La estatura de los habitantes de Benidorm como indicador del nivel de vida

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Cuando en 1759 Carlos III accedió al trono de España quiso continuar la política de neutralidad internacional que durante quince años había llevado a cabo Fernando VI, su medio hermano y antecesor. Pero los ataques de Gran Bretaña le obligaron a intervenir en la Guerra de los Siete años firmando el Tercer Pacto de Familia con Francia en 1761. En noviembre de ese mismo año promulgó un decreto de Quintas para reclutar 10.958 hombres. Las quintas, o levas forzosas, afectaron a toda España incluyendo al entonces tranquilo y pequeño pueblo de Benidorm de unos 1.200 habitantes. Lo sabemos porque “Joseph Jorro Escribano Real, y público […] del Juzgado, y Ayuntamiento de Benidorm” redactó un acta del proceso de selección de los mozos de Benidorm que es la que se analiza en esta nueva entrada de HISTOBENIDORM. He consultado la publicación del blog de la asociación Raíces Históricas del Reino de Valencia. Es una lástima que no indique la fuente del documento pero da la impresión que es el Archivo del Reino de Valencia [1]. Incluyo la trascripción de este documento al final de la entrada.

Francisco Amillo Alegre

1. Las quintas de 1761.

A principios de abril del año 1762 Pedro Vives, alcalde ordinario de Benidorm, recibió una vereda, es decir una “orden, ò aviso, que se despacha, para hacer saber alguna cosa à un número determinado de Lugares, que están en un mismo camino, ù à poca distancia”. [2]. 

En los papeles traídos por el mensajero se incluía una documentación que iba a causar desasosiego a unas cuantas familias del pueblo ya que se trataba de elaborar listados de hombres aptos para el servicio de las armas. Siguiendo las instrucciones recibidas el alcalde dictó un bando convocando para el día 15 de abril, en la casa consistorial, a todos los hombres solteros de 18 a 40 años y a todos los jóvenes de 16 a 18. Todo el pueblo sabía que de entre los primeros se seleccionarían a los enrolados a la fuerza en el ejército de Carlos III sirviendo en la infantería y no en la marina a pesar de la gran tradición marinera de Benidorm. 

Infantería española, año 1761. Fuente: Museo Romántico

Los reclutamientos forzosos del siglo XVIII provocaron malestar en todos los pueblos y tumultos en muchos de ellos: “Los tumultos provocados por el reclutamiento obligatorio tienen, por lo general, un marco rural […] son levantamientos populares que duraban escasas horas; en general la mayoría de ellos carecían de programa y de organización; sus promotores eran los mozos y familias, es decir, los más afectados por las medidas de la quinta o por las injusticias cometidas en el proceso de reclutamiento” [3].

La población de esa época no tenía los sentimientos que caracterizaron los conflictos de los siglos XIX y XX: odio al invasor francés en 1808 u odios ideológicos en las guerras carlistas y la Guerra Civil de 1936-39. En el siglo XVIII no se luchaba por defender la patria o las ideas sino para “servir al Rey” una obligación que se les imponía por ser sus vasallos. No sentían ese servicio de armas como un deber moral sino como una imposición, de ahí las protestas.

No conocemos tumultos en Benidorm ni en la comarca pero malestar seguro que generaron esos decretos. Se creía, aunque no era del todo cierto, que tradicionalmente el Reino de Valencia sólo reclutaba voluntarios para el ejército. Con la dinastía borbónica se impuso la leva obligatoria y por sorteo, privando al pueblo y las familias de hombres jóvenes y de los ingresos que generaba su trabajo. Además el servicio de armas era largo (tres, cinco y hasta ocho años) y no tenía garantizado el regreso al hogar: los soldados podían morir en combate pero también tenían muchas probabilidades de hacerlo por enfermedad dadas las deplorables condiciones higiénicas de los cuarteles. En cuanto a los heridos, el precario estado de la medicina y de los hospitales militares hacía imposible curar heridas e infecciones  que hoy son curadas con facilidad.

