La mujer que reinaba en mí

“No es tanto sentir que estás en un cuerpo equivocado, eso es un poco la visión que se tiene desde fuera de nuestra experiencia, sino que se trata más bien de como se nos lee socialmente. Es decir, a la hora de asignar un género que, finalmente, se revela en discordancia con nuestra identidad, que no es elegida como se piensa, sino que se construye y viene influida por muchos factores externos”, así explica Daila García Rostoll la transformación que están llevando en su cuerpo para convertirse en “trans”. ¡Daila se ha criado en el barrio que da nombre a este periódico digital, en el corazón de Benidorm, en el Calvari!

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UN REPORTAJE DE BELÉN RICHARTE

        Daila se dio cuenta que se gustaba más como mujer que como hombre a los 19 años, ahora 21 y cursa 3º de Historia. La joven explica que “la ley de 2007 concede el cambio de nombre de forma relativamente fácil (a lo mejor también influye la legislación valenciana, lo desconozco en todo caso), pero el cambio de sexo tiene como requisito haber pasado dos años en terapia hormonal”, -y añade- “ un requisito tan simple como el cambio del DNI que de normal suele tardar cuatro meses a mí por la ineficiente gestión de las distintas administraciones me ha costado año y medio”. La joven pese a ello está de enhorabuena porque desde esta misma semana ya tiene en sus manos su documento nacional con su nueva identidad.

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        Al principio, “mi núcleo familiar y mi entorno social respondió muy bien, aunque al principio se dieron casos de incomprensión, algo que achaco al desconocimiento general de las vivencias “trans”, con el paso del tiempo puedo decir que dispongo de un enorme apoyo, fundamental para seguir adelante con este proceso, que denominamos como transición”.

        ¿Estás preparada para todo el proceso? “En el caso de la operación quirúrgica, es un proceso médico largo, bastante bien  hormonado, acompañamiento psicológico, etcétera, y, un tiempo más tarde, se plantea la opción quirúrgica”, puntualiza Daila.

        Respecto a los apoyos recibidos Daila asegura que “desde la concejalía de Igualdad se me ha proporcionado asesoramiento legal cuando lo he pedido y el trato desde el Ayuntamiento no ha podido ser mejor, en cuanto a la transición se refiere”.

        ¿Cuándo llegará el final de la transformación”: “Es una pregunta compleja, por ser sintética, diría que estoy a mitad de camino, aunque tampoco podría definir un “final” ahora mismo. Cada persona ‘trans’ es un mundo, y cada transición, en consecuencia, lo es también”.

        Hay un proverbio que dice: “ Hay dos grandes días en la vida de una persona: el día que nace y el día que descubre para qué”. Pues esa máxima la joven Daila ya la sabe ahora es conveniente saber, sobretodo, cualquier persona que se encuentre en una situación parecida o similar las fases por las que tiene que pasar. Un proceso largo, duro y costoso que la joven benidormí está llevando a cabo en el Centro de Especialidades de Monteolivete de Valencia.

        I Plan Municipal para el colectivo LGTBI+

        Una iniciativa que persigue el mismo objetivo ha puesto en marcha la concejalía de Juventud de Benidorm, que en su página web apunta “estamos asistiendo a un profundo cambio social, con una mayor presencia y visibilidad en todas las esferas sociales, de personas homosexuales, bisexuales, transexuales e intersexuales”. Y añade: “La Constitución Española y la legislación posterior han recogido una serie de cambios y de avances en materia de igualdad de sexos, como el matrimonio o parejas de hecho de personas del mismo sexo, así como del ejercicio de los derechos relacionados con estas figuras jurídicas.


        Pero a pesar de los avances, “queda mucho por hacer ya que son numerosos los incidentes que tienen que ver con la de orientación sexual e identidad de género y las personas que sufren este tipo de discriminación, han de ser protegidas y sus derechos deben quedar garantizados por los poderes públicos”, subraya la nota de prensa.

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        Por ello, la concejalía de Juventud ha decidido poner en marcha “el I Plan Municipal para el colectivo LGTBI+ de Benidorm, aprobado por el Pleno Municipal el 28 de noviembre de 2016, que tiene como finalidad promover y apoyar todas aquellas acciones de visibilización y reivindicación de los derechos del colectivo LGTBI, mejorar la vida de las personas en igualdad de condiciones y promover el respeto a su diversidad sexual y de género, con atención especial a las personas más vulnerables”.
                                                                                                                                                                                                                            

        Distintas fases por las que pasa una persona ‘trans’*

        La persona ‘trans’ se inicia en una serie de fases: “la primera suele ser el tratamiento hormonal cruzado” . Las personas que son hombres y se sienten mujeres son tratadas con estrógenos y antiandrógenos y las que han nacido mujeres pero se sienten hombres con andrógenos. “Aquí ya se empiezan a experimentar una serie de cambios físicos”, explica María Serrano, ginecóloga del Hospital La Paz de Madrid.

        Entonces, se inicia la segunda fase: el ‘test de vida real’, que dura dos años, en los que deben vivir con el género en el que se reconocen. “Suelen ser años duros porque aún no se sienten del todo completos, ya que la transición está a medias. Aunque estos cambios son reversibles, pueden tardar más o menos en revertir, si la persona decide echarse atrás”, afirma la ginecóloga.

