Homenaje a la primavera y a los 700 años de la municipalidad de Benidorm.

Peregrinaje subjetivo
Los municipios de Polop y de Benidorm son dos hermanos gemelos. Lo vi en cierta ocasión, en una singladura cuando andaba pilotando mi nave esperanzadamente por mi interior rumbo a la consecución de Ítaca cuando, como en tantos otros accidentes, pareció emerger de entre las aguas un escollo que me hizo replantearme el rumbo de la navegación a través de mi ser. En casos como este, las cartas marinas de la contemplación introspectiva habían sido la guía ideal para seguir surcando las aguas. Y ahora, inmerso de nuevo en ella, soñé. Soñé, o tal vez soñé para los sentidos mientras despertaba al margen de ellos. Y me pregunté acerca del espacio por el que navegaba. Es cierto que éste trascendía cualquier memoria, que se perdía en la noche de los tiempos, pero a mí no me interesaba la noche y sí, en cambio, la aurora: el amanecer humano. Así que tentaría a la suerte para conocer, tanto mi ubicación física, como la interior: mi estado de ser. Y lo haría convocando a los dioses, a distintos aspectos de la naturaleza, a las fuerzas que producen, que se mueven, combinan, disuelven y vuelven a producir, a influir e incluso, a regir y a legislar la existencia, pues, ¿de qué manera podré conocer la dirección de mi destino si ignoro en dónde me originé? ¿Dónde está y qué es Ítaca?
Guardo celosamente el cuaderno de bitácora con las anotaciones de muchos navegantes de esta tradición marinera.
En una nota al margen del citado cuaderno se lee acerca de la primavera, la de la estación anual, la de la vida y la de la eternidad. Se menciona que hace mucho la Serra Gelada era un prado que acababa en el acantilado, justo donde hoy se ubica el faro. Allí pastaba Zéfiro, un blanco y rápido caballo que, más adelante, cuando apareció por aquí el hombre, se le catalogó como autóctono íbero. El caballo se encontraba entretenido con la hierba verde cuando el cielo comenzó a colorearse mostrándose la Aurora que al pasar por allí acarició a Zéfiro quien, como todo el entorno, se sonrosó. Zéfiro quedó prendado de Aurora, locamente enamorado, pero como Aurora no podía permitirse retrasar la salida del sol, siguió su curso. El caballo esperó el amanecer del día siguiente y apenas vio los primeros y tenues colores de Aurora, emprendió el galope a su encuentro ignorando el acantilado y como consecuencia, se cayó por él ahogándose en el mar. Aurora lloró y lloró, lloró todos los días pidiéndole a Júpiter que lo resucitara, y al fin obtuvo como respuesta su inmortalización en forma de una constelación en el cielo nocturno, mientras que por el día se suele manifestar en ocasiones en la forma de una nubecilla blanca que sigue recordando al corcel íbero y que trae consigo el benéfico viento suave del poniente. Mientras que Aurora sigue llorando y observamos sus lágrimas al amanecer a la manera de gotas de rocío.
El subjetivismo de este tramo de mi peregrinar.
Ahí estaban las tres Morias. A dos de ellas, las presentía y a una, a Clota, la veía que trabajaba y trabajaba sin cesar tejiendo el destino de la humanidad. Vi que una especie de paraíso iba tomando forma y a él vinieron a nacer dos hermanos gemelos, los que andando el tiempo vendrían a constituir los municipios de Polop y de Benidorm, pero en ese momento, aun no tenían nombre. El nombre siempre viene luego, más adelante, y lo dan quienes tampoco lo tuvieron, sino que, a su vez, lo reciben de otros, excepto cuando por designio, no sé si de los dioses, del destino o de Zéfiro, lo fraguan las circunstancias que ponen a prueba la virtud, la valía o la peculiaridad.
Mi visión de las forjadoras del destino no era límpida. Una bruma ocultaba a mis ojos la trama de aquella urdimbre. Pregunté entonces a Clota si acaso podría conversar siquiera un instante con Átropos, y me fue dado. Le pregunté cuánto duraría la vida de ambos hermanos, a lo que ella respondió que sólo cortaría el hilo de esas vidas cuando Láquesis hubiera medido su duración. Sin embargo, al intentar solicitar la opinión de esta última, fui evitado, probablemente debido a que la respuesta también me involucraba a mí, así como a una gran cantidad de seres vivos. Y fue en ese instante que volví en mí.
