
Uno de los principales errores que cometen muchas empresas es seguir mirando a las personas como un coste a contener, mientras el mercado laboral ya funciona con una lógica completamente distinta, más abierta, más móvil y mucho menos obediente.
Durante décadas, la empresa marcaba el compás y el profesional se adaptaba. Hoy la reciprocidad es la base. Si tratas la relación como una transacción fría, recibirás lo mismo. Si ofreces autonomía, claridad y un entorno sin desgaste acumulado, la gente responde desde otro lugar. Lo demás es esperar que el pasado vuelva, y no lo hará.
Aun así, una parte del tejido empresarial sigue aferrada al paradigma antiguo. Cree que criticar al empleado hará que recapacite, como si acusare a la gente de floja fuera a provocar que acepten regresar a un modelo, y unos paradigmas, que producen un tremendo desgaste físico y emocional.
El futuron de la relación empresa-empleado pasa por que las empresas comiencen a asumir que la situación a cambiado, y que no tiene vuelta atrás. No es una era de cambios, es un cambio de era y, como tal, exige adaptación.
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