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Abriendo brecha: apuntes estratégicos tras las elecciones generales

Iñigo Errejón.- Las elecciones generales del 20 de Diciembre de 2015 han sido determinantes y marcan un hito en el intenso ciclo de cambio español. Merecen por tanto análisis sosegados más allá de las urgencias de la contienda política coyuntural.
Análisis de los resultados
Estas elecciones llegaban marcadas por una contienda que ha presidido la política española desde el 25 de mayo de 2014: aquella entre la posibilidad del cambio y la superación del sistema político nacido en 1978, de un lado, y la capacidad de contención y restauración de las fuerzas conservadoras del orden existente. Esta pugna ha sido el hecho fundamental de la política española en los últimos dos años y debe ser, por tanto, un elemento central a leer en el 20D.
Las elecciones llegaban ya teñidas de una idea: eran unos comicios diferentes, de alguna forma “constituyentes” en tanto que iban a dibujar los equilibrios de fuerzas que ordenasen la reforma o transformación de un orden constitucional agotado. Este horizonte general era aceptado incluso por las fuerzas del turnismo (PP y PSOE) o auxiliares (Ciudadanos) que acudían a las elecciones buscando limitar o condicionar los cambios y asegurar la supervivencia de las élites viejas -moviéndose entre la lealtad al régimen y la lealtad a las maquinarias que les aseguran la supervivencia. Esta aceptación general, el hecho mismo de que nadie discutiese que el 20D no era una competición electoral ordinaria, constituye ya una victoria de quienes trabajan para el cambio político y la soberanía popular por cuanto no era “necesario” por ninguna acumulación de circunstancias sino el resultado de una disputa por el sentido. En algún momento los poderosos acariciaron la posibilidad de unas elecciones “normales”, especialmente entre septiembre y noviembre, cuando la propaganda y los análisis se entremezclaban para vaticinar ambos con insistencia que la posibilidad del cambio se había desvanecido y Podemos estaba en caída libre. Para el comienzo de la campaña electoral esa ilusión conservadora se había rasgado y retrocedía con cada día que pasaba.
Los resultados del 20 de diciembre permiten describir estas elecciones como de interregno o transición entre un sistema de partidos en decadencia, que ya no responde a los anhelos y esperanzas de una parte creciente de la ciudadanía pero aún es capaz de aguantar y gobernar su lenta retirada, y el nuevo equilibrio de fuerzas en configuración. El dato principal del resultado es el “empate catastrófico” en términos de García Linera: los partidos políticos del turnismo resisten, con una clara diferencia entre el PP y el PSOE, pero no tienen fuerza para una restauración normal, que no comprometa el pluralismo interno al régimen. Por su parte, Podemos y el resto de fuerzas del cambio consiguen bloquear cualquier intento de recomponer el sistema resquebrajado, pero no tienen aún fuerza como para conducir un nuevo tiempo político. La excepcionalidad, así, sigue abierta.
En todo caso, se ha terminado el sistema político de 1978 y el turnismo entre las dos grandes maquinarias que habían monopolizado la representación política. Los partidos del bipartidismo no han desaparecido y reúnen aún la confianza de muchos millones de españoles, a pesar de un retroceso profundo y continuado cada vez que se abren las urnas. Pero la política ya no es un deporte privado entre ellos, por más que sus soportes mediáticos y el sistema electoral hayan trabajado y trabajen para sostenerlos como pilares de cualquier salida.
El resultado de las elecciones impide una salvación tout court del sistema de partidos. Hoy el dilema es que o se salva la estabilidad sistémica o se salva el PSOE que, precisamente, ha sido garantía de integración de los sectores subalternos y perfierias al orden de 1978. No hay posibilidad de ambas cosas a la vez: o el pluralismo interno del régimen o la gobernabilidad. Con los equilibrios salidos del 20D las élites viejas que aún conducen no pueden lograr los dos objetivos. Esa es otra victoria del cambio político: no se puede rebobinar a antes del 25 de mayo de 2014 ni a antes del 15 de mayo de 2011. Lo que entonces fueron temblores bajo el suelo institucional son hoy una brecha imposible de ignorar que plantea que el pacto social fue roto por los privilegiados y tiene que ser hoy construído no por esos mismos y sus maquinarias sino contando con las necesidades de la mayoría social golpeada en estos años.
Análisis pormenorizado de resultados
Las dos fuerzas de la alternancia han sufrido un duro descalabro -de 3,5 millones de votos en el PP y 1,5 en el PSOE- al tiempo que Ciudadanos ha demostrado no llegar a obtener fuerza ni para postularse como fuerza auxiliar de recambio del turnismo. Podemos, a contrapelo de un relato dominante que se empeñaba en cerrar el horizonte, ha continuado su auge, de un millón doscientos cincuenta mil votos en mayo de 2014 a más de cinco millones en diciembre de 2015 pese a todas las campañas sistémicas en contra. El resultado no es suficiente pero sí un paso adelante en el proceso de cambio español y la irrupción plebeya en las instituciones.
• El Partido Popular pierde nada menos que tres millones y medio de votos con respecto a las anteriores elecciones experimentando un severo castigo por la corrupción y la política de recortes e incremento de las desigualdades, pero aguanta como la primera fuerza fundamentalmente gracias a un sólido suelo en las provincias más rurales y entre la población de mayor edad y especialmente jubilados. Estos dos componentes se solapan y, merced a la ley electoral, multiplican su efectividad: casi el 50% de los escaños del Partido Popular provienen de provincias donde vive el 20% de la población. Además, logra ser el primer partido pese a ser el menos preferido por el conjunto de la población activa. Este hecho no debe ser pasado en absoluto por alto y revela una posible línea de tensión intergeneracional, en una sociedad muy envejecida, entre el voto de cambio y el del sostenimiento de lo existente.
• El Partido Socialista Obrero Español parecía llegar a las elecciones buscando salvar lo más posible dentro de una dinámica general de profunda decadencia. Ha perdido un millón y medio de votos con respecto a las elecciones de 2011, que ya fueron las peores de su serie histórica desde que gobernasen. Se mantiene por 300.000 votos como segunda fuerza gracias a su firme asentamiento en las comunidades autónomas del sur de España, pero es ampliamente superado por Podemos en casi todas las grandes ciudades, en todas las regiones económicamente más dinámicas (Euskadi, Catalunya, Madrid, País Valenciano, entre otras) y entre la población de adultos jóvenes y sectores medios. Esto recongifura el poder en su seno en favor de los barones del sur y le acerca a su configuración de “partido del mezzogiorno” y de clases pasivas, lo cual no constituye una perspectiva muy halagüeña para un partido que se quiere estatal y encarnando un horizonte de futuro.
• Ciudadanos ha sido sin duda la mayor burbuja del ciclo político-electoral. Ya sucedió en las municipales y autonómicas de mayo, pero las elecciones generales de diciembre han contribuido a aumentar la brecha entre las perspectivas de éxito inducidas y el respaldo popular. A ello ha contribuido su pésima campaña, que le ha hecho no aguantar la tensión de la disputa electoral pese a la sólida protección de buena parte del circuito mediático. En ausencia de bases, militancia, épica o identidad cohesionadora, Ciudadanos no es, desde luego, un movimiento; pero tampoco ha demostrado ser un partido político con capacidad de conducir una campaña electoral. Se ha demostrado más bien como una franquicia publicitaria con buen sprint pero muchas dificultades si la carrera se alarga y requiere mayor densidad o consistencia, o si deben hablar otros portavoces más allá de Rivera. Llama mucho la atención, por contraste, el trabajo de Podemos en igualdad, tanto en discurso y portavocías como en medidas pioneras –permisos iguales para padres y madres, garantía habitacional para víctimas de violencia machista- y listas –al final, tras el ruido, somos el partido con más mujeres en el Congreso-. Ciudadanos pasó los últimos diez días de campaña sangrando por esa herida tras mostrar su verdadera cara, lo cual les escoró rápidamente a un lado del tablero.
