El grupo “Nabartenea” ha vuelto a las calles de Benidorm

Los vascos nacen donde quieren o al menos ese es uno de los dichos más renombrados en Benidorm, donde pasan o residen gran parte del año. De hecho fue un sacerdote de Amorebieta, el padre Félix Azpilicueta, uno de los artífices de la prolongación de la temporada turística a todo el año, en el año 1978, o al menos eso dijo el sociólogo Miguel Iribas en su momento. De hecho, desde 2003 lleva viniendo a la capital turística de la Costa Blanca el grupo de canto y coro, “Nabartenea”: su director Javier Zuazu y dos profesores de grupos de bailes Pello Urchegui y Mirari, vienen de vacaciones y no dejaron de hacerlo hasta el fatídico 2020, afortunadamente ya en el pasado y este otoño han regresado de nuevo.

UN REPORTAJE DE BELÉN RICHARTE

          En los alrededores de Benidorm se estiman que residen seis mil vascos. La relación de los vascos con la ciudad de los rascacielos no es nueva. Un sacerdote de Amorebieta, el padre Félix Azpilicueta, fue uno de los artífices de la prolongación de la temporada turística a todo el año. En 1978, la inmensa mayoría de los hoteles cerraban durante el invierno. Azpilicueta solicitó (recordaba en 2012 el sociólogo José Miguel Iribas (en una entrevista concedida al diario El País el 8 de octubre de ese mismo año), que le cedieran un establecimiento cerrado durante unas semanas para albergar a un grupo de jubilados de su parroquia.   

          “¿Cocina? Ya nos apañamos, pues”. Su experimento tuvo tanto éxito que la iniciativa se fue extendiendo. A día de hoy, miles de jubilados de toda Europa permiten a los hoteles de Benidorm abrir durante todo el año. Y muchos vascos se han instalado en la capital de la Marina Baixa.

          Casco histórico con sabor vasco

          Y es que el vasco es un tipo de turismo residencial muy goloso: la mayoría jubilados, con un poder adquisitivo medio-alto (en verano marchan los abuelos y padres y las residencias las ocupan los hijos y nietos) y no vuelven hasta bien pasados los calores de la canícula estival. La zona antigua de Benidorm atestigua esa presencia con una más veintena de tabernas de ambiente vasco. En sus visitas a la ciudad por ejemplo con la llegada de las elecciones, los políticos vascos tienen como cita obligada: pasear por la calle Santo Domingo, en pleno casco histórico y conocida popularmente como “calle de los vascos”, debido a los numerosos locales regentados y frecuentados a diario por sus posibles votantes.

          Pero a los residentes vascos las razones que esgrimen para pasar largas temporadas en Benidorm son de índole netamente turística, la presencia de ciudadanos vascos en nuestra localidad es mayor a partir de  octubre, que es cuando los jubilados vascos empiezan a llegar a la ciudad para pasar el invierno.

          Aunque no hay cifras oficiales y exactas del número de ciudadanos procedentes de Euskadi que pasan largas temporadas en Benidorm, se  calcula que “unos 8.000”, de lo que sí hay certeza es que en la capital del turismo hay empadronadas más de 1.022 personas nacidas en el País Vasco.

          El grupo “Nabartenea” ameniza las calles con sus danzas

        En 2003  el director y dos profesores del grupo de coros y bailes, “Nabartenea”, Javier Zuazu, Pello Urchegui y Mirari respectivamente, deciden pasar unas vacaciones en Benidorm con una actividad cultural incluida en el viaje. En aquellos comienzos bailaban frente al restaurante Tamboril, cuyo gerente, Javier Abinzano, algunos años incluso tenían tablado preparado para la actuación del coro y de los dantzaris, también algunos años hemos recorrido las calles con la barrica de sidra y se escanciaba sidra al público, con los de la Sidrería Zapiain”, explica Izaskun Muñoa Garmendia, “dantzari” del grupo “Lagun Artean”. En algunos puntos del recorrido los bares “nos esperaban con sus tapas y una bebida de obsequio; a través de los años ha ido variando y adaptándose a las circunstancias como todo en la vida”, señala la “dantzari”.

