La Almadraba ha curtido durante siglos a Benidorm

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Esta semana quiero hablarles de la colonia benidormense que se creó a principios del siglo XX en la ciudad marroquí almadrabera de Arcila. Según acuerdos franco-españoles de 1912, el protectorado español consistía en dos territorios del sultanato de Marruecos, geográficamente disjuntos: la Zona Norte de Marruecos, que incluye las regiones del Rif y Yebala, tenía frontera en el norte con las ciudades de Ceuta y Melilla (territorio español hasta 1956) y la ciudad internacional de Tánger. El Protectorado español lindaba con el francés.

UN REPORTAJE DE BELÉN RICHARTE

Arcila es un municipio de la costa atlántica de Marruecos, al sur de Tánger. El barrio antiguo, o medina, está delimitado por unas murallas y puertas bien conservadas que construyeron los colonos portugueses en el siglo XV. En esas callejas angostas y empedradas se erigían las bellas casas blancas las ventanas, puertas y bóvedas pintadas de azul celeste como una prolongación más de las inmensas playas que baña el intenso azul turquesa que en días de mar en calma regala a la vista la inmensidad de la confluencia del Mediterráneo y el océano Atlántico que se cuela por el estrecho de Gibraltrar.

De aquella pequeña comunidad de benidormenses recuerda una testigo que: “Los primeros años de mi infancia transcurren en Marruecos, Arcila, donde casi todos los almadraberos eran de Benidorm. Formamos entre todos una colonia en la que nos conocíamos y ayudábamos entre sí, -y añade-, “mientras los niños y niñas jugábamos e íbamos a la escuela y jugábamos plácidamente, nuestros padres, el mío en concreto calafat, se encargaban de construir los barcos en la arena de la playa y en la carpinterías se daba forma a las piezas que luego encajaban en el navío. Nací allí, cuando mi padre dejó la almadraba tenía 10 años. Viví 19 años en Arcila, cumplí los 20 años en Benidorm y de éste pueblo, que es el mío, me enamoró todo”.

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Reconoce la octogenaria que la almadraba “era un trabajo duro pero rentable porque no nos faltó de nada, no se pasaron las penurias que se estaban pasando en otros lugares de España”. Se puede decir que en épocas pasadas la almadraba “quitó muchas penurias porque daba mucho trabajo, directo e indirecto, a los habitantes de Benidorm”.

Capitanes, técnicos y almadraberos de los mejores de España

La almadraba (del árebeandalusí) almadrava, “lugar donde se golpea o lucha es una de las técnicas para la captura del atún, Marruecos”, Portugal (principalmente en el Algarve) y España (sobre todo Andalucía, Valencia, Murcia y Ceuta) aprovechando la migración de atunes Atlántico-Mediterráneo (y vuelta) que se utiliza desde tiempos prerromanos.

Han sido caladas almadrabas desde los puertos de Cádiz, Chiclana de la Frontera, Conil de la Frontera, Barbate, Rota, Zahara de los Atunes, La Línea de la Concepción, Nueva Umbría, Isla Cristina, Ceuta y Tarifa, entre otros puertos. También existe esta técnica pesquera en el sureste español, en la Región de Murcia, más concretamente en la bahía de Mazarrón, en el pueblo cartagenero de La Azohía, Cartagena, así como en distintos puntos de la provincia de Alicante, como son Dènia, Xàvia, Benidorm, La Vila Joiosa o Isla de Tabarca.

Las características físicas y bioclimáticas que se dan en las costas onubense y gaditana hasta el estrecho de Gibraltar, han hecho de este entorno un lugar privilegiado para la pesca. El proceso comienza cuando los atunes, en su emigración desde el círculo polar ártico hasta el mar Mediterráneo, pasan por el estrecho de Gibraltar. La práctica totalidad de las almadrabas caladas en el Mediterráneo, desde el siglo XVIII hasta mediados de 1950, han estado capitaneadas por arraeces (jefes de todas las faenas que se ejecutan en la almadraba) de Benidorm (Alicante), considerados los nativos de este pueblo como auténticos expertos en este arte de pesca durante siglos.