Este era el ambiente que rodeaba al proceso de quintas de abril de 1762. El 31/03/1762 el marqués de Avilés e intendente del Reino de Valencia remitió instrucciones a todos los municipios valencianos para el cumplimiento de la Ordenanza de Carlos III de de noviembre 1761: “Ordenanza para la quinta de 10958 hombres, que debe hacerse en los pueblos de todas las provincias de estos reynos, con destino al aumento de los Regimientos de Infanteria Española”  [4].


Portada de la ordenanza de Carlos III para las quintas de 1761

En dicha ordenanza se indicaba que los 1.300 soldados asignados al Reino de Valencia se repartiesen entre los pueblos en función de su número de habitantes, “de cuya exacta observancia serán responsables las Justicias, apercibidas de que se castigará rigurosamente á los que dieren motivos de quexa de cualquier irregularidad que practicaren en los Sorteos”. Pero está claro, por lo que sucedió después, que los Justicias no se tomaron en serio esa amenaza del rey.

Con anterioridad a esta Quinta Carlos III había obligado a enrolar a vagos, maleantes y ociosos pero no se obtuvo el resultado esperado y por eso en esta ocasión ordenaba que la elección fuese exclusivamente por sorteo. Además se prohibía pagar a una persona para que se enrolase en su lugar, algo frecuente entre las personas con posilidades económicas: “cada Pueblo deba contribuir […] por Sorteo, y que no se admitan vagabundos, ni Desertores, ni se pongan sobstitutos en lugar de los Quintados, à quienes tocare la suerte”.

Previo al sorteo debía determinarse la estatura porque se deberían elegir por sorteo a los que midiesen 5 pies y 1 pulgada como mínimo: “El referido Sorteo se ha de hacer entre los Mozos solteros de cada Pueblo, desde 18. años cumplidos, que no passen de 40. […] y estatura de cinco pies, y una pulgada lo menos”. Aunque no figura en el decreto del rey, el intendente de Valencia indicaba que se haría otro listado con los jóvenes de 16 a 18 años, que aunque de momento no entraban en el sorteo, quedando en reserva para quintas posteriores. 

El 15 de abril, cumpliendo la ordenanza, se procedió en Benidorm a hacer un listado con los nombres de los 56 varones solteros de entre 18 y 40 años. El notario redactó un acta indicando su estatura en pies y pulgadas. Desafortunadamente no indica la edad de cada uno de ellos, cosa que sí hacían en otras localidades. 

Resultó que había 23 mozos con estatura igual o superior a los 5 pies y 1 pulgada. 

Pero no todos los que alcanzaban la altura requerida entraban en el sorteo. Nobles, eclesiásticos, y estudiantes estaban exentos. En Benidorm sólo había una persona en este grupo, “Don Joaquin Tous” (Thous), pero como su estatura era de 4 pies y 11 pulgadas quedaba exento.

También se excluía a los hijos únicos de viuda pobre o de padre mayor de 60 años. En este grupo había 4 hombres. Francisco Ots, que medía 5 pies y 3 pulgadas, y Francisco Soler de Gaspar, de 5 pies y 1 pulgada, quedaron exentos por esta causa. Los dos restantes tenían además estatura inferior a la requerida. 

Finalmente la normativa excluía a los impedidos y aquí aparecen dos exenciones: “Cosme Fuster de Vicente una lupia en la pierna” con 5 pies y 1 pulgada; una “llúpia” en valenciano es un quiste subcutáneo, generalmente indoloro. También estaba exento “Juan Nogueroles de Gaspar, de Villajoyosa, impedido de mano y pierna”, sin especificar el tipo de impedimento; su estatura era de 5 pies y 3 pulgadas.

Eliminadas estas personas se introdujeron en un cántaro los nombres de los restantes, escritos en una “cedulilla” o papeleta por persona. Después se extrajeron tantas papeletas como hombres se habían asignado a Benidorm, un dato que no consta en el documento que estamos analizando. 

