Francisco Iváñez ofrece una brillante conferencia sobre los 7 pecados capitales en El Faro de Alejandría

La imagen puede contener: una persona

El Faro de Alejandría ofreció el pasado martes 12 de febrero la ponencia presentada por: Francisco Iváñez Gironés. El tema que expuso estaba relacionado con los siete pecados capitales, con una visión desde la biología y la psicosomática. 

Isabel López Villanueva.- Comenzó definiendo y describiendo más tarde, a los siete pecados capitales, como una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo, para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana, de los cuales se desprenden otros pecados. Ellos existen en nosotros y algunos dicen que forman parte de nuestra alma.

Sin embargo, extrañamente estos pecados no aparecen en la Biblia. Alrededor del año 375, un monje cristiano llamado Evagrius Ponticus huyó de Constantinopla a un monasterio en Egipto. Allí él compiló una lista de tentaciones que pensó que eran las más peligrosas para el alma humana. En el año 590 Gregorio Magno, sexagésimo cuarto papa de la Iglesia católica, reexaminó la lista de Evagrius resumiéndola en siete, combinó la apatía y la tristeza en el único pecado de la pereza.

La lujuria: Es la excesiva presencia de pensamientos de tipo sexual y posesivo sobre otros. Es el pecado más escandaloso, y también el más tentador, gracias a él, todos vinimos al mundo. Lo malo es el daño que se hace a otros para conseguir goce, a veces sometiendo, abusando y aprovechando a sabiendas, de la débil situación económica del otro.

La gula: Se identifica con el ansia, la glotonería y el desequilibrio. Es decir, el consumo excesivo de comida o bebida que puede incluir al egoísmo, que afecta a las relaciones interpersonales. Unos comportamientos destructivos que se basan en el abuso.

La avaricia: Es decir, egoísmo, la obtención de riquezas materiales, sin planes el compartirlas con los demás. Las personas que sienten avaricia también pueden gastar todas sus riquezas en cualquier momento sin contar con nadie.

La pereza: Se basa en la falta de madurez. Es una congelación de la voluntad, el abandono de nuestra condición de seres activos y emprendedores.

La Ira: Tiene que ver con el enfado y el odio hacia otros. Es un sentimiento tan agresivo como peligroso, que puede ocasionar daños irreversibles como el homicidio. Implica un sentimiento desordenado y descontrolado, que de vez en cuando convierte a la persona en auténtica fiera. Ante un pequeño estímulo o una provocación, se transforman en auténticos salvajes.

La Envidia: Es una emoción dolorosa con un lado oscuro, ya que tortura al propio envidioso que, en su desdicha, desea con vehemencia que le vaya cada vez peor a otra persona. Con astucia siembra la idea ante quienes lo escuchan, de que el otro, no merece lo que tiene, él sí. De esta actitud se desprenden la mentira, la traición, la intriga y el oportunismo. Esa mala intención, puede inducir a un comportamiento inmoral o incluso criminal. El individuo quiere obtener con malicia aquello que pertenece a otro, y en su lucha, siente impotencia por no poder tenerlo. En ocasiones, se convierte en un trastorno obsesivo que desemboca en enfermedad. Normalmente, el envidioso oculta su envidia frustrada, cuando aprecia que el otro, progresa en algo que a él le gustaría realizar. Y por supuesto representa una bajísima autoestima que la ocultará debajo de una coraza con apariencia de fortaleza y razones.

La Soberbia: Se basa en un deseo incontrolable de querer ser, de mostrarse siempre el mejor ante los demás y creerse superior relatando sus hazañas, reales o inventadas, lo malo es que no admite que nadie en ningún campo se le ponga por encima. Un pecado que resulta de la sobrevaloración del yo personal. Suelen ser estrellas caídas.

Francisco Iváñez, gracias por tu fantástica exposición y disposición, ya que, viniste expresamente desde Valencia para darte a un público que te esperaba expectante debido al tema. Pasamos una tarde agradable y amena con tu disertación, con tus anécdotas y ejemplos cercanos, que en ocasiones produjo sonrisas en el numeroso público. Las preguntas en el apartado para el coloquio, igualmente interesantes, la prueba se puso de manifiesto cada vez que los presentes rompían con fuertes aplausos a tus respuestas acertadas. Hasta la próxima.

                            “El peor pecado es querer herir a otros innecesariamente”