El impacto del mal resultado de Ciudadanos es ambivalente: por una parte, su desplome permitió al PSOE retener o recuperar parte del voto que perdía hacia la formación naranja, pero al mismo tiempo la operación Ciudadanos ha servido para cauterizar una parte de la desafección política, sobre todo entre población joven y urbana, reubicándola en un regeneracionismo transformista y conservador. Que la mejor opción para reconducir una parte del desgaste de las élites viejas fuese copiar abiertamente el lenguaje y el estilo de Podemos señala hasta qué punto la apuesta era la que mejor podía convertir la desafección transversal en una mayoría nueva, hasta el punto de obligar al adversario a asemejarse a ella para frenarla.
La rapidez de Ciudadanos en sumarse a cualquier modalidad de gran coalición a tres con el PP y el PSOE revela de forma inmediata la ausencia de proyecto alternativo al de servir de fuerza auxiliar -ya que no de recambio- de los partidos del turnismo.
• Podemos llegaba a estas elecciones con el desgaste de haber abierto brecha y haber sido el permanente factor de excepcionalidad desde mayo de 2014, lo cual le ha hecho destinatario de no pocos esfuerzos para desgastar, dividir y desalentar. Tan sólo en el comienzo de la campaña electoral el clima mediático insinuaba con insistencia la imposibilidad de salir de una posición testimonial, que la campaña electoral fue revirtiendo -si es que alguna vez el clima describió la realidad- en una tendencia claramente ascendente. Para el futuro, convendrá recordar esta distancia entre los vaticinios -¿deseos?- de la mayoría de los analistas y la voluntad popular expresada en las urnas.
Podemos ha obtenido cinco millones de votos y el 21% del sufragio, siendo primera fuerza en Catalunya y Euskadi, y segunda en Madrid, País Valenciano, Galicia, Baleares, Canarias y Navarra. Ha sido tercera fuerza en España a 1,5% de la segunda. Ha demostrado especial auge en las grandes ciudades, entre la juventud y la población activa, y en las regiones económica, cultural y cívicamente más dinámicas. No ha sido capaz de situarse como fuerza con capacidad inmediata de conducción política pero sí ha impedido la restauración conservadora, ha mantenido abierto el ciclo de cambio y se ha situado como fuerza decisiva y la que presenta, por la composición de su voto, más perspectiva de futuro y recorrido potencial. Este ha sido el primer asalto.
Los resultados del 20 de Diciembre se leen mejor si los situamos sobre un mapa y los territorializamos. En esencia, en media España el cambio ya está ganando y el tablero político ha cambiado de forma drástica -entre los jóvenes y adultos jóvenes, en las grandes ciudades y zonas más densamente pobladas y dinámicas y en las periferias, principalmente: el Mediterráneo, el corredor del Ebro, Galicia, Madrid y los archipiélagos- mientras que para otra media el 20D supuso un importante temblor que no fue capaz de alterar los equilibrios entre las fuerzas tradicionales -en el interior, entre la población de edad más avanzada y en el medio rural, más la excepción de las grandes ciudades andaluzas donde el PSOE mantiene un suelo todavía alto a pesar del desgaste. Las tres fracturas o clivajes más importantes que marcan el alcance o fortaleza del cambio son así el territorial y el de edad, que a menudo se cruza con el campo-ciudad. Este reparto desigual sustenta aún la capacidad de bloqueo de las fuerzas políticas tradicionales: la pirámide demográfica y el sistema electoral blindan de momento el poder de veto de los sectores aún más refractarios a las transformaciones.
El mapa del 20D refleja un evidente cambio en el sistema político español, pero también la desigual distribución, geográfica y generacional, del empuje del cambio y la resistencia de la conservación. Esto significa que el agotamiento del marco de convivencia nacido en 1978 y su superación en clave democrático-popular – de justicia social y reconstrucción de la soberanía popular- va a exigir, al menos durante la transición de un sistema político a otro, de gran capacidad de acuerdo, altura de miras y compromiso con capacidad de integración plurinacional e intergeneracional.
Nuestra campaña
En la medida en que la campaña electoral de Podemos fue capaz de darle la vuelta a los pronósticos y dibujar una línea ascendente que, pocos discuten, habría protagonizado aún más vuelco de haber tenido una semana más, merece un breve análisis.
• Podemos fue capaz, en la precampaña y la campaña electoral, de derrotar la tenaza que quería convertir las expectativas e ilusiones por la ruptura democrática en resignación o frustración. La maniobra de bloqueo, dispersión y marginalización -encierro en la esquina izquierda del tablero- fue particularmente dura tras las elecciones catalanas del 27 de septiembre y buscaban torcer el rumbo estratégico fijado por Podemos que, se decía, había caducado o se había visto ya superado. Pero las hipótesis no se validan de semana en semana. Realizado un análisis y establecidas las líneas estratégicas, la templanza, la conducción y la mirada larga son fundamentales para la dirección política. Otra lección para llevar en la libreta de notas. Efectivamente, seguía y sigue habiendo condiciones para un discurso que articule transversalmente demandas frustradas de muy diversa índole -territoriales, democráticas, sociales, morales- en torno a referentes de alto poder simbólico y un horizonte de refundación como país, democratización y redistribución de la riqueza.Y la virtud de ese discurso es tanto ser capaz de fijar los términos de la disputa para los otros como navegar entre el sentido común de época y sus posibilidades de expansión progresista.
• Cuando desde Podemos se insiste en que “las campañas nos sientan bien” no es por ninguna reivindicación de expertise, sino porque en las campañas se despliega un tipo de energía difícilmente igualable por las consultoras, empresas de marketing o aparatos en los que los partidos políticos tradicionales o auxiliares delegan sus campañas. Podemos hace campaña sin pedirle un euro a los bancos, con menos recursos que cualquiera de sus contendientes, pero es capaz de poner en juego una pasión colectiva que no se diseña ni se copia. Claro que se genera en el discurso, pero no en el marketing: no es un compendio de frases y colores afortunados, sino la generación de un sentido de pertenencia y de trascendencia que produce una ilusión plebeya, de la gente común, de tomar partido en un momento decisivo y por algo sustancialmente diferente que una competición entre élites: por la reconquista de las instituciones y la recuperación de la soberanía popular. Es obvio que esta es una motivación que predispone a una entrega poco igualable con la que despierta la rutinaria alternancia entre partidos. Por eso Podemos tiene un patrimonio que otros actores no tienen: militancia y épica, que se traducen en infinitas iniciativas no planificadas y gestos para acercar el mensaje de podemos a los barrios, comidas familiares, universidades, bares o centros de trabajo. Esto no se diseña, se desata. Podemos ha puesto desde sus comienzos mucha atención en la generación de referentes, hitos, símbolos y palabras que funcionen como catalizadores de una nueva identidad política popular -baste recordar la Marcha del Cambio del 31 de enero de 2014, la “remontada” o los dedos en V de victoria.
• La campaña tuvo un diseño coherente, que fue capaz de aterrizar la épica colectiva en épica individual e interpelaciones cotidianas, que conectó con gran parte de las aspiraciones de redistribución de la riqueza, cambio del modelo productivo con sostenibilidad, separación de poderes, garantías contra la corrupción y democratización de un sistema político cada vez más oligarquizado. En los debates es donde más se vio la solidez de las propuestas y el potencial de las invitaciones y mano tendida a una amplia mayoría social damnificada por el maltrato de los privilegiados. Un año mediáticamente nada sencillo ha constituido un magnifico entrenamiento para Pablo y el resto de los portavoces. Podemos enfocó las elecciones generales como aquellas que hacían de gozne entre el acuerdo roto por los de arriba y el nuevo acuerdo de país, adelantando cinco garantías para que este fuese justo, fraternal y respetuoso, sostenible y democrático.
