¿𝗧𝗥𝗔𝗕𝗔𝗝𝗔𝗥 𝗖𝗢𝗡 𝗔𝗟𝗚𝗨𝗜𝗘𝗡 𝗕𝗥𝗜𝗟𝗟𝗔𝗡𝗧𝗘, 𝗣𝗘𝗥𝗢 𝗤𝗨𝗘 𝗡𝗢 𝗖𝗢𝗡𝗙𝗜𝗔𝗦?

¿O prefieres alguien no tan sobresaliente pero que es de fiar… ?

Simon Sinek plantea esta pregunta incómoda sobre los equipos.

En una reflexión sobre los Navy SEALs, cuenta que, al valorar a sus compañeros, la confianza puede pesar más que el rendimiento individual. No porque el talento no importe. Importa mucho. Pero un equipo no funciona como una suma de currículos: funciona cuando las personas pueden contar unas con otras, especialmente bajo presión. 🤝

En cualquier equipo hay momentos de incertidumbre, errores, decisiones difíciles y conversaciones que no siempre son cómodas. En esos momentos, la confianza no es un concepto bonito para poner en una presentación: se nota en lo que hacemos y en cómo tratamos a los demás.

En esa lección, comenta la ecuación atribuida a David Maister: credibilidad, fiabilidad y cercanía, divididas por la autoorientación.

✅ Credibilidad: decir la verdad, reconocer los límites y no fingir que tenemos todas las respuestas.

✅ Fiabilidad: cumplir los compromisos y avisar cuando no vamos a poder hacerlo.

🗣️ Cercanía: escuchar sin ridiculizar, preguntar antes de juzgar y poder hablar de los errores.

🧭 Menos autoorientación: dejar espacio a otras perspectivas y al objetivo compartido.

También pone foco en la matriz de seguridad psicológica de Amy Edmondson que añade otra pieza: la exigencia y la seguridad para hablar no son opuestas.

Cuando hay mucha exigencia y poca seguridad, puede aparecer la ansiedad: se esconden dudas, se evitan los desacuerdos y los errores se comunican tarde.

Cuando existe seguridad para expresarse y, a la vez, un nivel alto de exigencia, el equipo puede aprender y buscar mejores resultados. Eso no significa rebajar los estándares ni evitar conversaciones difíciles. Significa poder tenerlas sin que la persona que plantea un problema quede señalada por hacerlo.

La confianza también consiste en saber que se puede pedir ayuda, reconocer un fallo o discrepar sin perder el respeto del equipo.

Por eso, más que preguntarnos quién es la persona más brillante de la sala, quizá conviene observar cómo contribuye cada uno a que los demás puedan hacer bien su trabajo.

¿Cumplimos lo que acordamos?

¿Reparamos el daño cuando nos equivocamos?

¿Escuchamos de verdad una opinión distinta?

¿Exigimos resultados sin castigar la honestidad?

La confianza se construye en esas conductas pequeñas y repetidas. Y también se erosiona cuando prometemos y no cumplimos, cuando culpamos antes de entender o cuando confundimos la exigencia con el miedo.

El rendimiento importa. Pero para sostenerlo en equipo necesitamos algo más que talento: necesitamos poder contar unos con otros.

Una pregunta para llevar a tu equipo esta semana: ¿Qué comportamiento cotidiano está reforzando la confianza y cuál la está debilitando?

Carmen de la Peña

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