2. La estatura como indicador de las condiciones de vida en Benidorm.

Otro elemento que me parece digno de tenerse en cuenta es el de la estatura  de los benidormenses de esa época de mediados del siglo XVIII porque hay muchos estudios que indican su importancia como indicador del nivel de vida de una población.

Pero previamente al análisis de los datos antropométricos del acta que comentamos es muy importante hacerse una pregunta: ¿Son fiables los datos de estatura que nos suministra? Hay motivos para suponer que hubo modificaciones en algunos casos aunque no podemos cuantificarlos. 

Estas modificaciones no se dieron sólo en Benidorm sino en todo el Reino de Valencia. La corrupción entre los funcionarios era más frecuente de lo deseable y el Intendente del Reino de Valencia, José Avilés Itúrbide, marqués de Avilés, era el primero en dar ejemplo de ella. Sobre este personaje la Real Academia de la Historia dice: “en enero de 1758, se le designó como intendente de Valencia con poderes de corregidor. En Valencia […] fue acusado de corrupción y favoritismo en el manejo de los asuntos de la Real Hacienda y en el abastecimiento de la ciudad. Sometido a una pesquisa, no sería procesado, pero se le trasladó en enero de 1763 a Aragón para ejercer la intendencia de aquel ejército y reino y el corregimiento de Zaragoza” [5]. 

La corrupción del máximo representante del rey en Valencia también estaría presente en muchos de sus subordinados, un hecho que explica  el fracaso de esta leva. Así lo indicaba Carlos III que en junio de 1762, decretó otra nueva quinta y al Reino de Valencia le asignó otros 1.125 hombres. En este nuevo Decreto explicaba que el anterior no había sido efectivo porque la corrupción se había extendido a todos los estamentos implicados en el proceso de selección de mozos: “haviendo reconocido con el mayor dolor […] el mal methodo, y desigualdad en el repartimiento, por la falta de vigilancia, y desvelo de algunos de los intendentes, Corregidores, y Oficiales Militares, comisionados para ella : por la parcialidad, y favor de las Justicias : por las colusiones de Escribanos, Medicos, y Cirujanos : y ultimamente por la protección, que han prestado algunos Prelados, y Eclesiasticos Seculares, y Regulares, à fin de eximir de la Quinta à no poco numero de Mozos hábiles para las Armas” [6] .

De este texto se deduce, tal como señala Cristina Borreguero en el artículo citado, que las autoridades civiles y eclesiásticas presionaron a los escribanos para que familiares, amigos o criados y trabajadores suyos fueran inscritos con menos altura que la reglamentaria para quedar exentos. También los médicos y cirujanos fueron presionados para certificar lesiones que no existían.

Analizando los datos de Benidorm de abril de 1762 he confeccionado la gráfica siguiente:

Grupos de estatura de los varones solteros de Benidorm de entre 18 y 40 años según el acta del 15 de abril de 1762.  En el eje horizontal la estatura de los grupos convertida a cm. Los mozos con altura igual o menor a 162 cm (5 pies) estaban exentos.

En ella vemos que el grupo de altura de 162 cm, que equivale a 5 pies es el más numeroso. Es muy probable que se hubiesen incluidos algunos mozos con más pulgadas y que gracias a esta estratagema pudieron librarse de entrar en el cántaro del sorteo. 

En el resto de grupos la anotación del escribano la podemos dar por válida ya que no tenía sentido falsificar datos de los que no se podían librar por tener la altura reglamentaria o de los que ya se libraban por baja estatura. 

Por eso creo que el promedio de la estatura se acerca bastante a la media real de los varones de Benidorm del año 1762 y que en conjunto puede ser un elemento interesante para analizar la talla de los benidormenses del siglo XVIII. 