La puesta en escena ha sabido combinar los grandes eventos y su energía vibrante -con el récord de gente convocada- con los actos pequeños, de tono más cercano, relajado y pedagógico, así como con la disputa en los medios de comunicación, las redes sociales y la propaganda. Un año y medio de campañas sucesivas fueron perfeccionando la máquina de guerra electoral, que ha ido construyendo discurso e identidad de la única forma posible: en el estudio, en la discusión y en el territorio, en la disputa cotidiana por el sentido, compuesta y reforzada por un sistema nervioso irrigado por barrios y pueblos, de militantes y cuadros recuperados del ciclo de movilización antifranquista -alguien debería escribir sobre el peso y la sabiduría aportada por los militantes antifranquistas, con generosidad, en los círculos de Podemos-, del ciclo de protesta abierto con el 15M o incorporados por primera vez a la actividad política. Este despliegue de compromiso y talento se ha forjado en dos años intensos y acelerados de competiciones electorales pero constituye un patrimonio que va mucho más allá de lo electoral y cuya importancia es central para la construcción de movimiento popular y una cultura nueva.
Sí faltaron, sin embargo, atenciones específicas a los sectores más retardatarios o menos permeables por el cambio. También capacidad de planificación -con una organización aún en construcción- para una mejor coordinación y distribución de los mensajes, y sobre todo para haber anticipado la campaña y ganado esos días tan preciados en una recta final claramente al alza.
Traduciendo y fortaleciendo la hipótesis nacional-popular: la inclusión de lo ciudadano y lo plurinacional.
Como se explicaba en otro artículo , Podemos llegaba a las elecciones habiendo hecho una adaptación y refinamiento de la hipótesis nacional-popular que está en el corazón de su nacimiento como fuerza política. Según ésta, la crisis orgánica y la ofensiva oligárquica habían abierto una brecha entre el “país real” y el “país oficial”, que el 15M nombró, evidenció y amplió. El descontento y la desconfianza generalizados y transversales pero desanclados -que no encontraban cauce o contención en las identidades disponibles- posibilitaban una identidad política nueva: un espacio para un discurso patriótico de nuevo tipo, refundacionalista, que identificase los intereses nacionales con los de las mayorías golpeadas y maltratadas en los años del ajuste y la regresión democratica: la “gente” o un pueblo ya escasamente representado por un sistema político que da muestras de agotamiento. Esta es una narrativa política habitual en momentos de transición y constituyentes, además de la que históricamente más ha construido hegemonía para los sectores humildes de la sociedad, convirtiéndolos en portadores de la voluntad general. Aún así, en España recibió críticas que, significativamente, le acusaban de etiquetas ideológicas opuestas y, finalmente, del tan socorrido “populismo”, tanto más presente en boca de las élites -como fantasma- cuanto ausente el pueblo mismo de la política institucional.
Lo cierto es que esta hipótesis nacional-popular, capaz de fundar una identificación política que ha obligado a reposicionarse a todo el resto de actores en el mapa y de romper los equilibrios y la gobernabilidad de las élites, requería de dos matizaciones de calado, dos traducciones a su contexto geográfico e histórico. España es un país plurinacional y en el que la institución exitosa y los procesos de modernización han generado una composición social individualizada en la que la relación con lo público se establece a menudo más como “ciudadano” que como “pueblo”. La hipótesis nacional-popular, así, se ha enriquecido, diversificado y reforzado con lo plurinacional y lo ciudadano, ganando en capacidad de articular sectores culturalmente diversos.
Con respecto a esta vertiente ciudadana o “cívica” nos referimos a tres elementos, fundamentales para construir un nuevo bloque histórico en el que los sectores autopercibidos como “medios” juegan un papel decisivo como argamasa cultural y de opinión pública y modelos de conducta:
I) La inclusión de perfiles independientes y de bagaje profesional que contribuían a generar certidumbre en el electorado de sectores medios simpatizantes pero aún no decidido por el cambio, y a poner la meritocracia del lado del cambio -algo que sólo sucede en momentos de agotamiento del orden existente.
II) La postulación de un enfoque republicano que reivindica la necesaria recuperación de la soberanía popular para proteger las instituciones y rehacer un acuerdo social de convivencia roto por los privilegiados -este leitmotiv de que “el pacto lo han roto los de arriba” conecta con una indignación difusa y hace difícil a los sectores oligárquicos la acusación de “antisistema”. Pone del lado de los partidarios del cambio, y esto es crucial, las expectativas frustradas y las aspiraciones de ascenso social. En la medida en que su bloqueo erosionó la lealtad de los sectores medios a la minoría privilegiada, es crucial entender que el horizonte de emancipación no puede sólo interpelar a la gente por la situación de la que quiere salir sino también por aquello a lo que aspira.
III) Una comunicación que, en las metáforas y las interpelaciones pero también en la estética y los actos, enfatiza una épica cotidiana e individualizada junto a la ya más habitual en Podemos épica de masas: un estilo más cercano, pedagógico y feminizado.
El segundo elemento, de mucho más recorrido, es una vieja preocupación intelectual y política de Podemos: cómo conjugar una construcción política nacional-popular con la radicalidad democrática y el reconocimiento de la plurinacionalidad.
Decía José Martí: “Quien tenga patria que la honre y, quien no, que la conquiste”. Las posibilidades de hacer de las razones de los de abajo el interés general de un nuevo país se veían, en España, lastradas por el bloqueo de la identidad nacional española para proyectos progresistas, hegemonizada y cautivada por los sectores más reaccionarios que se alimentan de la confrontación con las naciones periféricas. Al contrario de lo que se suele pensar, la problemática nacional en el Estado español no es la catalana o vasca sino, principalmente, la española. Al respecto, Podemos está logrando un encaje inédito: es al mismo tiempo la fuerza que más abiertamente reivindica un patriotismo español identificado con las condiciones de vida de la gente, con la defensa del pueblo olvidado por los de arriba, y la fuerza estatal de relevancia más firmemente defensora y comprometida con la plurinacionalidad –dado que en España convivimos diferentes naciones- y el derecho a decidir como pegamento para decidir qué encaje para un futuro compartido entre ellas. Ante el choque de trenes del unilateralismo y el inmovilismo, esta aparece como la única receta sensata en el actual escenario político, la única llamada a reconstruir entendimiento y, además, a multiplicar fuerzas por el cambio político y la transformación constitucional desde la igualdad y el respeto a la diferencia.
La plurinacionalidad forma parte del ADN político de Podemos desde la asamblea fundacional de Vistalegre en otoño de 2014, y en consecuencia de sus formas de funcionamiento y su discurso. Pero no la plurinacionalidad entendida como acuerdos coyunturales o, en el otro extremo, como veneración de otras fuerzas nacional-populares periféricas abandonando la construcción nacional democrática pendiente en España. Es un proyecto de futuro de largo recorrido que, en rigor, deberían haber emprendido unas elites más responsables.
