Leopoldo Bernabeu
La España de las dos velocidades existe. Avanza delante de nuestras propias narices y no es ningún acertijo verbal, ni siquiera una frase hecha. No están enfrentadas, ni juegan la una contra la otra, tienen vida propia, cada una hace su camino. Una de ellas es parte de nuestra esperanza porque todavía no hemos llegado, aunque vamos de cabeza en esa dirección, hacia el sentido unilateral de las cosas.
La primera es la que ejecuta con memorable éxito un Gobierno indecente con ruta escrita evidente. Es la que se ha ahorrado el gasto en frenos y lo ha apostado todo a la palanca del acelerador. La que todavía suma adeptos que no la quieren ver o no les interesa asumir lo que supone y sigue defendida por un notable ejército de ciegos con desacerbada e inexplicable sinrazón, a los que llegado el momento pediremos explicación si llegamos a tiempo antes de que nos arrastre como colectivo.
La otra es la de nuestra exigua esperanza. La rebelión, todavía silenciosa, de un pueblo que ha decidido auto defenderse ante el ultraje de su Gobierno y la clamorosa pasividad de un Jefe de Estado, Felipe VI, que no puede o no quiere, pero ha abandonado a sus compatriotas. Todo lo contrario que el gerifalte alahuita. España está aletargada pero no es ciega.
Hablé de una juventud cansada de su propio saqueo, el de sus familias y el de su futuro. Hoy añado a Ceuta como eslabón de arranque de una nueva oportunidad para reencontrar esa España que lideró el mundo y que, de forma particular, puso a Marruecos en su sitio hace siglo y medio cuando pretendió hacerse con Ceuta y Melilla, consiguiendo justo lo contrario. Los españoles les derrotamos en Castillejos, nos hicimos con Tetuán y el control de Sidi Ifni. Hoy es otro Mohamed, biznieto del de entonces, el que maneja la notable debilidad que arrastramos como país y tiene de rehén al propio Pedro Sánchez a través de Pegasus y esas saunas que han convertido a jóvenes marroquíes en presuntos familiares de notables políticos… De aquellos barros estos lodos. Todo se sabrá, la clave es que no sea demasiado tarde.
España aparenta ser un país que funciona bien a pesar de “los exabruptos y desmanes de una derecha política y mediática exagerada”. Es el eslogan de moda. No es verdad. Funciona bien esa macro-economía que hace subir la bolsa y las grandes cuentas del Ibex. Con ese dato y el parné suficiente para engrasar los medios afines, se edulcora todo lo demás. Los españoles vivimos hoy con la permanente incertidumbre de no saber que pasará el mes que viene. El futuro ya no existe, todo es a corto plazo. ¿Podremos pagar el alquiler o la hipoteca el mes que viene?. La juventud ha descartado por completo su emancipación, ahora la responsabilidad fija sus pies al entorno familiar que también se tambalea, apoyando a sus padres en el equilibrio económico ante la exageración del incremento del coste de la vida. ¿De verdad avanzamos hacia un sociedad del bienestar?
Los datos del turismo siguen siendo excelentes, pero hay que observar con detenimiento y no engañarse. Sigue siendo la principal industria del país y deberíamos mimarla. No está siendo así. El turismo internacional no nos falla aunque cada vez les pateemos más el culo con subidas de tasas aeroportuarias y escraches en muchos de sus lugares de descanso. Veremos que sucede cuando se estabilice Oriente Medio. Y el nacional ha cumplido porque ha tirado del remanente que todavía queda del ilegal encierro durante el covid, aunque este verano hemos restado 4.700 millones a nuestros ahorros. Les culpamos de nuestros problemas, poniendo la zanahoria ante los ojos del burro y tapando el sol con la palma de la mano. Cuidado con la gallina de los huevos de oro.
Los inevitables nubarrones aceleran su llegada. Ese boom por el que se ha vendido todo con independencia de la burrada que se pidiese toca a su fin. Los precios de los carburantes y la cesta de la compra están desbocados, llega septiembre, la inflación en máximos de hace una década, la deuda española al borde de la intervención y sin presupuestos generales toda una legislatura. Ya no se respeta ni la Constitución. El que avisa no es traidor.
Es algo que tenía que llegar porque así son los ciclos de la vida, tan reales como escasa nuestra memoria para recordar el legado egipcio. 2008 no queda tan lejos aunque para muchos nunca haya existido. Generó una brutal quiebra que a algunos no se nos ha olvidado. El banco europeo anuncia una nueva subida de los tipos de interés. ¿Cómo van a pagar ahora sus hipotecas esos cientos de miles de familias que han comprado un 300% por encima del valor real de la vivienda?. Y mientras todo esto sucede, recordemos las dos velocidades, el Gobierno que se divierte y vive con nuestro dinero a la par que nos esquilma, teniendo como rehén la Hacienda Pública, sigue avanzando con esa hoja de ruta que convierte la democracia española en algo muy similar a las pseudo-dictaduras que tanto idolatra en el continente sudamericano. Caperucita Roja y el Lobo Feroz no es un cuento reciente…
Aquí aparece Ceuta con fuerza. El gran problema artificial con el que nos han entretenido este verano, se puede dar la vuelta y pasar a convertirse en la gran solución al problema estructural que padece España. De Canarias partió la rebelión que acabó con los desmanes de la asesina izquierda en 1.936, y del sur puede llegar la nueva esperanza global. Este Gobierno, rehén de sus fechorías y hermanado con sus maldades, nos vende. Vende España, lo lleva haciendo hace tiempo. Casándose con independentistas que quieren desunir la nación, sacando a la calle a terroristas que sembraron el terror durante medio siglo, proporcionando amnistías a quienes dan golpes de Estado y arrodillándose ante países que nos invaden mientras se enfrenta con quienes han sido nuestros aliados.
La solución estuvo y vuelve a estar en la unidad de España y los españoles. Está en el pueblo. El día 2 de septiembre todos a las calles. El motivo es salvar a Ceuta, el objetivo es recuperar España.