De acuerdo con el acta del escribano los mozos más altos de Benidorm medían 5 pies y 5 pulgadas y los más bajos 4 pies y 3 pulgadas. Convertir estas medidas al sistema métrico actual plantea un problema: conocer la utilizada en aquel momentos. Según regiones la equivalencia del pie y pulgada variaba bastante. En el Reino de Valencia esas unidades de longitud eran mayores que en Castilla. Pero en la Quintas se utilizó el pie de Francia, el país originario de los Borbones, de mayor longitud que los españoles. 

Las equivalencias actuales de las medidas son:

Unidad Castilla  Valencia Francia 

Pie  27,86 cm 30,2 cm 32,4 cm

Pulgada  2,32 cm 2,52 cm 2,7 cm

De acuerdo con estos datos observamos que usar pies y pulgadas de un tipo u otro implicaba que el recluta debería tener más o menos altura para entrar en el sorteo. La diferencia es muy grande tal como podemos comprobar en la tabla siguiente sobre la estatura de los 62 mozos de Benidorm en 1762:

El decreto de Carlos III no especificaba este detalle pero hoy día los historiadores consideran que la unidad utilizada para las quintas era la francesa con lo cual nos da una estatura media de 161,26 cm para los varones de Benidorm de mediados del siglo, un valor algo inferior para la época, que solía ser de 163 cm. 

Para que sirva de referencia cien años después la media de la población valenciana superaba los 163,5 cm y al acabar el siglo XIX había subido a 168 cm. En la actualidad la estatura media de los hombres españoles es 176 cm  y la de las mujeres españolas 162 cm. 

La inmensa mayoría de los datos antropométricos de otras épocas se obtienen de fuentes militares, sobre todo las levas, por lo que no suele haber datos de las mujeres pero se calcula para todas las épocas una estatura de unos 10 cm menos. 

Panel cerámico de la cocina del palacio del marqués de Dos Aguas, Valencia. A la izquierda una dama y a la derecha una criada. La diferencia de estatura entre ellas muestra cómo el nivel socioeconómico condicionaba la estatura humana.

Comparar la estatura más alta con la más baja nos pone de manifiesto un hecho bien estudiado: los hacendados y las personas con altos ingresos eran de mayor estatura que los pastores, jornaleros y criados. Entre los agricultores dependía de la cantidad de tierras que tuviesen. 

Lamentablemente en el acta de 1762 no se indica la profesión de los mozos que nos habría permitido ver cómo afectaba el nivel de rentas a la estatura. De todas formas las diferencias estaban claras, evidenciando fuertes desigualdades sociales: 

– La estatura más alta era la de 172,80 cm, con cuatro personas en ese grupo, y la más baja era un mozo de 137,70 cm, una diferencia considerable.

– Había 11 personas de 170 o más cm de estatura 

– Había 21 mozos de 18 o más años que no alcanzaban los 160 cm de estatura y de entre ellos 5 no llegaban a los 150 cm.

A finales del siglo XVIII Cavanilles se refiere a estas diferencias sociales: “la diferencia de fortunas no ha podido introducir etiquetas fastidiosas; y aunque a muchos no les es desconocido el lujo solamente lo manifiestan en ciertas ocasiones” [7].

La estatura media de los benidormenses era unos 15 cm más baja en el siglo XVIII que en la actualidad. Eso indica una situación de escaso bienestar, algo que sorprende para el siglo XVIII, considerado como un siglo con fuerte desarrollo económico y demográfico. 

Para conocer el grado de bienestar de la mayoría de la población se han utilizado tradicionalmente datos económicos como los salarios, la producción agrícola, el crecimiento demográfico, etc. Aplicados al Benidorm del siglo XVIII nos presentaban un siglo de prosperidad acompañado de un intenso crecimiento económico y demográfico. Al inicio de ese siglo tenía unos 60 vecinos, (270 habitantes) que a finales del mismo eran más de 600 (2.700 habitantes) [8]. Es decir, la población se había multiplicado por 10. Un dato que se ha tomado muchas veces como evidencia de prosperidad. 

