agua primordial y del panteón de dioses en la tradición de Irlanda.

Pero el fuego se expande hasta alcanzar todos los corazones. En esta efeméride es Litha una de las deidades que, a mi juicio, mejor encarna el significado del solsticio. Litha, de la tradición greco-romana, es la diosa de la tierra que ya está embarazada y se promete fértil, igual que las tierras y sus cosechas. Y llegados a este punto, permítaseme hacer una comparativa de las fallas vs las hogueras. Las fallas tienen lugar el 19 de marzo celebrando, así, la festividad de san José, cuyo oficio se acepta ser el de carpintero. Pero esa era la forma en que la religión predominante ocultaba la verdad de que dos días después, el 21, se da la fecha del equinoccio de primavera, el cual, como hemos dicho, divide el día en dos partes de 12 horas. Pues, bien, san José, patrón de los carpinteros, o el equinoccio de primavera, es la data en la que los carpinteros hacen limpieza en el taller. Recogen el serrín, tablones, tarugos, pedazos inservibles etc., que han ido acumulando durante el año y lo queman, también significando el dar la bienvenida a la primavera. Y de ese modo la celebración ha ido evolucionando a la falla que aprovecha para exponer las críticas oportunas que el año trajo y que el fuego purifica. Por cierto, y muy de pasada, el hermoso traje de la fallera valenciana es el tradicional de la huerta.

En cambio, la estación próxima al verano ha secado las hierbas y desechos del campo que el agricultor a segado y amontonado, y como en el caso de arriba, al quemarlas, no solo purificaba la tierra, sino que las cenizas la abonaban, esto es, propiciando el reciclaje de los elementos. El solsticio de verano, ahora disfrazado de la festividad de san Juan, celebra el poder del sol, la purificación y la transmutación de lo malo en bueno. Basta que prendamos fuego a una pequeña madera para que se transforme en carbón, cuyas propiedades son, incluso, saludables para el hombre y abono fertilizante, para la agricultura, en contraste con el estado anterior de, simplemente madera. Las hogueras son eso, luz, poder, expansión, productividad, maduración, frutos, prosperidad, satisfacción, renovación y protección contra las malas energías… La “bellea del foc”, entonces, tiene la intención de simbolizar la representación del sol en la tierra. Y, también, por cierto, el traje tradicional de la bellea del foc así como de sus damas es el traje de boda tradicional.

De la misma manera podemos hacer una comparativa entre el paganismo ancestral del que nos originamos con estas festividades de la religión dominante.

Desde el solsticio de verano hasta la llegada del solsticio de invierno transcurren 6 meses. Por otra parte, se lee en el evangelio, en la anunciación de María que el arcángel san Gabriel dice a María que ella esta embarazada y que su prima Isabel, la madre de san Juán, ya está de seis meses y lo expresa de este modo: “También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses”. Y esos son exactamente los seis meses que transcurren desde el homenaje a Litha, diosa del verano hasta Yule, árbol, tronco y también pascuas o navidades.

Y si los solsticios dividen en dos mitades la duración del año, los trópicos lo hacen con la geografía terrestre. El trópico de cáncer nos incluye a todos los que habitamos el hemisferio norte, mientras que el trópico de capricornio lo es del hemisferio sur.

Finalmente, para ese asunto, estoy escribiendo sobre la estación astronómica que concierne a la posición de la tierra en su periplo alrededor del sol, cuya razón de ser obedece a la inclinación del eje de la Tierra. No es lo mismo que la estación climática que agrupa los días más calurosos del año, cuando se trata de la estación del verano.

La celebración alicantina de la festividad de sant Joan contiene todos los elementos de la tradición ancestral pagana que rinde homenaje a la llegada del solsticio de verano. Antiguamente, además de recibir a la luz, se hacían hogueras para expulsar o apartar los malos espíritus con el fin de protegerse personalmente de ellos y también las cosechas agrícolas. Y es que la gente creemos en los elementos, no como fuerza primordial, pero si, emanaciones de ella. Es tanto así que, en esa festividad, aun sin agricultura de por medio, se suele anotar en un papel todo aquello que se considera que no es bueno y se pretende transformar merced al fuego.