Aquella introspección no logró sosegar la enorme necesidad de penetrar en la causa de mi inquietud. Sentía un escozor como el de una espina clavada y para evitar infecciones síquicas era preciso sacarla. ¿Cómo lo haría?… Pediría ayuda a Zéfiro, el dios eternamente joven, provisto de delicadas y vaporosas alas de mariposa, el benigno y suave viento del poniente que anuncia y trae consigo la primavera y derrama todos los perfumes y esencias más gratas. Nuestra divinidad mediterránea del viento del oeste también actúa como guardián del jardín divino oculto en las nubes. En este jardín las flores expanden los néctares que nutren a algunos pocos y escogidos dioses. Él es el gran navegante de los cielos y quien con su suave respiración empujó las naves griegas, después de la guerra de Troya hacia la patria de origen, hacia Ítaca, que es de lo que se trata. ¡Hay que ver! Hay que ver de qué manera comienzan a aglutinárseme los eventos cuando Cronos no los ordena temporalmente. Si he de entender algo es conveniente su intervención.
Aurora.
Nuestros gemelos comienzan a forjar su carácter inmersos en un caldo de cultivo multiétnico: multicultural. Y, ¿qué mejor caldo de cultivo que las aguas, en este caso las del Mediterráneo?
A juzgar por los vestigios encontrados tanto en Benidorm como en Polop e inmediaciones, hubo asentamientos íberos coincidentes en sus respectivos tiempos desde varios siglos antes de nuestra era (a.n.e.). Se han encontrado restos fechados alrededor del siglo V a.n.e. en el Albir, en la playa y en la zona de la Serra Gelada, dedicados principalmente a la pesca y a la extracción de ocre. Estos íberos levantinos pertenecían a la familia de los contestanos, que es como las bautizaron los griegos que, dicho sea de paso, también anduvieron por estos lares comerciando y guerreando desde el siglo VII
a.n.e. Fueron estos, los foceos, los primeros griegos que navegaron largas distancias y descubrieron nuestra antigua Iberia y quienes dieron el nombre de Akra Leuké a la ciudad de Alicante, cuyo significado es cerro blanco, y Alonis a la actual Villajoyosa. Sin embargo, Alicante era ya un asentamiento íbero cerca del cual el general cartaginés Amilcar Barca estableció su plaza fuerte. También nos visitaron los romanos que llegaron a convertirnos en provincia suya. Existen hallazgos que evidencian una dilatada coexistencia íbero-romana y una de las más próximas es el Albir donde encontramos un museo al aire libre en el que se muestra una villa romana de alguien con gran poder adquisitivo, productor de aceite y vino. Esta villa que al parecer data del siglo IV de nuestra era se encontraba rodeada de otras pequeñas villas pertenecientes a una aldea de pescadores y agricultores, y de un importante cementerio en sus inmediaciones.
Las Náyades.
Y si bien, merced a la voluntad de Poseidón, recibíamos por vía marítima visitas de otros pueblos y culturas que al final acababan estableciéndose, fueron las divinas Náyades, las que nos enseñaron a hacer buen uso y a gozar de las aguas dulces, las de los ríos, fuentes, lagos, pantanos, pozos…
Desde la llegada de los romanos, nuestros actuales municipios que entonces aún eran un solo ser, experimentaron el primer tirón de crecimiento. Se construyeron caminos y calzadas con lo que mejoró la comunicación y el intercambio comercial con otros centros productores. Del mismo modo, la higiene sufrió un impulso con la aparición de los baños públicos, leyes y, en suma, pinceladas civilizatorias que hicieron crecer a los hermanos.
Pero el imperio romano de Occidente cayó y la ausencia de poderes predominantes fue aprovechada por los visigodos que, juntamente con otros pueblos germánicos e hispano- romanos ocuparon la totalidad de la península, ya alrededor del siglo V. Y esto duró hasta el año 711 de nuestra era en la que los musulmanes, después de vencer a estos pueblos visigodos en la batalla de Guadalete, dan comienzo a la invasión de la península.
Es a partir del siglo VIII cuando las Náyades deciden expresarse más concretamente y lo hacen de la mano de los invasores que van llegando a la península y estableciéndose aquí. Las acequias y canalizaciones de agua trajeron una gran extensión de producción agrícola conduciéndolas hasta retiradas tierras, antes yermas y ahora fértiles.