Campesinos, siglo XVIII, en un grabado de la Biblioteca Valenciana Digital. Durante mucho tiempo se ha  supuesto que el incremento de matrimonios en ese siglo era el reflejo de mejores expectativas de vida de sus habitantes.

Pero desde la década de 1970 los historiadores empezaron a analizar la estatura humana como indicador del bienestar. Averiguaron que la talla humana de los adultos depende de su alimentación, del nivel de higiene, de las enfermedades y del acceso al sistema sanitario y educativo durante la infancia y la adolescencia. Y esta información contradecía la anterior. Como señalaba José Miguel Martínez-Carrión: “Numerosos estudios realizados a partir de indicadores biomédicos, como la talla, el índice de masa corporal o incluso la esperanza de vida, contrastan con los resultados obtenidos por los indicadores económicos más convencionales” [9]. 

El ya citado botánico Cavanilles presentaba un panorama bastante idílico de nuestros antepasados de Benidorm: “todos, hasta los más ancianos, anuncian robustez y fuerza”.

Sin embargo los datos que ese autor nos presenta sirven para hacernos dudar que esa robustez fuera tan general.

En primer lugar la mayoría de la población se dedicaba sobre todo a la agricultura. Ofrece cifras redondeadas pero corroboran este aserto: indica que el pueblo tenía 600 familias de las cuales algo más de 150 se dedicaban a la almadraba. Eso significa que eran aproximadamente el 25 % de la población y según indica, con buenos salarios. El resto trabajaba en la agricultura como propietarios o como jornaleros y a todos ellos les afectó el crecimiento demográfico.

Si a lo largo del siglo XVIII la población se multiplicó por 10, la superficie de tierra seguía siendo la misma. Eso supuso, tal como indica Cavanilles que se tuviesen que poner en cultivo tierras de escasa calidad: “un conjunto de chinas y tierra gredoso-arenisca, que parece peña por su dureza y esterilidad: no obstante le rompen, revuelven y componen para reducirlo a cultivo […] mudando así el aspecto de muchos barrancos y eriales, haciendo fructificar sitios, destinados al parecer á una esterilidad perpetua”. Un trabajo humano muy intensivo para unos rendimientos agrícolas tan bajos como el nivel de vida de estos agricultores. 

No tenemos por ahora datos antropométricos de Benidorm a finales del siglo XVIII pero con todo lo que antecede es muy probable que ocurriese lo que en otras regiones: la talla disminuyó por el endurecimiento de las condiciones de vida de una parte de sus habitantes: malas cosechas y subidas de precios. 

Si quieres saber más sobre las duras condiciones de vida de los agricultores de Benidorm en el siglo XVIII puedes leer esta otra entrada de este blog

NOTAS:

[1] https://www.raicesreinovalencia.com/index.php/es/censos/

alicante

[2] Diccionario de Autoridades, año 1739. 

[3] Borreguero Beltrán, C.: “Los motines de quintas”, 1989 en  Cuadernos De Historia Moderna, nº 10, página 149. Disponible en  https://revistas.ucm.es/index.php/CHMO/article/view/CHMO8990110147A)

[4] Biblioteca Central Militar, Signatura IV-6461(59). Disponible en https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/consulta/registro.do?id=43184

[5] Disponible en https://dbe.rah.es/biografias/43312/jose-aviles-iturbide

[6] Disponible en la Biblioteca Virtual de Defensa https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/consulta/registro.do?id=43198

[7] Cavanilles, Antonio José : “Observaciones sobre la historia natural, geografia, agricultura, poblacion y frutos del Reyno de Valencia”, 1797. Vol. II, págs. 240.242. Disponible en BIVALDI.

[8] Amillo Alegre, F.: “Piratas y corsarios en las baronías de Polop y Benidorm…”, 2019.

[9] José Miguel Martínez-Carrión: “La talla de los europeos, 1700-2000: ciclos, crecimiento y desigualdad”. Investigaciones de Historia Económica nº 8, año 2012, pág 177.