Hoy es San Blas, un día más

Hoy es San Blas, un día más. El tiempo no son horas ni días ni almanaques de barbería. Para mí el tiempo son personas.

Esta mañana me he encontrado o mi ordenador me ha regalado unas fotos de Blas Machado.

He vuelto a repasar y, recordando, me he visto joven en el «Estadio de La Victoria». Olor a césped recién regado. Pedro, gorrra y cigarro, sobre su «tractorpony» pasando el «rulo», Murgado dando órdenes a las nubes, los jugadores saliendo lentamente al entrenamiento y Ruiz Sosa esperando a la tropa.

Después de aquello ascendía por el Paseo de la Estación y miraba, desde fuera, la barra de «Jokey» por si estaba José María Carrasco con Mario Anchisi. Dos ejecutivos dignos de aquel tiempo. Historia para ser contada.

Luego hacía la misma operación, misma acera, en Las Vegas. Allí, casi siempre, estaba Pepe Vica, muchas veces, con mi entrañable «Juande» y su Vespa indómita, aparcada cerca.

La última parada, antes de la meta que estaba en Obispo Aguilar 1, siempre era el Bar Paris.

Allí, sobre las dos menos cuarto, siempre reinando en su barra, Blas Ruiz Casanova. Blas, hablaba lo justo pero cuando hablaba firmaba sentencias.

Aquella barra era una galería de ilustres, unos buenos y otros imposibles. Recuerdo a Don Juan José Molina, «Buenos días amigos deportistas», con su mujer que siempre fumaba.

Solían estar también Antoñete, Fernando Arévalo y allegados de distinta condición.

El»Bar Paris» era el avituallamiento, antes de mi programa en Radio Jaén, estuve diez años aunque los hayan borrado. Cosas.

A las 15.15 hacía un tour radiofónico por la provincia y volvía al Paris para tomar un café. A las cinco, clase en Magisterio. Esa historia da para mucho.

Ahora sólo quiero unir en este texto una felicitación a Blas Machado y a Blas Ruiz Casanova.

Ambos me han demostrado amistad de la que no se desprende interés alguno. Blas, «el del Paris», me advirtió de que los abrazos del medio día en su barra, cuando me iba, tornaban en puñales. Puñales, en cualquier caso, inocuos y para mí palanca para insistir aunque, con el tiempo, todo se resolvió en abrazos pero, celos y desdenes, llevaban.

Blas Machado, después de una emboscada radiofónica, uno contra cinco directivos lamentables, me tomó del hombro en el frontón del Estadio y me dijo: No lo vuelvas a hacer, son malos. La próxima vez, de uno en uno». Me habló como capitán, noté la jerarquía. No era de su equipo pero me protegió como a un juvenil que, en realidad es lo que era. Machado tiene instinto protector, conciliador, es un hombre bueno.

Dejo este texto autobiográfico como muestra de admiración, cariño y respeto para dos personas que, sin necesidad, me ofrecieron luz, orientación y norma.Yo no era nadie. Ellos me veían desde arriba y, sin embargo, bajaron para orientarne a cambio de nada. No hay muestra mayor de amistad.

Gracias Machado, gracias capitán. Muchas gracias Blas. En el gran Estadio de «El París» sigue mi querido Blasito, siempre será Blasito pero tu esencia va en él.

El tiempo son personas por eso hoy, ahora, lo he parado y lo uso para saber el valor de la amistad más desinteresada.

Gracias