En términos político-electorales más inmediatos, en todo caso, y como se ha analizado arriba, la plurinacionalidad ha demostrado ser una apuesta ganadora: Una alianza fraternal y en pie de igualdad entre una fuerza nacional-popular española -ingrediente que ha faltado en otros intentos- y fuerzas nacionales o soberanistas en las periferias. Este sí era el pacto con capacidad de multiplicar y no el -tan querido por el régimen- “frente de izquierdas”: este apunta a un proyecto de país, no de una parte. Hemos demostrado que la fraternidad multiplica y puede construir una candidatura ganadora en Madrid, en Las Palmas de Gran Canaria, en Valencia, en Barcelona o en Donosti. En la práctica esta alianza plurinacional prefigura una forma confederal de organización de las fuerzas progresistas, que puede anticipar formas flexibles de construcción de la nueva arquitectura territorial para el Estado plurinacional.
Es cierto que cabalgar la cuestión territorial o plurinacional produce tensiones y exige combinar la disputa mediática inmediata con la necesaria pedagogía cultural de más largo recorrido, en territorios donde el sentido común sobre el tema está muy distante. Es cierto que toda postura valiente tiene costes y necesita coordinación y flexibilidad. Pero no es menos cierto que la cuestión territorial -en rigor: nacional- no va a desaparecer por dejar de mirarla o por trazar simplistas divisiones entre las cuestiones “sociales” y las “nacionales”: no hay nada más social que la definición y construcción del país en el que se vive, las emociones que moviliza y el horizonte hacia el que camina. Para los sectores subalternos, hacerse portadores de un proyecto de país es un peso fundamental para conquistar la hegemonía.
Escenario que se dibuja tras el 20D y tareas:
El escenario salido del 20-D es el de un complejo impasse, en el que el tiempo es quizás la variable que más puede decidir hacia donde se decantan los equilibrios inestables que hoy mantienen el, en palabras de Gramsci, “cerco mutuo” entre fuerzas del cambio y fuerzas inmovilistas.
El 20 de diciembre confirmó tanto el empuje de una voluntad popular creciente de cambio como su aún insuficiencia para precipitar cambios constituyentes y la capacidad de las fuerzas del sistema político viejo para bloquear o retrasar algunas de las transformaciones -de reversión de los recortes, cambio de modelo productivo, protección social a los más golpeados o garantías contra la corrupción- más sentidas como necesarias por una mayoría transversal en nuestro país. La autoregeneración de las élites viejas aparece dificultada por las estructuras de sus partidos y conglomerados mediático-empresariales; la tutela de los sectores oligárquicos sigue siendo decisiva y las perspectivas económicas y del ajuste sobre un país ya muy desigual y empobrecido no parecen en absoluto alentadoras pese al maquillaje del Gobierno del PP antes de las elecciones. Por eso podemos afirmar que la disyuntiva está entre abrir ya un tiempo de nueva transición que reconstruya, con amplios acuerdos, el pacto social, económico, político y territorial de convivencia roto en la última década por los poderes dominantes; o bien distintos pactos y arreglos de gobierno que piloten el lento declive del sistema de 1978 intentando ganar tiempo para las propias máquinas clientelares de los partidos y para ganar ventaja de cara a próximas contiendas. Nadie duda ya de que hemos entrado en una nueva etapa y que viene otra cosa: la cuestión es si avanzaremos y ganaremos tiempo con políticas de largo recorrido y giro social, económico y democrático de 180 grados, o prolongaremos, con arreglos variables entre partidos, una inercia que aplace las transformaciones ya imprescindibles, prolongando de forma innecesaria el dolor social de la política de recortes y entreguismo a la Troika.
Ya sabemos que no habrá restauración normal. Ahora les corresponde a los aún primer y segundo partido intentar formar gobierno, aún inestable o en minoría. Mientras tanto, la principal tarea de Podemos es garantizar que las cuestiones de sentido común que ayer estaban fuera de las instituciones se abran paso avanzando lo que va a ser, más temprano que tarde, un nuevo acuerdo de país. En materia de regeneración democrática: virtud en la representación pública, separación efectiva de poderes y reforma de la justicia, garantías contra la corrupción y sobre la financiación de partidos políticos y puertas giratorias; en materia de rescate social y recuperación de derechos lesionados: Ley 25 contra los desahucios y cortes de luz y gas a hogares sin recursos, reversión de recortes y privatizaciones, modificación del infame artículo 135 de la Constitución española que prioriza los intereses de la deuda, garantía habitacional para víctimas de violencia machista, permisos iguales e intransferibles para madres y padres, blindaje de un suelo social de gasto para las administraciones autonómicas y estatales, derogación de las reformas laborales del PP y el PSOE, políticas económicas expansivas y de apuesta por las energías renovables y la eficiencia energética; plurinacionalidad: nuevo acuerdo, reconocimientos nacionales y consulta en Catalunya; y democratización del sistema político: derogación de la ley mordaza, reforma del sistema electoral y garantías para la transparencia en los partidos políticos.
Este es el programa de transición votado por más de 5 millones de ciudadanos y, además, el único que ofrece un largo recorrido de democratización y reconstrucción de país. A él están supeditados todos los posibles acuerdos. El problema democrático en España no vino por falta de diálogo, pacto o alternancia entre los partidos, sino por la ceguera de los partidos tradicionales a las necesidades de la población y su falta en defender con más intransigencia las instituciones de su captura por parte de las tramas mafiosas. Podemos ha de ser garantía de que estas cuestiones sigan abiertas, en la conciencia de que el 20D abre un ciclo de transición que habrá que saber conducir para desbordar los intentos de bloqueo o de salida cosmética por parte de las élites viejas.
El acuerdo de investidura de Junts Pel Sí y la CUP, que conforma un Govern de la Generalitat sujeto por el pegamento de la promesa de “desconexión” con respecto al Estado español tiene profundos efectos en la gobernabilidad y la inestable correlación de fuerzas en España. Además, evita las nuevas elecciones catalanas de incierto resultado, rescata a CDC con un papel rector pese a la baja simbólica -que no retirada- de Mas. Como externalidad no buscada, incrementa las presiones sobre el PSOE para que facilite con su abstención un Gobierno del PP, en lo que de facto sería un acuerdo de gran coalición con la excusa ya clásica de hacer frente al “desafío secesionista”. Un atrincheramiento en el Palau de la Generalitat que favorecería otro en la Moncloa, ambos significando un paso atrás con respecto a los resultados del 20 de diciembre y su potencialidad demostrada de multiplicación de las fuerzas de cambio democrático gracias a la plurinacionalidad y la fraternidad en pie de igualdad. Por ahí no hay desbloqueo, sino más bien retraso -pero no detención- , de las posibilidades de nuevo encaje territorial, de construcción de soberanía popular y justicia social.
En todo caso, Podemos debe saber gestionar el impasse y navegar los equilibrios inestables de días resbaladizos, en los que es crucial cómo se distribuye la presión y la iniciativa.
Por el camino, Podemos debe fortalecer su crédito y experiencia a través del trabajo parlamentario, como hace ya en ayuntamientos y asambleas autonómicas, y saber adaptarse, como siempre en estos dos años, a tiempos que de momento marca parcialmente el adversario. En Vistalegre nos fijamos una “guerra relámpago” electoral, que nos ha permitido llegar más lejos que ninguna opción transformadora en los últimos años. Tanto como para mantener la ventana de oportunidad abierta, si bien modificada en sus plazos y fisonomía. Nuestros adversarios reaccionaron una vez pero han sido más lentos en reaccionar en el último mes, y gracias a la precisión y audacia de nuestra modesta “máquina electoral” hemos entrado hasta la cocina del sistema político español. Esas posiciones conquistadas deben ahora reforzarse expandiendo las raíces en el territorio y multiplicando la formación política y técnica. El largo proyecto de construir una Patria plurinacional, popular y democrática, que no deje a nadie atrás. No será fácil hacerlo en un calendario que, de nuevo, se antoja endiablado y atravesado por comicios que debemos ganar. Pero nunca ha sido fácil. Y sin embargo se va pudiendo.

