Autocaravana Vivir: Ruta por España y Portugal

Rincón de la Victoria

El amigo Leopoldo Bernabeu inicia un nuevo viaje con su Autocaravana Vivir, donde esta vez va a promocionar por España y Portugal, Jappi Experience.

DE CASTELL DE FERRO AL RINCÓN DE LA VICTORIA CON A-HA Y THE CURE. MENUDA JAPPI EXPERIENCE

Leopoldo Bernabeu.- Navegando sobre ruedas prosigo inmerso en esta nebulosa de kilómetros sin destino a la vista. Semanas redactando sueños sobre el papel que duran lo mismo que cualquier capricho de mis objetivos infinitos.

Sólo había clara una cosa en este nuevo viaje, era el sur y no el norte el inicio de esta aventura en Autocaravana Vivir. El verano pasado lo inicié por Belchite, lugar de misterios subrayado en mi agenda de las pasiones, y en este lo ha sido Castell de Ferro, escogido al azar entre el deseo de avanzar y el capricho de lo desconocido.

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Lo más curioso es que era el tercero en la primaria lista de lugares seleccionados, previo paso por Mazarrón en Murcia y la Isla de Lobos en el Cabo de Gata de Almería, nostálgico recuerdo de nuestra primera aventura dentro de “Vivir”. Pero esa es la magia del viaje sin destino, del objetivo efímero, es la salud sin recetas que te regala vivir en esta autocaravana.

Castell de Ferro no es más que otro pequeño pueblo pesquero, en la costa granadina al que vale la pena ir, parar y disfrutar de sus vistas, sus playas y su comida. Una noche aparcado junto al mar mirando un cielo tan estrellado que sólo la luz de los solitarios pescadores de la playa te devuelven a la realidad, es el mejor recuerdo que me llevo, junto a la poderosa caminata matinal entre acantilados. Punto y final a un destino, previa redacción de lo vivido, liberación añadida del humilde juntaletras, que permiten abrir el mapa y empezar a soñar despierto una vez más.

¿Cuántos años dirías que tengo? Te doy pistas. Autocaravana Vivir pone rumbo, por consejo de mi padre, hacia el Rincón de la Victoria, él y mi madre, que viene conmigo, estuvieron en este antaño dormitorio de Málaga y hoy destino paradisíaco de sol y playa.

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Recorremos por la costa los 100 kilómetros que separan ambas orillas, subiendo y bajando los antiguos acantilados que sobreviven como espectáculo visual a lo largo de la N-340, saboreando la vida de Calahonda, Torrenueva, Motril, Almuñécar, La Herradura, Nerja… y escuchando, transportado al olimpo de los dioses, la mejor música de A-ha, The Cure, Depeche Mode o Simple Minds… ¿ya lo sabes?.

La necesidad desbordante de libertad se respira en los ojos de los cientos de supervivientes que caminan, corren, juegan y disfrutan del amplio paseo que ata los extremos de las ventosas playas del Rincón de la Victoria, el reino de los chiringuitos con espetos. Por la tarde al llegar, lo descubro en dirección Cala del Moral y después de una noche de suave brisa y felices sueños, hacia Chilches con los primeros rayos de sol, disfrutando la medalla de plata de nuestras campeonas del waterpolo.

Un día más, que no un día igual, vivido y disfrutado, de los que pasará al archivo del disco duro y ayudará a evaporar los que sobran, abriendo hueco a todos los que están por llegar. Empiezo a cogerle el gusto a este viaje de tantas propuestas y lugares inciertos.

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Esta JAPPI EXPERIENCE con la imagen de Benidorm avanzando con fuerza por España, es algo que debes incluir en tu agenda de prioridades.

DEL MAR MEDITERRÁNEO AL OCÉANO ATLÁNTICO, UNA AUTÉNTICA JAPPI EXPERIENCE

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Aparcado en lo alto del cerro que separa el mar Mediterráneo del océano Atlántico, viendo como se pone el sol por el oeste, frente al cementerio de Tarifa y rodeado de autocaravanas que comparten está pasión, soy consciente de que avanzar y descubrir te describe el poco significado que tiene la vida de rutina que el pernicioso sistema nos impone a diario. Me revelo y lo comparto.

Hazlo tu también, esto tiene fecha de caducidad y nadie nos va a contar todo lo que nos estamos perdiendo.Me es fácil escribir saboreando la brisa del primer anochecer que penetra por las ventanas. Encontrar la magia en las palabras que te sumerjan en un sueño al leerlas… te lo dejo a ti.