Está documentado, por ejemplo, en la crónica cidiana de la “Historia Roderici”, que habla de las gestas de Cid su paso por Polop. Conocemos que conquistó este municipio a los árabes en el año 1089 y que continuó luego su camino hacia Denia. Sin embargo, no fue hasta el 1244 que Polop es incorporado a la corona de Aragón tras la firma del tratado de Almizra, en el que el rey Jaime y el infante castellano Alfonso, posteriormente, rey Alfonso X el Sabio, acuerdan repartirse las tierras, unas para la corona de Aragón y el resto para las de Castilla.
Abenrromá.
Abenrromá es el nombre del castillo de Polop, de origen árabe almohade construido a comienzos del siglo XI. Jaime I había conquistado estos territorios y si bien las cosas cambiaron bajo su potestad, no lo hizo la población que continuó siendo predominantemente musulmana manteniendo su organización social acostumbrada. Y entre luchas y acuerdos el rey conquistador cede el castillo a la familia del caudillo mudejar1Al-Azraq, muerto en la segunda revuelta en las inmediaciones de Alcoy, en la batalla de «lo desbarat de la Canal» según narra el propio rey aragonés Jaume I en su “Llibre dels Feits”. Al poco tiempo lo cede a Berenguela Alfonso para después adjudicarlo al capitán Bertrán del Belpuig, a quien el propio Jaume I le otorga una “carta sarracena” en la que da permiso a éstos para seguir viviendo en Polop. Más tarde fue comprado por Bernard de Sarrià que, sin hijos que heredaran, cede sus tierras y el castillo al infante Pere, comte de Ribagorça, hijo de Jaume II, para, finalmente, pasar a ser propiedad de don Diego Fajardo, barón de Polop, que lo heredó de su tío e Ruy Díaz de Mendoza, y subsiguientemente de los descendientes de esta familia murciana. El castillo acabó convirtiéndose en el cementerio del pueblo después de que su última propietaria la condesa de Montealegre lo cediera al ayuntamiento a principios del siglo XX. Y de ahí
que se soliera decir que “en el Castell de Polop hi ha un cementeri dins del cementeri”. Eso es cierto en tanto que el cementerio cristiano asumió en su interior uno anterior y más pequeño, musulmán.
Cástor y Polux.
Polop y Benidorm se me antojan los gemelos de la mitología griega Cástor y Polux. Ellos son hijos de Zeus y de Leda y representan el amor puro entre hermanos. Se los describe como de exacta apariencia, esbeltos, delgados, fuertes, rubios de grandes ojos, hábiles en la doma de caballos, preferentemente Cástor y en el combate cuerpo a cuerpo, Polux, y ambos, guardianes de los navegantes. Pero Leda yació la misma noche con el rey de Esaprta y con Zeus. Del primero tuvo a Cástor y por ello de naturaleza mortal y del segundo a Polux, inmortal. En un enfrentamiento Cástor cayó herido de muerte y Polux, inconsolable pidió a su padre divino que le devolviera la vida y que evitara que fuera a parar al Hades, pero en absoluto le fue concedido, sin embargo, entre ambos encontraron una solución para evitar ser separados, la mitad del año lo pasarían juntos en el Hades y la otra mitad en el Olimpo. Polux había renunciado a parte de su inmortalidad en favor de que su hermano Cástor la adquiriera. Los dioses, los honraron elevándolos a los cielos en la forma de la constelación de Géminis.
En Pares, portal de archivos españoles (Subdirección General de los Archivos Estatales. Ministerio de Cultura. Gobierno de España), leemos:
“La baronía de Polop y Benidorm, perteneciente al Reino de Valencia de la antigua Corona de Aragón, estaba constituida por diversas poblaciones de la zona de la comarca de la marina en la actual provincia de Alicante: Villajoyosa, Benidorm, Altea, Calpe, Alfaz del Pi, la Nucía, Polop, Chirles y Callosa de En Sarriá, Castellét de Guadalest y Tárbena. Tomó el nombre de Polop por ser la población con la fortaleza más importante.”
Sí, a comienzos del siglo XI Polop pertenecía a la Taifa de Denia, nacida tras el desmembramiento del Califato de Córdoba. Denia fue la primera Taifa en acuñar moneda en un periodo de poder, riqueza y esplendor hasta su caída en manos de la Taifa de Zaragoza.