Turismo MICE en Alicante

En esta ocasión el tema tratado es el “Turismo MICE en Alicante”, en el que el profesor Gascó analiza la situación de una línea específica de turismo, el turismo de congresos y eventos en general, en el que nuestra provincia no tiene la cuota que por calidad, infraestructuras y conocimiento, le corresponde.

No es un turismo menor, tanto por su capacidad para desestacionalizar la demanda, aún muy concentrada en nuestra zona en la época estival, como por la elevada capacidad de gasto de estos turistas y su posibilidad de actuar como prescriptor de turismo familiar posterior entre los participantes en estos eventos.

La propuesta del director del IUIT es la de coordinar los esfuerzos de las diferentes administraciones y empresas de la provincia para hacer más eficientes las inversiones tendentes a promover este tipo de turismo en crecimiento con la mejora de las perspectivas empresariales, verdaderamente importante para Alicante.

Hoy quiero hacer una breve reflexión en torno a otro factor fundamental. Me refiero al que se conoce como Turismo MICE (acrónimo del inglés Meetings,Incentives, Conventions and Exhibitions) o, lo que es lo mismo, turismo asociado a reuniones, congresos, convenciones, ferias y otros eventos corporativos, muy concentrado en los meses de otoño y primavera y, por tanto, con un impacto fuerte en la desestacionalización de la demanda, todavía muy concentrada en nuestra zona principalmente en verano.

El Auditorio de la Diputación de Alicante es escenario de eventos corporativosEl Auditorio de la Diputación de Alicante es escenario de eventos corporativos – JUAN CARLOS SOLER

Un turismo, en general, con elevada capacidad de gasto, lo que trasciende a todo el destino y no solo a las empresas directamente implicadas en la organización del evento. Además de su carácter prescriptor para posteriores visitas de vacaciones por los asistentes a las reuniones.

Y es un turismo en claro crecimiento a nivel mundial, como acredita el reciente estudio Global Meetings Forescast 2016 de American Express Meetings & Events, un informe que señala que los eventos dirigidos a potenciar el compromiso compartido entre los empleados y la empresa se potenciarán en este año 2016 como consecuencia del reconocimiento progresivo de su valor estratégico como lugar de encuentro, diálogo y refuerzo de objetivos comunes entre todos los participantes.

Desde mi punto de vista, esta es una de nuestras asignaturas no suficientemente bien resueltas, con una participación de la provincia de Alicante que no se corresponde con nuestra cuota turística ni con la excelente calidad de nuestros recursos.

Y no se trata tanto de compartir la elevada cuota de mercado que tieneValencia en MICE dentro de la Comunidad (concentra el 70% de las reuniones organizadas, con el 76% de los asistentes, frente a un 28% de la provincia de Alicante), como de elevar nuestra participación en el turismo de eventos a nivel global, para lo que tenemos el «know how» y unas extraordinarias infraestructuras.

Integrar o coordinar las actividades en MICE de los organismos que pretenden elevar nuestra posición como el Patronato Provincial de Turismo, Alicante Convention Bureau, VisitElche, OrihuelaTurística o VisitBenidorm, mejorar la comunicación y aumentar su trascendencia en eventos orientados al segmento, debería convertirse en una prioridad.

José Luis Gascó es Catedrático de Organización de Empresas y Director del IUIT

La economía mejora con el Gobierno del Partido Popular

Agustín Almodóbar Barceló.- El número de desempleados disminuyó en 354.203 personas en 2015, el mayor descenso anual de la historia. La Seguridad Social registra en diciembre 85.314 afiliados más, el mayor incremento de la serie histórica. Ya hay menos personas en el paro y más en la Seguridad Social que cuando el Partido Popular llegó al Gobierno hace 4 años.

Las tasas aeroportuarias caerán un 1,9% a partir de marzo de 2016 y se congelarán en el periodo 2017-2021, algo que potenciará la llegada de más vuelos y el establecimiento de nuevas conexiones. Las ventas de coches crecieron un 20,9% en 2015 en España, el mejor dato desde hace 6 años y el mayor crecimiento entre los países europeos importantes.

Que todo esto siga así, es lo que está en juego, necesitamos que haya estabilidad política en España, un gobierno serio y responsable y que los esfuerzos de estos años no se vayan al garete.

La izquierda en la que yo creo

Alberto Garzón.- Hace siete años emergió una grave crisis financiera internacional que asustó de forma notable a las clases dirigentes de todo el mundo. Pensaban que la más grave crisis desde la Gran Depresión podría significar el fortalecimiento político de la izquierda en todo el mundo; sabían, de hecho, que las políticas necesarias para detener la hemorragia –el rescate del sistema financiero y los recortes para la mayoría- iban a ser fuertemente contestadas por la izquierda. Incluso Sarkozy habló de “refundar el capitalismo”, poniendo así la venda antes que la herida. Era 2008.

Pero lo cierto es que fue la derecha la que tomó la iniciativa. La crisis pareció pillar desprevenida a una izquierda que en gran medida había interiorizado el fin de la historia y que había asumido amplios postulados del sentido común neoliberal. Por lo general, la izquierda se limitó a pedir una vuelta a la época dorada del capitalismo. Es decir, un poco más de la vieja receta socialdemócrata. Con la izquierda noqueada, la derecha se dedicó a rescatar a las grandes empresas y las grandes fortunas, a inyectar billones de euros y dólares al sistema financiero, y a recortar en las conquistas sociales y económicas de todo el mundo desarrollado.

En nuestro país, las movilizaciones sociales se desataron muy especialmente a partir de 2010 cuando el Gobierno del PSOE se puso en manos de la troika. Los planes de ajuste, eufemismo que esconde un proceso constituyente dirigido por la oligarquía, habían llegado a España y suponían de facto un cambio en el orden social. Eso generó respuestas populares. A las huelgas generales convocadas por los sindicatos siguieron el 15-M, las marchas por la dignidad, las acciones de protesta del SAT, las mareas de los diferentes colores, el movimiento Rodea el Congreso, las acciones para detener desahucios… Hasta 2013 la política en la calle reclamaba un país distinto al que parecía cristalizar en las instituciones políticas. La crisis económica se había convertido en crisis de régimen, y ya ninguna institución se salvaba de la crítica de unas clases populares cada vez más politizadas y que parecían despertar del largo letargo en el que habían estado durante la burbuja inmobiliaria.

Las clases dirigentes en España también reaccionaron. Trataron de redirigir la crítica únicamente hacia las instituciones políticas y los casos de corrupción; obviando, intencionadamente, el componente sistémico y económico de la crisis. En el fondo consiguieron dar la vuelta a una de las grandes hazañas del 15-M, que fue poner la crisis económica y sus actores al mismo nivel que la crisis política (no somos mercancía en manos de políticos y banqueros, decíamos). A partir de 2013 cada vez se hablaba menos de paro y desigualdad y cada vez se hablaba más de corrupción y de Bárcenas. Así, lo que en 2011 fue identificado acertadamente como una crisis sistémica, con sus banqueros estafadores y empresarios corruptores, se fue convirtiendo, poco a poco, en una crisis de salud política, es decir, de simples mangantes y manzanas podridas en los partidos. La enmienda a la totalidad que hicimos en el 15-M se reconvirtió en pocos años en una suave e inocua llamada a laregeneración democrática que, en lo esencial, consistía en un mero recambio de actores.

Tras cuatro años de una durísima legislatura con Gobierno del PP en mayoría absoluta, toca hacer balance. Y, tras comprobar que el mismo partido que ha saqueado nuestro país como representante de la oligarquía, conviene también ser capaces de repensar la izquierda. ¿Qué sino deberíamos hacer cuando tras años de movilización popular y repolitización de la sociedad el ganador de unas elecciones ha sido el partido responsable de la pérdida de calidad de vida, y de la vida misma, de las clases populares?