Salí del Rincón de la Victoria siguiendo el plan trazado, descubrir lugares por donde nunca pasé, y lo conseguí, aparcando la JAPPI EXPERIENCE de Benidorm en la playa de las Sabinillas, otro paraíso escondido.Viajar de esta forma es un aprendizaje diario.

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Salir a la ruta con los pegadizos prejuicios es jugar con desventaja. Cada día es una aventura, un misterio y así hay que afrontarlo. Costó mucho aparcar en las playas de Manilva, pero valió la pena, el lugar elegido fue una bendición. No sólo porque os hablo del paseo marítimo de una preciosa pedanía, limítrofe entre las provincias de Málaga y Cádiz, sino por el espectáculo de vida y color veraniego.

La noche me regaló además un viento de poniente que, mezclado con la música de A-ha, Poul Young y The Cure, verificó de nuevo que el paraíso sí existe.

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Al despertar, cambio de planes, ya caminaré en mi próximo destino, ese Peñón de Gibraltar que, según mis guías de viaje, está a sólo media hora de camino. Y de nuevo otra lección, espectáculo imprevisto, y es que La Línea de la Concepción siempre ha sido el patito feo de una prensa que ha sobrevalorado la minúscula parte inglesa sobre el majestuoso campo de Gibraltar. Una maravilla de lugar, paraíso de los aurocaravanistas, con playas de ensueño y un mar de aguas tan frías que anestesia la conciencia.

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Tan cercanos y tan distintos, Málaga y Cádiz. Con la excusa del Peñón descubrí La Línea, gente humilde y amable, que atiende con una gracia especial y a un precio que invita a quedarse por un tiempo.

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La tarde del domingo la he terminado incumpliendo mi plan, pero redescubriendo Tarifa, el extremo más meridional de Europa, visitando por primera vez su isla, esa que separa ambos mares, el Mediterráneo y el Atlántico. Y aquí estoy, durmiendo frente al cementerio, ¿puedo pedir más?

ATARDECER DE ENSUEÑO EN EL SUR DE ESPAÑA

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Cambio de tercio, que diría el maestro taurino, aprovechando que trasiego por tierras sureñas.

¿Quizás ha empezado hoy esta aventura? No lo sé con certeza.La realidad es tan voluble como los sentimientos que aplicas para entenderla, lo mejor es dejarse llevar.

Es posible que me esté empezando a encontrar, dejando escapar el caparazón inicial y mutando la piel escamada, costumbre aplicada a este tipo de viajes cuando sobrepasas los primeros días.

O quizás se empieza a equilibrar la balanza entre el deseo de avanzar por conocer y la felicidad de la calma que observa.

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Mil veces hemos leído sobre atardeceres y puestas de sol ¿verdad?, a cual más bonito entre esas preciosas imágenes de revistas e imágenes de televisión. ¿Lo has vivido con la fragilidad que genera la unión entre soledad y pasión?

El día despuntaba los primeros rayos mostrándome el perfil del continente africano desde la parte más alta de Tarifa. Pronto avancé hacia sus anchas y mágicas playas llenas de viento y dunas… hasta que casi me perdí. Vuelta sobre mis pasos hasta conquistar de nuevo su isla… cerrada… y de nuevo mi gozo en un pozo. Ducha, desayuno y lectura en esta Autocaravana Vivir, hotel andante donde los haya, y rumbo a ver a mi amigo Manuel, que junto a Moncho en la Foz lucense, fueron mis ángeles de la guarda en el verano del 20.Y allí estaba, curtido sobre la piel que todo lo soporta, aprendiendo a vivir con la peor tragedia que ningún padre debiera soportar, pero de nuevo feliz, con la ilusión de un chaval de 20 años, de nuevo enamorado.

Y es que por momentos así, son por los que vale la pena nuestro paso en este paréntesis terrenal.Su “camper” en la Playa de Bolonia es el lugar perfecto para poner la máquina a punto… y disfrutar viendo como la marca Benidorm llama la atención a todos cuántos la ven.

Tras descansar un rato y ahondar en las profundidades de Aquitania, el último premio Planeta, ha llegado sin preveerlo el momento más auténtico de esta JAPPI EXPERIENCE, que no ha hecho más que empezar.

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Dos horas de lento paseo al atardecer por los senderos, todavía salvajes, que rodean la infinita playa de Bolonia, de las más bonitas que han visto mis ojos, para terminar sentado al final del trayecto, esperando con la paciencia ganada a pulso tras un año del que me siento realizado, viendo como el sol se va escondiendo en lo alto de las dunas que conducen a Zahara de los Atunes, al tiempo que los dioses me premian con la música de Morrisey, A-ha y la Omd.

