Esa canción desconocida

Sin desmerecer a ningún ser humano a primera vista… todos hemos imaginado lo que seríamos de tener la oportunidad de ser un animal,  el que más nos agrade o venga a cuento del momento o divagación ocasional. 

Fernando Fer.- A veces, girando sobre uno mismo, y por tratarse de las únicas criaturas que lo pueden ver todo desde lo alto y desconectar dicha visión para pasear por las nubes, hemos imaginado ser un pájaro, un ave dentro del iracundo sistema de  ruidos, de medias verdades,  de sucesos , de explícitas e implícitas  declaraciones y declaraciones de intenciones que rodean nuestro día a día si asomamos el hocico en cualquier medio de comunicación o conversación recurrente.   

Se repiten noticias poco fundadas e infundadas con la misma frecuencia que casi todas las emisoras, que no son pocas, con las mismas canciones todos los días… Las más escuchadas suelen ser las que más dinamismo publicitario tienen, es evidente que quien quiere salir de la «miseria» artística y tocar el cielo musical, salvo excepción, suele ser quien prueba con invertir en introducir sus temas en las emisoras más escuchadas previo paso por caja.

Con todo esto, no es mi intencion desmerecer la música comercial, de hecho todavia existen creaciones que llegan a tocar alguno de nuestros sentidos.
Los números 1 no suelen estar en números rojos ni salen de la miseria, de la misma manera que no es ni por asomo la mejor y meritoria creación musical que existe ahora, sino simplemente la que nos quieren inculcar porque es el estilo o resaca que mueve la industria y las salas de baile del momento.  No obstante hay músicas que se escuchan menos y al no tener ningún modo de salir a flote vuelven a ser relanzadas en cualquier grieta de mercado para ver si cuelan, y muchas son buenas canciones, sin ir más lejos la tendencia Indi española lleva desde principios de milenio tocando la puerta del éxito y no acaba de romper porque no se «cuela» en las tendencias más generales.  Pero sí tiene público,  y mucho.  En el Low Cost Festival de Benidorm se pueden ver algunas joyas.

Afortunadamente hay medios de comunicación serios a los que agarrarse y música a la que aferrarse para sentirse mejor,  pero no voy a ser yo quien le diga a nadie lo que tiene que mirar desde las alturas, cada pájaro tiene su gavilán.

Recuerdo, como si fuera a ser mañana,  la época en la que comencé a descubrir los clásicos de la música.   Tener un hermano radiofónico y profesional de la comunicación comenzó a abrir mi apetito por conocer nuevos sonidos, grupos, estilos, hambre que todavía conservo intacta, si cabe, junto con otras creaciones o formas de belleza que la mano de algunas personas en la historia nos ha brindado.  Yo mismo me encargué más tarde de comprar vinilos de Adagios de Von Karajan, de la Motown y un largo etcetera que se unió a otras variopintas reliquias heredadas de otras generaciones.

Allá por los años 90 en una pequeña (pero repleta de joyas) tienda de música que se encontraba en la calle más concurrida de Benidorm, Paseo de la  Carretera otrora Calle José Antonio, vulgarmente calle del coño.   Desafortunadamente no recuerdo el nombre de la tienda ni a su propietario, pero como si tuviera la imagen delante de mí habían dos expositores a pie de calle como carta de presentación con vinilos , inicios del CD y  cintas de radiocassette, o lo que tecnicamente eran cintas magnéticas de audio.  Pues bien, aquellos expositores estaban llenos de Raphael, Julio Iglesias, Isabel Pantoja, José Luis Perales, Joan Manuel Serrat, Los Chichos, Los Chunguitos y mucho más.  De la misma manera Wild West en Calle Lepanto vendía música electrónica, New Age y de importación ante todo alemana, preludio del Bakalao que asoló las vidas de algunos y la de otros ascendió demasiado.

Cuando pude disponer de mi primer tocadiscos,  el bacalao y sus consecuencias musicales y estados emocionales epilépticos levantaban ampollas en cualquier cerebro que se prestara a ello salvo si lo podías soportar… mi prestancia ante tal persecución fue breve, opté por resguardarme de la tormenta,  digiriendo algunas sesiones por no ser la nota discordante de un mundo musical en el que ya estaba inmerso y en el que sigo sumergido intentando sentir el hormigueo de una primera cita con una nueva e interesante canción.  Esa canción desconocida que pasea por ahí sin saber que la amo sin haberla conocido.

Flechazo.  Es bien.  Mirando de soslayo esa canción que se adapta a tu cerebro y a tu forma de entender la música.  Esa canción que nada más escucharla te mueva algo por dentro sin entender por qué.  Porque hay una canción para cada estilo de vida, para cada sonrisa, para una mirada,  para cada atardecer, para un quizás esperanzador, para cuando no hay esperanzas pero sí luz que perseguir.  Para cuando nos veamos dentro de aquella canción…