La almadraba es un arte para la pesca del atún, la más simple de las cuales consiste en situar dos barreras con redes en la que se recogen los peces, atunes y otros que puedan llegar. Gracias a que hasta que se suben al barco siguen vivos, en el acto se pueden seleccionar y descartar las piezas pequeñas o inútiles. Entre los barcos y sobre la red bajan los pescadores más experimentados que se dedican a seleccionar los atunes que pueden pesar unos 200 kilos. La pieza elegida es desangrada y luego sus compañeros sobre el barco le clavan arpones y entre tres o cuatro hombres es subido a bordo, esto se repite con cada pieza. Una vez extraídos (pescados) los atunes, se sigue con las especies de menos porte.

Historia*

Desde el principio al menos desde su fundación oficial, con la Carta Puebla de Bernat de Sarrià, Benidorm ha estado muy vinculado con la actividad marítima. En ese documento de 1325 se otorga a sus vecinos una serie de exenciones fiscales relativas al uso de la mar. Suponían la confirmación de las que ya disfrutaban al menos desde 1321: “Tendréis también la costa marítima y la playa”. Más adelante se especifica: “Asimismo dispondréis del puerto y de las playas para cargar y descargar, llenar o vaciar naves, navegar, transportar y exportar bienes, mercancías y cuanto quisieseis hacia cualquier parte que deseaseis, sin ningún censo, tributo, […] excepto el que corresponda al Señor Rey“.

Almadraba niños jugando barco

Está claro que sobre el papel se le concede a Benidorm un puerto para desembarcar la pesca e importar y exportar todo tipo de mercancías. En la práctica tal puerto sólo podría tratarse de una estructura de madera donde pudiesen atracar las naves, aunque es posible que ni siquiera tuviese eso.

La naturaleza del emplazamiento elegido por Bernat de Sarrià para la nueva villa jugaba en contra de un puerto natural: la bahía de Benidorm o “Rada de Benidorme” es muy abierta y los temporales de componente sur y sureste la afectan con facilidad.

Benidorm se había construido pensando en la defensa y al mismo tiempo en la accesibilidad. El promontorio elegido, Canfali, con tres de sus cuatro lados cayendo abruptamente al mar mediante acantilados y un cuarto inclinándose suavemente hacia tierra, cumplía esos dos objetivos. Además el agua de Lliriet podía llevarse hasta allí dejándola fluir por la gravedad. Pero no tenía un puerto natural. Tampoco el Tossal de la Cala hubiese sido una solución. La cala de Finestrat, que en época ibérica y romana había sido un buen puerto porque el mar penetraba mucho más que en la actualidad y ofrecía buen abrigo frente a los temporales, ya se había colmatado de sedimentos en la Edad Media y no servía como puerto.

Así pues el Benidorm medieval no debió contar con un puerto. Su inexistencia está clara en el siglo XVI. Lo sabemos porque Vespasiano Gonzaga, en su conocido informe sobre el castillo de Benidorm de 1575, indicaba como uno de sus inconvenientes la carencia de puerto. Esta situación se prolongaría hasta el siglo XX.

Aún así en Benidorm hubo importante actividad pesquera, comercial y corsaria desde la Edad Media. Una importancia que se acrecentaba por la mala calidad de las comunicaciones terrestres por el litoral, donde la Sierra de Bernia constituía una barrera complicada de superar. Por eso la comunicación con Valencia y sus territorios resultaba más fácil y sobre todo más económica si se hacía por mar, lo que contribuyó al desarrollo de la navegación en la comarca, Benidorm incluido.

La importancia de la actividad marítima

La importancia de la actividad marítima en nuestra localidad continuó en los siglos posteriores: en el XVI se introdujo la técnica de la almadraba, en la que los benidormenses serían los líderes indiscutibles hasta el siglo XX inclusive. Pero la época dorada de esta actividad fueron los siglos XVIII y XIX, con una nómina de corsarios, marinos (mercantes y militares) realmente sorprendente por su cantidad y calidad. Un hecho que aún es más sorprendente si se tiene en cuenta que la población de la villa apenas sobrepasaba los 4.000 habitantes en esas centurias. Es un tema muy bien estudiado por Carlos Llorca Baus en su obra “Historia marinera de Benidorm (1781-1950)“.

Lo más chocante es que toda esta actividad se llevó a cabo sin tener puerto. Las naves de mayor calado se cargaban y descargaban transportando en barcas las mercancías; es un hecho comprobado para otras localidades y de lo que hay testimonios escritos y gráficos.

