Quique San Francisco, entre el exceso y la virtud

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Fernando Fer.- Hace pocas fechas nos dejó Quique San Francisco, actor y cómico español, víctima de un coronavirus que ya se ha llevado a algunos muchos para el otro barrio, vaya por delante mi implícito deseo de que esto acabe pronto y que esta preapocaliptica situación quede en eso…

Quique fue un personaje tan atípico como fácilmente reconocible , tan cotidiano como extraño, tan borracho como nos cuentan, tan adicto a tantas cosas como podamos imaginar.  Un personaje único sin lugar a dudas, gracioso, el alma de las fiestas nocturnas, el moroso, el vividor, pero de esos personajes de la gran pantalla  intrínsecamente únicos y geniales. Su voz, sus gestos y esa desdibujada tez tan pálida y difícil como entrañable y cómicamente perfecta para hacer reír , que no es poco, siempre serán recordados. 

Groucho Marx, para los menos conocedores del cine clásico fue, junto a sus hermanos Chico, Harpo y en menor medida Zeppo y Gummo, la cabeza visible y tremendamente graciosa de Los Hermanos Marx, cómicos de principios del Siglo XX , del cine en blanco y negro.

Groucho  fue  pionero del humor descarado , absurdo e hilarante, ese humor que tanto cuesta entender y que tantas sonrisas arranca sin haberlo hecho. Groucho es al humor lo que Pablo Neruda al amor, ambos auténticos garantes de tan preciadas e inherentes necesidades del ser humano.

El señor Driftwwod, personaje que adoptó en una de sus más aclamadas películas, siempre nos mostró  ese humor controvertido, irónico ,  fresco y espontáneo.  Con su forma tan inexplicable como destartalada forma de caminar flexionando las rodillas sosteniendo un puro habano que solo soltaba para espetar contestaciones y ocurrencias que solo podían salir de ese cerebro  inigualable hasta la fecha, tan  irónico como enternecedor , tan justo como faltón.  El eslabón perdido del cine cómico sin censuras, sin miedo y con un interlineal y claro mensaje de una justicia social inexistente en aquella época,  así como de un menosprecio a los convencionalismos creados.  Neoyorquino de nacimiento, volvía textualmente locos a redactores, directores y demás personal de rodaje con sus desternillantes salidas de guión tan habituales…de una de esas nació la escena de «la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte» junto a su hermano Chico, para conformar esa escena Universal donde dos pillos contratistas de teatro se reúnen para la confección entre bastidores de un contrato de un desconocido cantante de ópera … y ambos con un pie sobre el cantante anterior, el cual yacía tumbado desorientado por un golpe no fortuito…en fin, les animo a conocer un poco más de Groucho y sus hermanos , sus divertidos libros y películas inolvidables como Una noche en la Ópera , Los Hermanos Marx en el Oeste o Sopa de Ganso…

Woddy Allen, actor y director americano,  paradojas del asunto, es el único superviviente de los aquí nombrados  y con una edad y carrera tan exitosa como fuera de toda duda.  También neoyorquino, es otro extraordinario exponente del diálogo genial, espontáneo y  en sus principios como director y actor ( solo en sus principios) un humor brillantemente absurdo , ocurrente , singular, tan cutre como cotidiano. 

Solo él era capaz de ir a atracar una joyería, conseguir abrir el escaparate de cristal con un cortavidrios circular , mirar aquel collar de diamantes con adoración y al alcance de su mano y conformarse con el trozo de cristal redondo saliendo a la carrera sin más explicación ni sentido que el que quiera usted darle si lo encuentra , es ahí donde parte el humor tan absurdo y descarado para algunos y tan brillante y descojonante para otros.  Esta escena la pueden ustedes encontrar en Youtube  y pertenece a la cinta «Coge el dinero y vete» 

Solo Woody fue capaz de crear  a un Humphrey Bogart imaginario para que le diera consejos sobre cómo cortejar a una mujer, en este caso Diane Keaton, con el consiguiente entramado de escenas donde aparece un acertado tipo duro y capaz Humphrey para animar a aquel tímido, feo y poco interesante personaje que normalmente cobraba vida en sus primeras y más auténticas películas.  Les aseguro que todos ellos forman parte de mi infancia y quién sabe si de mi inconsciencia. 

Las comparaciones suelen ser odiosas, si, lo reconozco, pero he querido dedicar una más que merecida mención a nuestro Quique San Francisco ,  esa estrafalaria criatura que hizo de su vida una película al más puro estilo Monthy Python, de excesos y virtudes, cual Marty Feldman, sobresalientes actores secundarios inolvidables y breves,  pasajes pintorescos que hicieron y harán época, pero que por su empeño en destrozar sus vidas viviendo al límite quizás evitaron que se les pudiera comparar con Groucho o Woody, excelsos actores, plenos de éxitos por su buen hacer delante de las cámaras y detrás de ellas, y una vida más ordenada y «normal» , si se les puede considerar normales…

Nunca sabremos si Quique o Marty, con permiso de algunos otros, podrían habernos dejado mejor sabor de boca dramática y artísticamente hablando si no hubieran caído en manos de los malos vicios.  Quién sabe, si ahí donde algunos dicen que vamos a parar después de esta vida, ya están sentados en una vieja mesa en un café en el Brooklyn , el Londres, o el Madrid del cielo con Groucho explicando a Quique y a Marty cuántas partes contratantes les hacen falta para no repetir en aquel mundo lo que no supieron gestionar en este.

Gracias a estos y a otros muchos más la carcajada siempre ha estado más cerca nuestra.  Porque si hemos de ponerle cara a la felicidad sabemos perfectamente que lleva dibujada una sonrisa. Y aún así…