En estos días muchas voces hablan de cambio. Es normal, porque todo cambia siempre. La cuestión es saber qué es lo que cambia y hacia dónde lo hace. Y lo cierto es que, sin desmerecer elementos positivos, el PP ha ganado las elecciones y el bipartidismo ha obtenido mayoría absoluta en escaños. Cambios cuantitativos, sí; cambios cualitativos, lo dudo. Y en este nuevo contexto tenemos una importante tarea que realizar: ser capaces de fortalecer un instrumento de izquierdas al servicio de las clases populares. A estos efectos quisiera aportar algunas ideas de cómo me imagino yo esa izquierda, de cómo imagino ese instrumento.

Nosotros hemos vivido una campaña muy hermosa y que era al mismo tiempo muy complicada. Excluidos de los grandes debates e invisibilizados en gran medida, hemos conseguido ganar la confianza de casi un millón de votantes. Aunque con resultados malos en escaños, la experiencia ha sido fantástica para comprobar cómo un proceso participativo real y que sumaba múltiples diversidades podía hacer frente a tamañas adversidades. Un millón de votos, miles de militantes y simpatizantes y extraordinarios cuadros políticos son mimbres más que suficientes para ir a un proceso ilusionante y de esperanza.

En este proceso, que se llevará a cabo este año, un debate colectivo, participativo y sin miedo puede ser el inicio de algo mucho más grande para el futuro. No sólo para fortalecer un instrumento anticapitalista, feminista y ecologista sino sobre todo para sentar las bases de un nuevo país. En ese sentido, imagino un instrumento:

  1. Que recoja lo mejor del movimiento obrero y lo mejor de la democracia radical que se ha expresado en los movimientos sociales durante los últimos años. Eso supone aceptar la rica convivencia entre las experiencias más obreristas –centradas en el conflicto capital-trabajo- y las experiencias democratizadoras más transversales de la sociedad.
  1. Que sirva para poner en marcha un proceso constituyente rupturista que nos permita construir un nuevo país plural y democrático en el que se preserven todas las conquistas sociales y se amplíen los derechos sociales y democráticos, tanto en el ámbito económico como en el ámbito civil.
  1. Un instrumento radical, en su sentido más etimológico: que va a la raíz de los problemas. Así, pienso en un instrumento que interpele sobre economía, feminismo y ecología política desde una conciencia claramente anticapitalista.
  1. Con un enfoque teórico de Economía Política que piense en el medio y largo plazo, con las luces largas puestas, y no sólo en el corto plazo. Lo que está en crisis en nuestro país es el régimen de acumulación y el modelo de producción y consumo, y los parches actuales no son soluciones reales; la próxima crisis económica no puede pillar desprevenida a la izquierda.
  1. Un instrumento que sume en torno a un proyecto político, con su programa de transformación social, y no en torno a etiquetas preconcebidas o determinadas liturgias. De la misma forma que no nos preguntamos por la afiliación política cuando hemos defendido nuestros derechos en las mareas, pienso en la necesidad de sumar a toda la gente que comparte este proyecto político desde la pluralidad. La experiencia de Unidad Popular puede ser un ejemplo enriquecedor.
  1. Establecer un horizonte de unidad y cooperación entre fuerzas de la ruptura democrática, reconociendo en todo momento la autonomía y la identidad política de los diferentes actores en esa alianza. Admitir ese horizonte como el único posible para la transformación social de nuestro país.
  1. Poner en valor la palabra reconocimiento. Para reconocer otras identidades nacionales y para reconocer a otros actores políticos con los que poder colaborar y cooperar desde puntos en común; renunciando de ese modo a la uniformidad como estrategia política.
  1. Con una organización ágil y flexible, menos burocrática y más democrática. Que disponga de mecanismos efectivos de democracia radical en lo interno, como los revocatorios, para permitir desplegar sin distorsiones la voluntad de los militantes y simpatizantes. Abandonar la idea de un liderazgo individual fuerte y prácticamente omnipotente.
  1. Con una organización que despliegue su actividad tanto en la calle como en las instituciones, y que comprenda que la transformación social no es únicamente una cuestión de números en los parlamentos sino que conlleva un cambio material y cultural que se produce en los conflictos políticos no institucionalizados.
  1. Con una organización cuya cultura política ancle en los valores de la Ilustración, a fin de construir un verdadero Estado de Derecho que proteja y haga cumplir los derechos humanos. Huir de toda tentación de “manejar a las masas” a través de estrategias populistas que ponen la relación entre dirigentes y ciudadanos al mismo nivel que la que tiene un alfarero con el barro. No se trata de pastorear a las masas; en todo caso de empoderar a la gente a través de la participación y la formación política.
  1. Recuperar el papel clave y esencial de la formación intelectual, como medio de contrarrestar el pensamiento único y como única forma posible de alcanzar una hegemonía política en la sociedad.

Pienso en este 2016 como un año de oportunidad, y voy a dedicar todas mis energías como siempre hemos hecho. Porque venimos desde muy lejos, pero además queremos ir mucho más lejos.

¡Salud y República!

Alberto Garzón es el Coordinador General de Izquierda Unida

Pulsión de muerte en el Comité Federal del PSOE

José Antonio Pérez Tapias.- No sólo enrarecido, sino tenso, estaba el ambiente cuando arrancó el Comité Federal del Partido Socialista el pasado 28 de diciembre. Siendo esa la fecha, alguien podría haber aludido el Día de los Inocentes y hacer cualquier chiste fácil aludiendo a la leyenda del malvado Herodes y su escabechina entre las tiernas criaturas de Belén y su entorno. Pero no, nada de bromas. No estaba el horno para esos bollos. Por el contrario, apuntando desde sus minutos previos al fondo de la cuestión, una veterana socialista comentaba con voz susurrante que el partido parecía haber entrado en fase de autodestrucción. La dinámica de la reunión del máximo órgano entre congresos del PSOE vendría a confirmar su diagnóstico, más allá del comentario coloquial. A tan curtida militante sólo le faltó citar a Freud y a su teoría de la pulsión de muerte o «instinto de destrucción» para reforzar con argumento de autoridad lo que sus avezados ojos estaban vislumbrando.

El cónclave socialista se celebraba una semana después de las elecciones generales. Obligado era hacer balance de los resultados… Pero al respecto ya se había dicho mucho en días anteriores y, con fórmulas de síntesis, cuando no estereotipadas, la cuestión era abordada por los distintos intervinientes, empezando por Pedro Sánchez, el Secretario General. Las palabras que sobre ello se formulaban iban desde el reconocimiento de lo que suponía bajar a 90 diputados en el Congreso, como peor resultado electoral del PSOE en la historia reciente, hasta las que insistían en que podía haber sido peor, dada la presencia de nuevos partidos políticos concurrentes en las elecciones, y alguno disputando electorado directamente al PSOE, como Podemos. Mantenerse como segunda fuerza parlamentaria, tras un PP con 123 escaños, se apreciaba como satisfactorio en ese contexto. Algunas alusiones no faltaron a cómo no fue posible un mejor resultado, a la vista de lo que había significado una legislatura como la que quedó atrás, de corrupción sistémica, recortes inmisericordes y políticas autoritarias del Partido Popular en el gobierno. Con todo, aunque muchos lo pensaran, nadie echó directamente sobre las espaldas de Sánchez, como candidato a la presidencia del gobierno, la responsabilidad por los malos resultados. La cifra de 90 hacía valer su cuota parte en lo que se refiere a la magia de los números.