Pedirle más a la vida sería abusar de ella.

DESDE LA PLAYA DE BOLONIA HASTA DOS HERMANAS, SÓLO SÉ SEGUIR, ¿ME ACOMPAÑAS EN ESTA JAPPI EXPERIENCE?

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En este quinto día desde que salí ilusionado de Benidorm para recorrer España y enseñarle a todos donde vivimos y porqué, superados ya los primeros mil kilómetros de esta fenomenal odisea, en la que cada vez resulta es más evidente que la felicidad que proporciona el recorrido es muchas veces superior a lo esperado de los destinos, el día no pasará a la historia, o quizás sí.Porque los hay cuyo atardecer es el principal motor que prende la chispa que permite sacar y transportar lo vivido, como el de ayer, y otros, como el de hot, en el que la caminata matinal tiene visos de convertirse en uno de mis mejores recuerdos de esta nueva aventura que empieza ya a desperezarse.

El caso es que sin saber como, os escribo desde la sevillana villa de Dos Hermanas, aparcado en un amplio y preparado descampado en el que por fin, ahora que se pone el sol, la brisa empieza a ser respirable, tras haber vivido horas de un calor africano que despeja las dudas del sufrimiento que los hispalenses han de soportar cuando esta calima apriete.

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Paisajes que mezclan el verde del bosque y el azul del mar, como los que se disfrutan cuando asciendes, tras horas de dura caminata, hasta la cumbre que bifurca las playas de Bolonia y Zahara de los Atunes, es difícil describirlos con palabra, al menos para mí. Lo que si puedo es recomendarte que cuando por allí vayas no te limites a bañarte y recorrer sus dunas. Asciende y siente, los miradores de Camarinas y la Cueva del Moro, a los que llegas bordeando caminos salpicados de ganaderías, te muestran la infinidad de un océano Cantábrico que acaba de nacer ante nosotros y se adentra en lontananza camino de África y Portugal. Todo ello rodeado de unos inmensos bosques de pinos que te confunden con la España norteña.

Agotado y anestesiado a partes iguales, llego hasta Autocaravana Vivir dispuesto a disfrutar del volante, poniendo rumbo incierto convencido de que mi próximo destino queda a dos días de camino, demasiado e innecesario tirón. El Puerto de Santa María me recibe para darme de comer, y eso hago antes y después de recorrer toda la playa de Valdelagrana. Rumbo de nuevo hacia la capital hispalense, parando en el destino desde el que escribo y de cuyo nombre yo nunca tuve, Dos Hermanas, con un calor sahariano que presagia una noche complicada. Vamos a conocer el lugar y mañana os cuento.Quédate con las claves, da igual el destino.

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Llegas, ves y decides. Sólo sé seguir, lema de los Aquitanos que me aplico, justo cuando acabo de terminar el premio Planeta de este año. ¿Cuál empezaré mañana? ¿me recomiendas uno? Ahí tienes la foto de mi biblioteca en Vivir. Si me escribes uno es porque has leído hasta aquí, una JAPPI EXPERIENCE rodeada de Benidorm por todos lados.

¿LLUVIA DE ESTRELLAS JUNTO AL PARQUE DE DOÑANA?

Lo más poderoso de esta aventura, además de sugerente, es el misterio que adorna y reviste cada jornada. A no ser que tengas muy definido el itinerario, y eso sólo puede suceder si conoces muy bien el destino, lo recóndito de las causalidades se convierte en el motor de impulso a un día que termina por incluirse en el apartado de diferentes.

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Eso que todos añoramos y pocos se atreven a poner en práctica. Un simple cartel de carretera ha cambiado la ruta de esta fantástica JAPPI EXPERIENCE, en la que por momentos se echa de menos viajar con alguien con quien compartir, al tiempo que certificas que eso restaría incertidumbre a este caminar plagado de misterios.

Me he despertado junto al recinto ferial de Dos Hermanas, teniendo en mis queridos mosquitos los aliados perfectos para madrugar todavía más de lo habitual. Desde aquí les envío mis saludos, porque me han permitido exprimir la jornada hasta el punto de que cuando esto escribo, viendo como se apaga el sol en la privilegiada zona, final de trayecto, en la que descansa la Autocaravana, me cuesta discernir si todo lo hoy vivido pertenece al mismo día.

