
Hay decisiones que no se anuncian.
Se sienten.
Son esas que te tiemblan en el pecho, pero igual das el paso.
Un día entendés que el miedo no se vence: se atraviesa.
Y que quedarse donde no creces también es una elección.
A mí me pasó.
Tenía todo lo que se supone que “está bien”: resultados, prestigio, estabilidad.
Pero cada mañana, frente al espejo, veía a alguien que ya no se reconocía.
Ese día no elegí irme.
Elegí volver a mí.
Desde entonces comprendí que la verdadera reinvención no empieza cuando cambias de trabajo, de país o de título…
Empieza cuando dejás de traicionarte.
Si sentís que todo a tu alrededor avanza, menos vos…
quizás sea momento de volver a tu centro.
Ahí donde empezó todo.
Ahí donde todavía sos vos.
Jorge Inda
Debe estar conectado para enviar un comentario.