Sin embargo, aparcados los matices -nada desdeñables- en lo que explícitamente se expresó, todo apuntaba a que tras las comedidas palabras del análisis de los comicios presionaban las impacientes demandas de ajuste de cuentas después de unos resultados electorales que hacían saltar por los aires los frágiles equilibrios con que los que había venido funcionando el aparato socialista. En el debate afloraron de inmediato las diferencias entre federaciones fuertes del partido -Valencia, Castilla-La Mancha, Asturias, Aragón, Extremadura…-, cuyos llamados barones se posicionaban tras Susana Díaz, presidenta de la Junta andaluza, como gran baronesa, exigiendo la inmediata convocatoria del congreso ordinario, y federaciones menos numerosas en militancia -Castilla-León, Euskadi, Galicia o Baleares…- o el PSC, con toda su peculiaridad, que se inclinaban por aplazar el congreso para no solaparlo con el debate sobre investidura del presidente del gobierno, posibles alianzas, etc. Asunto aparentemente inocuo encerraba bajo su epidermis la delicada cuestión de la continuidad o no de Pedro Sánchez al frente del partido, por más que él hubiera anunciado su voluntad de presentarse de nuevo para la Secretaría General -y por ende para ser otra vez candidato a la presidencia del gobierno-. O precisamente por eso, por anunciarlo, toda la polémica se debía a un meneo nada suave de la silla del poder.

La espinosa cuestión del congreso a celebrar apenas se rozaba en la resolución política que al Comité se presentó para ser aprobada, recogiendo los acuerdos logrados en la víspera en tormentosa reunión entre el Secretario General y los susodichos barones, con baronesa al frente dirigiendo tan feudal cohorte. La resolución abordaba, como elementos nucleares, la reafirmación en la negativa a dar el sí a la investidura de Rajoy o cualquier otro candidato popular a la presidencia del gobierno, el compromiso de intentar desde el PSOE una mayoría parlamentaria para gobernar si el PP no lo conseguía y la consideración de que llegar a una repetición de las elecciones sería un fracaso a evitar a toda costa. Junto a eso, en cuanto a la política de alianzas, todo el empeño del escrito era fijar una línea roja intraspasable: nada de pactar con partidos que promovieran el romper España, que plantearan un referéndum en Cataluña o que, sencillamente, fueran independentistas. Todas estas cláusulas, a decir verdad, se hacían constar fundamentalmente en tácita referencia a Podemos y a su propuesta de referéndum para solventar la cuestión catalana. De suyo, el más citado a lo largo de la sesión, siendo personaje ausente, fue Pablo Iglesias como líder de Podemos, formación política a la que se tildó, como ha recogido la prensa, de «enemiga», «bolchevique», «comunista radical» y «stalinista», amén de «independentista». No se pretendía otra cosa con tales epítetos que bloquear el camino de la aproximación al imprescindible aliado para un pacto de izquierda. De ahí que el texto de la resolución albergara una seria contradicción: se señalaba el ir a elecciones anticipadas como fracaso del que huir, pero a la vez se condicionaba la posibilidad de un pacto de izquierda hasta el punto de imposibilitarlo, con lo cual, añadido eso al compromiso de rotunda negativa a un gobierno popular, no parece quedar otra salida que el adelanto electoral. Siempre que se resista, como es el compromiso asumido, a la tentación de la abstención para favorecer nuevo gobierno de Rajoy, pues presiones para ello no sólo las habrá, sino que ya las hay.

¿Qué decir de todo ello? Pues, sencillamente, que es un mal simulacro, lo cual era razón suficiente para que algunos votáramos «no» a la mencionada resolución, pues ésta no pasaba de representar un burdo juego de apariencias, en el que ni siquiera se sostenía el intento de generar una falsa ilusión de armonía en torno a unas propuestas supuestamente pactadas, dado que ni siquiera había realidad que pudiera esconder el artificio. Todo parecía reducirse a «paz por calendario», es decir, pacificación de relaciones si se aceptaba el calendario para el congreso. Mas el caso es que, sin acuerdo en torno al calendario, como se hacía evidente, no había paz que salvaguardar. Votar «no» a eso era lo menos ante un guión tan malo para un espectáculo tan deplorable.

Para colmo, y dando motivos para un mayor énfasis en el «no» a la resolución, el simulacro se presentaba cargado de disimulo y simulación. Si disimular -diciéndolo con Baudrillard- es «fingir no tener lo que se tiene», no faltaba el fingir que no se tenía voluntad de adelantarse a prescindir del actual Secretario General; y si entendemos el simular como «fingir tener lo que no se tiene», en este caso la simulación recaía sobre la ficción de una voluntad negociadora para alcanzar un pacto de izquierda, la cual realmente no existe. La doble premisa falaz consistente en decir que Podemos es partido que «rompe» España, y que el derecho a decidir, expresado en referéndum legal -que los socialistas catalanes llevaron en su programa no hace mucho y que no hay que identificar con
de autodeterminación-, es contra la convivencia democrática, ya suponen una anchurosa «línea roja» trazada como frontera para autobloquearse el paso por parte del mismo partido que quiere presentarse como rojo en el espectro de la izquierda.

Si una pulsión de muerte detectaba la mirada de una socialista con perspectiva histórica, no faltó el comentario en voz queda de un miembro de la misma Ejecutiva que no pudo reprimirse al decir que todo lo que ocurría tenía componentes de suicidio político. El caso es que al Secretario General se le exige que bloquee el pacto que para «salvarse» debería intentar -Podemos y otros partidos también han de flexibilizar sus posturas-, con lo cual se le condena a ir al fracaso de elecciones anticipadas, para las cuales se le pretende apear de la condición de candidato. Sólo faltó que le sirvieran la cicuta a la vista de todos.
¿Algo que añadir? Es tremenda ceguera la de un Partido Socialista instalado en la espera de los acontecimientos en vez de situarse en la esperanza -«esperanza militante»- de lo que puede conseguir con una acción política capaz de concitar adhesiones y entusiasmo porque cuenta con credibilidad.

José Antonio Pérez Tapias es el Lídez de Izquierda Socialista -corriente política del PSOE

Formación y personalización

Jose Luís Gascó.- Son muchos más los resortes que tenemos que manejar para tener éxito en turismo, pero por encima de otros factores quisiera destacar los dos que me parecen fundamentales desde dentro y hacia el exterior de las empresas.

Imagen de la playa de Levante de Benidorm, repleta de turistas

Evidentemente el éxito lo marca la fidelidad de los clientes en base a vivir experiencias únicas que les motivan a repetir con nosotros, con nuestra marca, a prescribirnos por encima de otros competidores y, a nivel agregado, de otros destinos.

En esa experiencia, la personalización del servicio juega el papel más importante: transmitir al cliente que su satisfacción es nuestro compromiso. Y disponer lo necesario para que ese compromiso sea una realidad que confirme nuestra actuación. En hostelería, en alojamiento, en ocio, en información, en solución de problemas que puedan ocurrir durante el transcurso de nuestra relación.

 Y desde dentro de la empresa, esa personalización debemos construirla principalmente sobre la profesionalidad de la plantilla, sobre un servicio excelente, lo que exige una elevada cualificación; empleados que sepan, quieran y tengan la oportunidad de hacer las cosas bien a la primera vez, cada vez. Con procesos internos normalizados e iniciativa, intuición y empatía al final de la cadena, en la relación con el cliente; transmitiendo la emoción de un servicio diferente y mejor. Eso no se improvisa, se prepara.

 

Lejos de lo que puede parecer por algunas prácticas erróneas, la formación es fundamental para mantener y potenciar nuestra imagen de marca turística, la imagen del destino y nuestra imagen como empresa.

Es cierto que la formación continua, la extensión de una cultura de empresa orientada a aquella personalización de las relaciones con el cliente, es más fácil con plantillas estables, lo que no siempre es posible en turismo. El recurso a empleo temporal es frecuente, fundamentalmente porque en gran medida son sectores en los que la estacionalidad tiene gran impacto.

Pero hasta donde fuera posible sustituir el trabajo eventual por empleados fijos discontinuos, estaríamos en mejores condiciones de consolidar plantillas cualificadas e inmersas en la cultura de servicio al cliente, que debe ser el primer rasgo diferencial de las empresas que quieran tener éxito a largo plazo, y esto es independiente del número de estrellas o de tenedores que tenga nuestro establecimiento. Para nuestro público tenemos que ser los mejores.