Almadraveras

Las embarcaciones menores se sacaban a tierra arrastrándolas mediante animales de tiro; Sorolla tiene un hermoso cuadro que refleja esta costumbre ancestral, “La vuelta de la pesca“, del año 1894. Estas embarcaciones también podían ser sacadas a la playa por personas. Unos troncos colocados debajo de ellas permitían que la operación se realizase con más facilidad.

La actividad comercial y pesquera tradicional podía encontrarse con una dificultad insalvable: los temporales. En el caso de la pesca las barcas debían quedarse varadas en la arena sin poder salir a faenar. Si esta situación se prolongaba durante varios días los pescadores pasaban apuros. Así se deduce de una noticia del periódico “El Graduador”, del 17 de Marzo de 1886. La conocemos gracias Francisco Bou y dice: “BUEN RASGO.- Ha empezado á funcionar una cocina económica en Benidorm, establecida y costeada por el caritativo señor don Juan Thous, que socorrerá diariamente á los marineros pobres con raciones de comida y pan, mientras los temporales impidan que salgan á la mar y busquen la subsistencia para su familias. Este rasgo del señor Thous, bien merece un sincero y entusiasta elogio.

El principio de la playa de Poniente era el lugar más resguardado ya que el promontorio de Canfali lo protegía de los temporales del NE, los más violentos. Por eso las embarcaciones de pesca y comerciales se concentraban en ese sector a pesar de no ofrecer protección frente a temporales del tercer cuadrante, menos frecuentes.

Queda claro que, al menos desde el siglo XVIII, en Benidorm la gente de la mar prefirió anclar las embarcaciones o sacarlas a la playa en esta zona algo más resguardada. La pesca y las redes también se depositaban en ella. Y también por esa causa se formó ahí el barrio de pescadores (calle de San Pedro y adyacentes) que empieza a reflejarse en los mapas a principios del siglo XIX aunque lo más probable es que existiera desde el XVIII, un siglo que para Benidorm fue de gran crecimiento demográfico.

En su Ayundantía de Marina, dependiente de la Comandancia de Alicante, estuvo destacado algunos años el benidormense Gaspar Ortuño. El año 1856 se publicaba en “La Marina: Revista científica, militar, administrativa, histórica, literaria, política y de comercio” un nuevo nombramiento para la Ayudantía de la Marina de su pueblo: “Tomo I. Boletín Reáles Órdenes: Disponiendo que vuelva a encargarse de la ayundantía del Distrinto de Benidorm el alférez de navío graduado D. Gaspar Ortuño”.

A causa de su actividad marítima se registraban algunos intentos de construcción de un puerto en la segunda mitad del siglo XIX, pero no tuvieron éxito. Hubo que esperar a los inicios del siglo XX cuando se construyó un gran espigón o “puerto refugio”, como se denominó en la época, que creó un espacio más resguardado frente a los temporales del Noreste y Este. Algunas dificultades se superaron en gran parte gracias a la ayuda de Emilio Ortuño Berte, ministro de Fomento de febrero a septiembre de 1920 y persona muy vinculada a Benidorm.

El declive de la almadraba

Las dos primeras décadas del siglo XX fueron para la industria del atún un período de crecimiento. Junto a los tradicionales salazones y ahumados las nuevas técnicas del enlatado de conservas en aceite y escabeche, desde finales del siglo XIX, habían favorecido la actividad industrial y comercial en torno al atún. La producción pesquera fue especialmente demandada durante la Primera Guerra Mundial y siguió en los años posteriores.

La almadraba de Benidorm, como todas las demás, se vio beneficiada por este proceso. Según Carlos Llorca Baus no se trataba de una auténtica almadraba ya que no capturaba atunes sino llobarros, lisas, mújoles, sardinas y otras especies.

Ancla e isla de benidorm foto de Quico
Fotografía de Quico

En esos años tenía la concesión la empresa de Villajoyosa “Lloret y Llinares”.

Una buena descripción de esta almadraba de Benidorm del siglo XX la ofrece Llorca Ibi en el “Diccionari de Benidorm”.Su situación, nos explica el autor, continuaba siendo la punta de la Llisera, descubriendo la casa del “Ti Nadal”. En ella trabajaron, hasta 1952, unos veintiocho hombres por temporada, que duraba de septiembre hasta finales de junio, fiesta de San Pedro, patrón de los pescadores.

