¡Eduardo Martín, singular con mayúsculas!

maestro

Leopoldo Bernabeu.- Qué dignidad, qué clase, hasta el último día. No sólo has sido un Maestro para todos los que tuvimos, no la suerte, sino el privilegio de que nos dedicaras un minuto de tu tiempo, sino que hoy me has enseñado, gracias al fuego que quema mi incredulidad, que ante todo eras un señor.

Y quien en vida ha sido un ejemplo a seguir, en el más allá lo será para siempre. Sé que has partido y me cuesta hacerme la idea tanto como me alegro de haberte abrazado hace apenas 20 días.

Desde que se despidió mi madre, hace algo más de cinco meses, y a la que quiero que sepas que hoy he pedido que te ayude en tus primeros pasos en esta nueva odisea, enfoco la muerte de otra manera.

Es ley de vida y lo sé, pero he comprendido que no debe ser la pena lo único que debe acompañarnos en un momento como el que tú hoy has elegido.

Al contrario, al recordarte me invade un orgullo infinito. Me pregunto donde se aprende a ser un SEÑOR en mayúsculas y se consigue, por muchos años que pasen, no perder nunca esa clase, ese estilo de vida, esa forma de ser.

Hoy al hablar de ti, decía que eras una persona singular, ni mejor ni peor que otras, singular. Ni distinta, ni especial, singular. Y me he dado cuenta del poco valor que damos a esa palabra tan manida para otras cuestiones. Ser singular al hablar de alguien, es resumirlo todo.Cuando viniste a este mundo, es evidente que destruyeron ese molde.Una singularidad arraigada en una personalidad como no he conocido otra, nunca.

Siempre, durante estos 30 años que he compartido contigo, primero como Maestro, luego como amigo, me he preguntado muchas cosas sobre ti que hoy, por fin, he obtenido respuesta. Ha sido necesaria tu partida para entenderte.

Eras singular, con una idea fija sobre tu motivo en la vida y de esa línea no te apartaste nunca, jamás.

A nadie he conocido que me contase sus proyectos, superados los 70 tacos, con la ilusión de quien empieza a los 20, añadido ese plus de fortaleza que no daba oportunidad a la duda de cualquiera que te escuchase.

Por eso hoy sé que en cuanto te separaron de tu mundo, ya nada te retenía aquí, tu motivo había dejado de existir y tú, en parte, también.

Qué clase y que dignidad!.Muy pocos se han parado a pensar que has sido tú quien ha elegido el momento de irse, con la misma personalidad de siempre, convencido y seguro de tu decisión. Si alguien piensa que exagero, que mire el día.çSigo durmiendo, anoche junto al cielo estrellado del parque de Doñana, con tus camisetas de Maeng-Ho. Te pido permiso para seguir hablando de ti como si nada hubiera cambiado, tu generosidad durará mientras cualquiera de tus cientos de alumnos te recordemos.

Un abrazo MAESTRO.