Quien puede imaginar fertilidad sin agua. El agua es imprescindible para el agricultor. Pero, desde una perspectiva psicológica al agua se le atribuye el aspecto emocional humano, de ahí que saltar siete olas venga a representar los días de la semana cuyos nombres son los de los siete planetas principales de nuestro universo inmediato. Por ello, el acto de saltar las siete olas significa que uno sobrepasa cualquier desasosiego emocional que los planetas pudieran ocasionar en su continuo transitar. Y eso recuerda el pasaje del evangelio en el que Jesús no se hundía en el mar embravecido. Y la emperatriz de las aguas es la Luna, cuya emocionalidad está más que probada, preferentemente en aquellos días del ciclo menstrual. Soseguémonos, pues, para recibir a la luz.

“Les Fogueres de San Joan” de Alicante tiene su origen en lo que venimos comentando desde el principio, pero, en su formato actual, creo oportuno ofrecer información documentada que es fácil encontrar en la red, la cual, aquí, copio y pego para evitar errores míos o de apreciación. Yo las he vivido y lo sigo haciendo, física o psíquicamente, en la medida que puedo. Con este último apunte me despido con demasiadas cosas aun por decir, por expresar por fomentar la comunicación social, y de la vida interior que es de donde procedemos. Pero no me privaré de homenajear al patrón de los agricultores, el solsticio del verano, con el refrán dedicado al más que emblemático fruto de nuestra tierra, la breva que, junto con el atún, constituye el bocado por excelencia de esos días: “Per sant Joan bacores, verde o madures, però segures.

<<Las Hogueras de San Juan de Alicante tiene su origen en el culto al fuego y la cristianización durante la advocación de Juan el Bautista. Antiguamente, era una festividad agrícola donde los labradores celebraban el día más largo del año para la recogida de la cosecha y la noche más corta para eliminar los males.

La primera celebración de estas hogueras data del año 1822, aunque estas quedaron prohibidas hasta 1881 por un despiste del Ayuntamiento que no publicó el bando de prohibición. Los vecinos instauran ese año las denominadas ‘Festes de Carrer’ con juegos populares y música acompañadas de tradicionales bailes típicos del folclore levantino y ninots de figuras grotescas, cabezones y gigantes.

No es hasta 1928 cuando se crea la asociación Alicante. Atracción que organiza las primeras Hogueras de San Juan para fomentar el turismo en la ciudad y para uso y disfrute de los alicantinos. A su vez, se crean las Barracas, recintos acotados a modo de verbenas donde poder disfrutar de la gastronomía alicantina.

Desde 1941 se celebra la Ofrenda de flores a la Virgen del Remedio donde los “foguerers”, “barraquers” y alicantinos desfilan por las calles para homenajear a la Virgen. Además, la festividad cuenta con la manifestación valenciana más popular, el espectáculo pirotécnico, proyectado mediante petardos, tracas, mascletás y fuegos artificiales que forman un espectáculo artístico único.

Declaradas de Interés Turístico Nacional e Internacional, son además Fiestas Oficiales de la ciudad de Alicante, debido a que, son fiestas basadas en indumentarias tradicionales, festejos y manifestaciones artísticas alicantinas. En 2014, la Generalitat Valenciana declaró las hogueras de San Juan cómo Bien de Interés Cultural Inmaterial adquiriendo así un reconocimiento y protección como patrimonio histórico español.

La hoguera es el elemento emblemático de la fiesta diseñada con ninots de diferentes temáticas, críticas o dimensiones, el monumento es la representación del arte efímero que representa esta festividad que concluye la noche del 24 de junio>>.

Roque Yvars