Dos horas y media aún en penumbra recorriendo las calles de esa ciudad paralela a la capital hispalense, me han invitado a ver el desperezar de una gran urbe que se desayunaba la vida con buenos churros y mucha alegría. Y después de mi merecido café con pan recién tostado dentro de “Vivir”, rumbo hacia Huelva, al menos esa era la idea, una capital de las muy pocas que todavía no he recorrido. Pero ahí estaba ese divina señal: Almonte, el Rocío, Matalascañas.

No lo he dudado un momento, por eso te puedo enseñar mi foto con la Virgen del Rocío, espléndida bajo su manto en la iglesia de Almonte, plena de devotos que con lágrimas en los ojos la veneran de forma muy singular. Le pedí, mirándole a sus ojos de Reina que cuide de mi madre, que viene conmigo en este viaje.

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Prensa y un rico pollo asado han sido la antesala de mi visita a la aldea del Rocío, con su Iglesia en obras pero sus verdes campos plagados de caballos, anchos y preciosos. Lo mejor estaba por llegar. Y es que viajar en Autocaravana no es hacerlo en coche y menos si quien conduce soy yo, mi chica lo hace mucho mejor. De ahí que siempre apueste por aparcar en las afueras de los lugares que descubro.

El riesgo asumido, el mismo que no cuajó en Rincón de la Victoria, hoy ha ganado la partida y se ha obrado el milagro con el que sueño en el amanecer de cada día.

Me ha traído hasta el paraíso, un perfecto descampado que no figura en el mapa, justo donde acaba la calzada y empieza el parque nacional de Doñana, y donde la anunciada noche de las lágrimas de San Lorenzo me “amenaza” con una lluvia de estrellas que ya será mañana cuando te cuente si todo salió como lo imaginaba.

DE LA COSTA DE LA LUZ A PORTUGAL

Dos días sin escribir, al menos esta crónica diaria, y cuando echo la vista atrás para resumir los momentos más interesantes de estos días, parece que ha pasado un siglo.

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Supongo que es a esto a lo que por ahí llaman Vivir, perder la noción del tiempo, nada que ver con esos días, esas semanas… que se suceden una a la otra y nunca pasa nada. Lo que también se conoce por monotonía.Dejé mi aventura aparcada con la propuesta de hablaros sobre la noche de estrellas fugaces, que al final no fue una, sino dos.

La primera la viví con la intensidad de verme solo ante el firmamento junto al borde que limita el parque de Doñana, y la segunda, nada que ver, secuestrado entre docenas de coches atraídos por el eco de la noticia, poniendo distancia con las luces y buscando la paz de la noche para disfrutar el espectáculo, estropeándolo por supuesto, como casi todo cuando se masifica.

Me quedo con la primera, en la que además me volví a poner mi camiseta de Maeng-ho, sabiendo como así fue, que era la última noche en este mundo de mi amigo y Maestro Eduardo Martín. Él sabe que lo he despedido en la distancia con mi homenaje particular. Y dediqué toda la jornada, la segunda que pasaba en el mismo lugar por primera vez en este viaje, a recorrer los seis kilómetros de playas, paseos, rutas y vida que destila la turística villa de Matalascañas, en recuerdo, tengo que añadir, al viaje que mis padres realizaron por ahí hace muchos años.

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Me vino bien este paréntesis de calma, porque si Aquitania me gustó, Independencia de Javier Cercas me hipnotizó. Novela increíble con paralelismo añadido a la absurda mentira en la que viven demasiados catalanes de bien.

Había que seguir. Quería recordar la única vez que estuve por la otra parte de la costa onubense, cuya capital visité tan solo para repostar y fotografiar el estadio colombino, donde todavía juega el decano del fútbol español. Y en dirección Lepe, pasé por la abarrotada Islantilla para acabar en Isla Cristina, precioso pueblo marinero que me ha encantado por la alegría y la cordialidad de su gente. El sur tiene mucho que mejorar con respecto al norte en infraestructura y mucho que enseñar a sus vecinos en amabilidad.

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En cualquier caso, orgulloso de pasear el nombre de BENIDORM a través de esta JAPPI EXPERIENCE por toda la Costa de La Luz, además de todas las otras costas andaluzas, desde Almería hasta Huelva.

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Hoy he puesto la guinda comiendo en Ayamonte mientras hablaba de Benidorm y preparaba el asalto definitivo a Portugal, donde ahora me encuentro acampado en un fantástico lugar de Albufeira, no sin antes haber parado y visitado la legendaria ciudad de Faro, donde se respira historia y tradición por todos sus poros. La nación lusa es capítulo aparte.