        Transcurrido este período de adaptación y si aún desean seguir adelante, se pasa a la tercera fase, que es irreversible: la cirugía. En el caso de hombre biológico a mujer transexual, se hace la penectomía y también se retiran los testículos, de manera que se reconstruyen unos genitales femeninos internos (vaginoplastia) y externos (vulvoplastia), además de ponerse prótesis mamarias (mamoplastia de aumento).

        Por su parte, a las personas a las que al nacer se les asigna el género femenino, pero se identifican como hombres se les retira el útero (histerectomía) y los ovarios (anexectomía), además de extirpar el tejido glandular mamario (mastectomía).

        También se lleva a cabo la faloplastia, que consiste en extraer un injerto de piel del brazo o del muslo para reconstruir un pene de unos 12 a 13 cm de longitud con capacidad de penetración gracias a una prótesis, a manos de los cirujanos plásticos. El clítoris lo suelen dejar en la base del pene.

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        “La reconstrucción a genitales femeninos está más conseguida que la faloplastia porque es más funcional, ya que reducen el glande para convertirlo en un clítoris, preservando los nervios y los vasos sanguíneos para que tengan sensibilidad”, señala Serrano Velasco.

        Muchas personas eligen no pasar por la faloplastia: “Son pocos los que la reclaman. Aún no es demasiado efectiva a la hora de tener relaciones sexuales. Se ponen prótesis que también se utilizan en penes biológicos, incluso han probado a poner hueso, pero no termina de estar muy conseguido. Aún así, se están diseñando prótesis más adaptadas a un pene artificial”, continúa la experta.

        Otra técnica alternativa es la metaidoioplastia en la que -tras el tratamiento hormonal con andrógenos el clítoris puede haber crecido bastante- se reconstruye un microfalo o neopene de unos 3 a 6 centímetros de longitud por 1,5 a 2 centímetros de diámetro.

        También hay otra serie de cirugías como la estética vaginal, el aumento de glúteos, la liposucción o diversas técnicas de feminización facial, ya que muchos hombres tienen una estructura ósea mayor y más pronunciada que no varía durante el tratamiento hormonal.

        La edad de la persona importa

        Este proceso sólo se puede llevar a cabo en mayores de edad. Sin embargo, al llegar a la pubertad y al segundo estadio de la escala de Tanner (la que mide la maduración sexual) se puede iniciar un tratamiento que bloquea el desarrollo puberal. Este proceso también es reversible.

        No obstante, la experta alerta de que este tipo de tratamientos han de darse “con mucha prudencia y cautela, ya que no se sabe si pueden producir efectos secundarios a largo plazo como, por ejemplo, una descalcificación de los huesos”.

        “De los niños que entran en la Unidad con una disforia de género, hay un porcentaje bastante alto que no son casos de transexualidad. Por este motivo, no se puede empezar de forma muy agresiva ni hay que precipitarse”, explica la ginecóloga.

Un camino difícil

        Diego Neria, autor del libro El despiste de Diosy el primer transexual recibido en audiencia por el papa, relata cómo se reasignó a una edad madura: “Mi historia fue un poco más atípica porque no pasé por los dos años de transición hormonal, me hice directamente la mastectomía, ya que después de 40 años tenía todo clarísimo”.

        “Solo quería sentirme a gusto, dejar de vendarme el pecho y usar ropa holgada para esconder mi cuerpo. Yo no conocía un espejo, era incapaz de mirarme, tampoco podía disfrutar de la playa aunque no hubiese nadie. No era por los demás, sino por mí mismo. Año y medio después de operarme, todos esos complejos desaparecieron. Fue una liberación absoluta”, cuenta Neria.

        Además asegura que nada más despertarse de la mastectomía comenzó a sentirse “él mismo”, a pesar de lo que implicaba el postoperatorio, las cicatrices o el corsé compresor, había merecido la pena. Eso sí, afirma que “todo el proceso lo hizo de forma privada y sin ningún tipo de subvención”.

        “La gente aún se está buscando la vida de forma privada porque todavía no está todo muy claro. Aquí, en Extremadura, no está cubierto todo el proceso. El tratamiento hormonal sí está cubierto, pero las cirugías -que son un dineral- no”, indica.

        “Tuve que aplicarme un gel de testosterona durante un año entero, porque soy diabético y tenía que ir más despacio. No obstante, el tratamiento hormonal es para toda la vida. Aún así en mi caso era empezar el proceso y operarme o morirme. Era como vivir en una cárcel, aunque ahora puedo reconocerme, la transexualidad es “una libertad condicional”, continúa Neria.

        También asegura lo duro que fue el proceso de adaptación social tanto en el entorno social general como, en especial, el laboral. Por ello aunque no se declara muy activista, colabora con diversas asociaciones para ayudar a quienes quieren iniciar la reasignación porque, según declara, “aún queda mucho por hacer”.

        * Basado en el reportaje: Este es el proceso médico por el que pasa una persona transxesual, publicado el 7/8/2017 por Alejandra Mateos en ‘La Vanguardia’.