A primeros de septiembre comenzaba la preparación del arte en tierra. Una vez calada la almadraba, la jornada comenzaba a las cinco de la mañana cuando los “almadravers” salían del almacén del Rincón de Loix, situado exactamente donde ahora se alza el edificio La Almadraba. No había un horario definido, ya que dependía de cuando y cuantos peces entraban en el cóp. Sobre las cinco de la tarde “donaven de mà”, es decir acababan la tarea. Era un trabajo muy sacrificado, con muy poco tiempo para el ocio.

Cuando no había una actividad determinada se dedicaban “a matar la rata”, que consistía en hacer trabajos auxiliares, pescar con “volantins” y “armes secretes” o “regoneixer la red“, es decir repararla.

Durante los nueve meses que estaba la almadraba calada, las redes se renovaban tres veces. La primavera era la mejor época del atún y se llegaba a capturar unos cien cada día. Los marineros recibían una parte del pescado que se capturaba, un kilogramo como mínimo, lo que les aseguraba la alimentación. Otra obligación era la de vender en Benidorm al menos dos de los atunes pescados.

Estas normas proteccionistas tenían como finalidad evitar el dejar sin alimentos las poblaciones que obtenían el pescado. El resto de capturas iba a Villajoyosa, sede de la empresa Lloret y Llinares.

El final de la almadraba de Benidorm fue el día de San Pedro de 1952 cuando, según mandaba la tradición, se puso “el cóp en terra”, pero esta vez nunca más volvería a calarse.

Miguel Soldevila Lloret fue su último “arraix“. Dos años después dejaban también de calarse las de Villajoyosa y Calpe. En los años siguientes las subastas para calar la almadraba de Benidorm quedaron desiertas.
Según Guillén Tato las causas de la decadencia almadrabera de la comarca fueron dos. La primera que el interés de los pescadores se volcó hacia las actividades turísticas, porque eran más lucrativas y con menos esfuerzo. Sin embargo la actividad turística de ese año 1952 aún no era importante. La segunda causa sí que parece más plausible: la Sociedad Almadrabera Española no quiso explotar las pesquerías de bajo rendimiento y dejó de calarlas desde el cabo de Gata al de San Antonio, dedicándose a las mejores, situadas en las costas de Cádiz, Huelva, Ceuta, Túnez y Marruecos. Es decir que la verdadera causa de la desaparición de la almadraba de Benidorm fue su baja rentabilidad por disminución de capturas.

La almadraba fue muy importante para Benidorm porque dio trabajo a muchas personas, generando unos ingresos más altos de los habituales en el sector pesquero.

Una parte de esos ingresos se invirtieron en el desarrollo turístico de la localidad porque algunos almadraberos, que en la década de 1960 veían acercarse el declive de su actividad tradicional, decidieron crear hoteles, un negocio que se presagiaba rentable. Así surgieron los hoteles Agir, Aguazul, Atún, Joya, Mistral, Tanit, etc.

La almadraba influyó también en muchos aspectos de su vida cotidiana. Por ejemplo, los “almadravers” no podían celebrar el día de la Virgen del Sufragio ni el de Sant Jaume, patrón del pueblo, por estar en plena temporada del atún. Por ello en 1926 el Ayuntamiento obtuvo permiso del arzobispo de Valencia Prudencio Medo para que las Fiestas Mayores Patronales se trasladaran al segundo domingo de noviembre, fecha de arribada de los almadravers de Ceuta, los últimos en finalizar.

La desaparición de la almadraba de Benidorm en 1952 no supuso el final de sus almadraberos. Su predominio en el resto de almadrabas nacionales continuó como en siglos anteriores.

Lo habitual era que los familiares de los capitanes y técnicos de Benidorm ya asentados empezaran trabajando en labores de administración, como varillas –aquellos que cuentan las capturas a bordo-. Esta preponderancia de capitanes no andaluces era justificada por el hecho de que acreditaban un título superior, el de marino mercante.

A ello se unía que los benidormenses usaban el secreto y la transmisión restringida de los conocimientos técnicos a sus parientes sobre la estructura y el montaje del arte para mantener los puestos de mando.

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  • Artículo publicado por el profesor Francisco Amillo: “El Puerto de Benidorm y el Club Náutico: esbozo de una Historia”, su blog Infohistoria, 13/ 12/ 2020.
  • Un estudio e historia más pormenorizada en cuanto a nombres de capitanes de almadraba, técnicos y todos los empleos indirectos que este arte de pesca milenario llevaba a cabo lo encontraran en el libro Historia Marinera de Benidorm 1781-1950, de Carlos Llorca Baus.