La primera, de las dos cartas pueblas de Benidorm, le es otorgada en Valencia el 8 de mayo de 1325 con el fin de repoblar el lugar con el fin de convertirla en un municipio cristiano que controlara la población árabe de Polop y de las alquerías de Alfas, Albir, la Nucía, Matet y Chirles, a la vez que, para defender la costa de las incursiones corsarias. La carta puebla de Benidorm expone que Benidorm quedaba segregado de Polop. Y ahí
comienza la andadura de la creación de un pueblo nuevo, ahora mucho más extenso que el mismo Polop, pues, para los objetivos de Sarriá era necesario que Benidorm cubriera un amplio espacio de la costa marina, tanto para defenderse de la llegada de árabes como de la salida de los que ya estaban aquí establecidos.
A Polop se le supone una carta puebla anterior a la otorgada a Benidorm, distinta a la carta sarracena dispensada por el rey Jaume I, pero cuyo documento no ha sido encontrado. Sin embargo, se sabe que, a Callosa, centro principal de los dominios de Bernanrd de Sarrià en toda la Marina Baixa, nunca se le concedió una. Por otra parte, parece no ser necesaria cuando se trataba de un pueblo ya consolidado, mientras que, en el caso de Benidorm, se trataba de un municipio de reciente construcción autónoma.
Pero la carta de población apenas tuvo una vigencia de 178 años. Se debió a múltiples causas como son los males que sacudieron la península y Europa, tales como la lepra, la tuberculosis, la peste negra, la disminución de la población, el movimiento de la gente, nuevas formas de gobierno, las guerras y las consecuencias económicas y sociales que castigaron este período de la historia. Benidorm estaba poco habitado, lo que le impedía defenderse de los ataques corsarios que, a menudo, apresaban a la población para cobrar rescates. También la guerra de “les germanies” tuvieron su influencia, tanto en Benidorm como en el castillo de Polop en el que pasaron a cuchillo a unos 800 musulmanes. La merma de la agricultura, la falta de agua y la guerra de Castilla que azotó cruentamente nuestra comarca también determinaron que esta villa acabara en el abandono y reincorporada a Polop.
A mediados del siglo XV Polop recupera la principalidad del señorío con Diego Fajardo de Mendoza. Durante un siglo y hasta su demolición el castillo sirvió de residencia a miembros de esta familia. No obstante, al pie de éste, aún se conserva en buen estado de salud la casa solariega: la casa de la señoría, la cual, también pudo serlo del alcalde.
Sería la baronesa y señora de las baronías quien finalmente, concedería en 1666 la carta puebla a Benidorm cuya vigencia sería de 170 años, hasta el momento en que fue abolido el Régimen Señorial, en donde las cartas pueblas quedaron obsoletas.
Desde el siglo XVI Benidorm vivía del mar, de la almadraba en cuyas artes eran expertos ejemplares y así fue hasta la mitad del siglo XX. Pero nuestro municipio de entonces comenzó a experimentar un aumento de la población, con lo que Beatriz Fajardo vio también, un aumento de sus bienes. Los pobladores comenzaron a demandar tierras para la explotación agrícola, pero para ello hacía falta agua. Fue entonces cuando Beatriz de
Fajardo emprendió la construcción de una acequia que comenzando en el barranco de Polop llegara a Alfaz, la “séquia Mare” dando vida a la agricultura y a las alquerías del señorío, la Nucía, Alfaz y Benidorm, las cuales merced al flujo de este elemento acabarían segregándose de Polop y constituyendo su propia identidad.
Desde entonces, con sus más y sus menos, los hermanos han continuado viviendo y haciendo historia, riñendo en ocasiones y en otras colaborando. A este propósito recuerdo, siendo muy niño yo, las conversaciones de los polopinos a propósito de llevar agua a Benidorm en distintas ocasiones. La gente se debatía entre entender la necesidad de Benidorm y echarle una mano y el temor a entrar ellos mismos en la necesidad si atendían la del municipio hermano.
Zéfiro sigue dejando sentir su suavidad y aroma de aromas en los momentos necesarios. Él trae la primavera estacional, la del ser humano y la de la eternidad.
1.El término en árabe significa «domado». Se refiere a la población musulmana que a cambio de un impuesto podía seguir viviendo en tierras conquistadas, en su momento, cristianas, conservando su cultura y religión. Por otra parte, el término morisco es usado para significar al musulmán convertido.
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