José Luis Gascó es Catedrático de Organización de Empresas y Director del IUIT -Instituto Universitario de Investigaciones Turísticas de la Universidad de Alicante

Ya hemos votado. ¿Y ahora qué?

Bernat Mira Tormo.- Algunos hemos ido a votar, para ver si los políticos, van solucionando los problemas de la gente que peor lo está pasando.

Y los de abajo, tenemos la obligación de expresar, tanto lo que nos gusta, como lo que no nos gusta. Y no debemos dejar de expresar nuestra opinión. Yo he votado al PSOE, y no estará de más que les recordemos, de vez en cuando, y no sólo a la hora de votar, para que les hemos votado.

¿Y qué es, lo que queremos sus votantes? Los votantes en su gran mayoría, queremos ver cómo se van poniendo las bases, para ir cambiando el actual sistema productivo y social. Para hacer un modelo de sociedad organizado de tal forma, en el que nadie pueda quedar excluido.

Y esto, ¿cómo se hace? Esta, es la prueba del algodón. Si cuando consiguen gobernar los partidos políticos que llamamos de izquierdas, la gente no percibe, que vive mejor, que tiene más seguridad en el trabajo, en la sanidad, en la enseñanza, más bienestar, más medios económicos, para poder ejercer su libertad, porque la libertad sin medios económicos no existe y es un cuento chino más. De poco nos habrá servido haber votado.

Sin embargo, creo que el cambio es posible, además de necesario. Si no lo creyera no habría ido a votar. Sé, que no va a ser fácil. Y que hay muchas cosas que se tienen que cambiar, los partidos deben abrirse a la sociedad, y ser permeables a lo que piensan los ciudadanos. Sin listas abiertas y sin primarias, un partido político se convierte en un coto cerrado de acumulación de poder. Y por muy buena voluntad que tengan sus dirigentes, esta acumulación de poder, va en contra de la democracia interna del partido, pero sobre todo, contra la transparencia, la eficacia y la democracia, del país.

Es necesario un equilibrio compartido del poder democrático del partido, entre los dirigentes del mismo y sus bases. Y las listas abiertas para las elecciones, pueden contribuir en buena medida para le democratización real de la vida política de nuestro país.

Con detalle: Aprovechar la tecnología para mejorar negocios tradicionales no es solo lícito, es una obligación

Me es un placer compartir la opinión de un gran profesional, que fuera Profesor mío en la Escuela Universiaria de Relaciones Laborales de la Universidad de Alicante, como es Jose Luis Gascó. Que ha iniciado una nueva andadura, como es trasladar su labor docente y experiencia al mundo de la información.

Este es el título que identificará la sección quincenal en la que hoy comienzo a publicar en ABC y en la que quiero hablar de una de nuestras actividades básicas, más que un sector económico, el Turismo.

«Con detalle» porque en el contexto tan competitivo que tenemos en todos los sectores, y probablemente en el turismo como en ningún otro, el éxito está en los detalles, en las pequeñas cosas que muchas veces marcan la diferencia entre lo bueno y lo excelente. Y nuestra aspiración es la excelencia, la conformación de una experiencia turística segura a la vez que siempre sorprendente.

Benidorm, uno de los motores turísticos de la provincia de Alicante

«Con detalle», además, porque pese a las limitaciones objetivas de espacio que tiene una columna como ésta, intentaré dar las claves básicas de la que, en mi opinión, es la gestión correcta de cada uno de los procesos que aborde.

Y «con detalle», finalmente, porque intentaré no obviar ninguno de los problemas que afectan a los diferentes sectores que configuran nuestra actividad, abordándolos desde las propuestas de solución que deberíamos aportar para resolverlos.

Con detalle, de manera muy concisa, empiezo con una breve reflexión acerca del que se considera uno de los temas más novedosos: el que se ha llamadoturismo colaborativo o turismo p2p (persona a persona) y que no es más que el alquiler de siempre de casas (o habitaciones) entre particulares, construido sobre potentes plataformas informáticas que facilitan el intercambio, sin adquirir responsabilidad en una transacción por la que ingresan una comisión tanto del inquilino como del propietario del espacio arrendado, en un tipo de actividad en gran medida no regulada o no controlada correctamente, lo que incorpora riesgos para los turistas a la vez que competencia desleal para los establecimientos tradicionales –seguros, impuestos, plantillas, etc.-, así como riesgo reputacional para el destino.

Soy de la opinión de que no se pueden poner puertas al campo, y aprovechar la potencia de la tecnología para mejorar los negocios tradicionales no solo es lícito, sino incluso una obligación en los imprescindibles procesos de mejora continua a los que deben someterse todos los negocios y todas las actividades. No se pueden limitar las aportaciones de este tiempo nuevo, pero esas aportaciones tienen que someterse a las mismas condiciones de legalidad que soportan los participantes tradicionales en el sector. Otra cosa no es modernidad, es atajo injusto.

José Luis Gascó es Catedrático de Organización de Empresas y Director del IUIT (Instituto Universitario de Investigaciones Turísticas de la Universidad de Alicante)

El debate recrudece la batalla en la izquierda

José Morán.- La portada de «El Periódico» lo dice claro. Si hubo un verdadero ganador en el Debate a 4 ha sido el Gobierno del PP, que con su estrategia de comunicación y sus contactos en determinados medios, se han encargado de desactivar a los partidos progresistas. El Viejo «divide y vencerás».

A santo de qué, queridos amig@s, al minuto 2 de acabar el debate fuentes del gobierno estaban poniendo de manifiesto que el ganador fue Iglesias. ¿Ataque repentino de sinceridad ante uno de los líderes junto a Sánchez que más ha denostado y «atacado»?

No creo en las casualidades en política, y menos cuando nos jugamos tanto.

OPINIÓN.- ¿Por qué votar a Mariano Rajoy o no?

Manolo Mora.- Ahora que tanto está en el candelero la posición que ha tomado Mariano Rajoy, candidato a Presidente del Gobierno por el Partido Popular, ante la negativa de asistir a los debates a dar la cara y a explicar el «Programa» del PP, de la no política que han realizado durante estos 4 años que llevan gobernando, de sus ausencias, paridas y demás, me es un placer dar una opinión sobre razones para votar o no al Partido Popular.
                       
Razones para votar al Partido Popular:
1) Si quieres que te sigan subiendo los impuestos, pagar más por el IVA cultural, consumo, etc.: Vota al Partido Popular
2) Si quieres que sigan recortando en políticas sociales: no tengas asistencia sanitaria gratuita, recorten en becas, privatizen la educación, etc.: Vota al Partido Popular
3) Si quieres que España intervenga militarmente en Siria: Vota al Partido Popular
4) Si quieres tener recortados tus derechos sociales y laborales: te explote la empresa, te pague menos, etc.: Vota al Partido Popular
5) Si quieres seguir teniendo a Mariano Rajoy como presidente del gobierno: Vota al Partido Popular
Razones para no votar al Partido Popular:
1) Si quieres que te sigan subiendo los impuestos, pagar más por el IVA cultural, consumo, etc.: No votes  al Partido Popular
2) Si quieres que sigan recortando en políticas sociales: no tengas asistencia sanitaria gratuita, recorten en becas, privatizen la educación, etc.: No votoes al Partido Popular
3) Si quieres que España intervenga militarmente en Siria: No votes al Partido Popular
4) Si quieres tener recortados tus derechos sociales y laborales: te explote la empresa, te pague menos, etc.: No votoes al Partido Popular
5) Si quieres seguir teniendo a Mariano Rajoy como presidente del gobierno: No votes al Partido Popular