        Como grupo de baile han realizado intercambios con otros grupos catalanes y extremeños, pero la unión de coro y danzas es exclusivo en Benidorm.

        “Siempre nos hemos sentido aceptados y bien recibidos en Benidorm, nos han aplaudido mucho y nos han seguido por las calles, la verdad es que es una ciudad muy amable con sus visitantes, en el hotel, en el comercio, en los bares todo el mundo es muy atento y agradable. Llevamos 17 años repitiendo la experiencia, por algo será”, subraya Muñoa Garmendia

        El grupo baila “danzas de nuestro folklore, de Iparralde, de Guipúzcoa, de Navarra, bailes populares que se bailan en las plazas de los pueblos y danzas de nuestra cultura popular que siguen muy vigentes en fechas señaladas y fiestas”, -y explica Muñoa-, “en los últimos años han tomado mucha fuerza los bailes llamados “Muxikos” o “Jauzzis”, por el número de “dantzaris” y su significado histórico y social”.

        El grupo de baile va acompañado de acordeonista, “trikitixa”, pandero y castañuelas, en los primeros años también llevaban “txistularis”.

        El grupo de baile se adapta a las personas que hay en el momento de bailar, “cuando el grupo éramos más de 100 personas bailábamos muchos, este año que hemos ido la mitad, pues lo hemos hecho menos”, afirma la portavoz del grupo.

        Por lo que respecta al vestuario, Izaskun afirma que “tenemos distintos trajes de baile, los utilizamos según la festividad o la zona de la que procede el baile, a Benidorm, para unificar llevamos el traje “Baserritarra”. El hombre lleva pantalón oscuro o a rayas finas, con faja negra, zapato negro o alpargata, camisa blanca, “txaleko” oscuro, pañuelo al cuello y “txapela”; la mujer por su parte va vestida con falda larga estampada o rayas, medias blancas, zapato negro o alpargata, camisa blanca, corpiño, pañuelo en la cabeza y delantal”. Esta es la indumentaria básica, pero actualmente hay muchas variaciones.

        La última vez que el grupo estuvo en Benidorm fue en noviembre de 2019, “éramos 106 personas hospedadas en el Poseidon Resort, pasamos una semana y tres tardes de actuación por las calles de Benidorm. Salíamos a las 18.30 horas del hotel, ya con los músicos tocando correcalles y bailando hasta los distintos puntos: en la Plaza Triangular, se cantaron unas canciones y luego bailamos unas tres piezas, seguimos la calle Gambo, frente a las oficinas de Eroski, allí lo mismo danzamos otras canciones y otros bailes, así hasta en otros seis puntos más del centro de la ciudad. Fue un año inolvidable, lo pasamos muy bien y lo tenemos magnificado por todo lo que ha venido después, la pandemia”, destaca Muñoa Garmendia.

        “En 2020 no pudimos salir, no fiestas, no bailes”

        La “dantzari” destacaque “el regreso ha sido con mucha precaución, hemos ido la mitad, 54 personas; nos hemos encontrado un Benidorm más bonito, nos ha gustado mucho, la mejora de las calles, las infraestructuras, estupendo, muy bonito y más cómodo para el peatón” -y añade-, “hemos aprovechado las mañanas para andar mucho y la verdad es que es una maravilla, este año en el grupo teníamos una persona en silla de ruedas y al niño, al que le hemos puesto una moto de esas pequeñas con motor, y no hemos tenido ningún problema con él para hacer largas caminatas y recorrer toda la ciudad. ¡Nos ha encantado, hemos ido a la Cruz, a la Ermita de la virgen del Mar, hasta Finestrat, también hemos recorrido todo el camino de Terra Mítica, las cuatro rotondas, bueno ideal”!

        El grupo también ha salido dos tardes a bailar, “pero este año no hemos llevado los trajes típicos ni músicos porque no sabíamos cómo nos íbamos a encontrar a la ciuda y hemos hecho un pequeño recorrido con unos bailes. Ha estado bien, hemos tenido más público del que esperábamos y lo hemos pasado bien”, -concluye diciendo Muñoa Garmendia-, “esperamos volver en 2022 y que la situación lo permita, nosotros deseando que todo vuelva a la normalidad y de volver a Benidorm a disfrutar de todo lo que nos ofrece”.